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El recurso olvidado

10-11-2006

Frente a los vetos presidenciales el Congreso cuenta con una herramienta: la insistencia parlamentaria. Sin embargo, desde la crisis de 2001 sólo se usó seis veces.

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La Constitución es sabia. En su redacción generó tres Poderes que gobernarían con independencia ente sí. Dos de ellos son el Legislativo, encargado de establecer las leyes, y el Ejecutivo, en la figura del Presidente de la Nación, quien es “el jefe de Gobierno y responsable político de la Administración general del país”, según expresa el inciso 1 del artículo 99 de la Carta Magna.

Sin embargo, pese a sus funciones diferentes, ambos Poderes se conectan en un punto. El Ejecutivo se encarga de reglamentar las leyes que el Congreso aprueba, y en caso de que no le guste lo que el Legislativo aprobó, el Presidente tiene un as bajo la manga: puede vetar total o parcialmente la ley en cuestión.

Pero si esto es así y el jefe de Estado tiene esta potestad, ¿dónde quedó el tan mentado equilibrio de Poderes? La Constitución contempla esta cuestión, aunque la realidad marca sus limitaciones. Frente a los vetos presidenciales, el Congreso tiene la facultad de la insistencia. ¿En qué consiste? El artículo 83 de la Constitución dice que si dos tercios de cada Cámara insisten sobre el proyecto original, éste debe ser promulgado automáticamente.

Es decir, que frente a la preeminencia presidencial y sus facultades de veto, el Congreso posee la insistencia, con lo cual el equilibrio se reestablece.

De Menem a K

Pero en la práctica, en los últimos diez años el Congreso sólo usó este recurso en 25 oportunidades. Es decir, en 25 leyes vetadas total o parcialmente ambas cámaras del Congreso lograron ponerse de acuerdo para ratificar su voluntad en contra de la decisión de veto del Poder Ejecutivo.

Además, la Cámara de Diputados logró insistir en siete oportunidades, sin que esa insistencia fuera tomada en consideración por el Senado. Por su parte, en estos diez años el Senado insistió por sí mismo en cuatro oportunidades, que luego no tuvo el mismo eco en la Cámara baja. Es decir que en total el recurso se uso 32 veces en Diputados y 29 en el Senado.

Si bien estos números no muestran grandes diferencias entre una Cámara y la otra, la leve tendencia a favor de Diputados tiene su explicación en que ésta ha sido siempre menos favorable a los gobiernos de turno, a excepción del mandato de Fernando de la Rúa. Esto explica por qué el pico de insistencias se dio durante la presidencia de Carlos Menem, cuando éste perdió en 1997 la mayoría en la Cámara baja.

Fuera de este juego de mayorías y minorías existen otras variables que explican la gran cantidad de insistencias que se dieron en ese tiempo, dado que no alcanza con los números de la oposición para enfrentar al Presidente en materia de insistencias.

En primer lugar, una vieja máxima de la política norteamericana advierte que el poder de un Presidente se comienza a diluir al día siguiente de su reelección, dado que -como no puede ser reelecto nuevamente- comienzan las internas en su partido para intentar sucederlo. Esto se vio permanentemente en la Argentina entre 1995 y 1999, cuando se exacerbó la pelea Menem-Duhalde. Por otra parte, los vaivenes económicos de una Argentina que entraba en la recesión, junto con legisladores justicialista que no estaban demasiado convencidos del modelo, también ayudaron a que se insistiera varias veces. Menem sufrió 15 de las 25 insistencias de los últimos diez años.

De la Rúa, por su parte, fue objeto de cuatro insistencias, aunque una de ellas fue realizada sobre un veto de Menem (a la ley del Régimen de Fomento para la Lucha Antigranizo, de la diputada frepasista María Cristina Zuccardi). También es sugestivo que las otras tres insistencias se hicieron luego que la Alianza perdiera las elecciones de 2001, lo cual marcaría el principio del fin de ese gobierno. Igualmente los temas en que se insistió no revistieron mayor importancia.

En su corto mandato, Eduardo Duhalde fue objeto también de cinco insistencias, en momentos en que el Congreso tenía un rol fundamental. En este caso, las decisiones sí se tomaron sobre temas importantes: el Fondo Especial del Tabaco, la Creación del Programa de Propiedad Participada de los ex agentes de YPF, la imposición de aranceles a la importación de azúcar y una modificación del Presupuesto, además de una expropiación menor.

Por último, Néstor Kirchner sólo sufrió una vez el uso de las insistencias, en una ley sobre pensiones para los familiares de ex combatientes de Malvinas, de autoría de José Antonio Romero Feris. A su vez, en Diputados se insistió en modificaciones a la ley de Régimen de Prestaciones Básicas para Discapacitados, de autoría del radical chaqueño Héctor Romero, pero no fueron tenidas en cuenta por el Senado.

Por partidos

Si se analiza el cuadro de insistencias en función de los bloques legislativos, se verá que la dinámica no obedece a un conflicto entre gobierno y oposición. De hecho de las 25 insistencias de estos diez años, 13 respondieron a proyectos de legisladores del PJ (19, tomando en cuenta aquellos que fueron ratificados sólo por una Cámara), 4 a legisladores radicales (7, en total) y tres a otras bancadas.

Además, cinco insistencias sufrieron proyectos que originalmente vinieron del Poder Ejecutivo pero que luego fueron vetados en parte por éste. ¿Por qué el Ejecutivo, veta sus propios proyectos? Sucede que en el trámite parlamentario se introducen modificaciones que éste no quiere aceptar. Pero luego en cinco oportunidades el Congreso insistió para que se ratifique su voluntad.

Por lo visto, el equilibrio de Poderes pensado por la Constitución -en la práctica- casi no se da y menos en estos tiempos de virtual hegemonía presidencial, en que pocos se animan a desafiar el poder de K. Tal vez haya que esperar -como sucedió con Menem- a que Kirchner sea reelecto, para que desde el día siguiente el Parlamento haga uso de sus facultades.

Mientras tanto, el Congreso sigue dormido frente a un Presidente que no ha dudado en usar las herramientas que le ofrece la Constitución: vetos, decretos de necesidad y urgencia y delegación de facultades. Todas situaciones que el Parlamento mira de costado.

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