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El 15 de junio de 2004, a pocos meses de haber asumido como legislador provincial la representación de mis vecinos, presenté ante la Cámara de Diputados un proyecto de ley proponiendo excluir a los legisladores provinciales, y excluirme, consecuentemente, de los regímenes previsionales de privilegio vigentes a esa fecha, estableciendo al efecto la obligación de que los diputados y senadores aporten 35 años para alcanzar una jubilación ordinaria a partir de los 60 años de edad, como cualquier otro bonaerense que aporte al Instituto de Previsión Social.
En ese momento lo hice movido por mis propias convicciones profundas y en el convencimiento de que ello nos daría la fuerza y la autoridad moral para impulsar otras muchas medidas indispensables para restañar el deteriorado vínculo entre la ciudadanía y la actividad política. Lo hice, también, alejado de especulaciones oportunistas y de clamores periodísticos que, muchas veces, hacen aparecer las peores mezquindades y los vedettismos tan frecuentes en la dirigencia.
El proyecto en cuestión, que corrió bajo número de expediente D 1268/04-05, mereció el tratamiento de la Comisión de Previsión y Seguridad Social, que el 25 de agosto de 2004 lo rechazó, y de la Comisión de Legislación General I, que también lo rechazó el 16 de setiembre de ese año. De ahí en más, la iniciativa fue enviada a la Comisión de Presupuesto e Impuestos que fue la encargada de “cajonearlo” definitivamente hasta que el 28 de febrero de 2006 perdiera estado legislativo.
No conforme con ello, al día siguiente, el 1º de marzo de 2006, volví a presentar el citado proyecto, esta vez bajo número de expediente 56/6-07, el que volvió a ser rechazado el 18 de abril siguiente por la Comisión de Previsión y Seguridad, presidida por el diputado Humberto Blas, del Frente para la Victoria, pasando luego a la Comisión de Presupuesto e Impuestos, presidida por el diputado Nicolás Dalesio, también del oficialista FpV, que se ha ocupado, nuevamente, de ponerlo en el freezer, al menos hasta el momento en que el tema de las jubilaciones de privilegio explotara, el jueves último, despertando el repudio y la indignación de la ciudadanía toda.
Como se ve, lejos de toda especulación oportunista y desconociendo por completo que, en tanto, algunos colegas no sólo eran reticentes a derogar sus propios privilegios sino que urdían planes para extender los mismos a los ex intendentes, desde mi lugar impulsé con coherencia y convicciones la derogación de los regímenes de privilegio. Por eso me llama la atención, en estos días, el apresuramiento y el ahogo que les agarró a algunos de mis colegas, que presentaron de apuro proyectos similares, y en conferencias de prensa con bombos, platillos e, incluso, con trombones traídos del Congreso Nacional, instando a perentorias y urgentes derogaciones; ¡como si recién se hubieran enterado de la vigencia de este régimen de privilegio!
Es de esperar que el ventarrón que -sin querer- dejaron ingresar quienes sancionaron el incalificable proyecto de Carlos Caterbetti, la semana pasada, además de generar los arrepentimientos y las rectificaciones de las que todos fuimos testigos, y que debemos tomar como sinceras y sentidas, dé lugar también a un sinceramiento del debate y a que, en poco tiempo, se produzca la consideración de nuestro proyecto de ley por parte de la Comisión de Presupuesto y de la Cámara toda, derogando definitivamente los injustos regímenes de privilegio vigentes.
* Luis Bruni es diputado provincial-Bloque UCR |