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La convocatoria en agosto del Congreso del PJ, con la excusa de que los convencionales refrenden la postulación de CFK, ya decidida unilateralmente por Néstor Kirchner, desempolvó una incipiente pelea dirigencial por la vigencia de una sigla: en este caso puntual la del Partido Justicialista.
La polémica entre quienes se consideran los hijos legítimos de la sigla alumbrada por el general Juan Domingo Perón, allá lejos y hace tiempo, es a partir de una premisa del kirchnerismo que ahora revaloriza la importancia de utilizar la sigla del PJ de cara a las urnas de octubre.
No es inocente la jugada: ya tienen resuelto hacer un giro de 180 grados en la campaña electoral. Como se informara con exclusividad en la edición anterior, paulatinamente van a dejar de lado las banderas de centroizquierda -para recuperar- aunque sea de manera parcial la mística peronista, con mayor razón en el interior del país, donde aún se mantiene firme la identidad partidaria.
Los estrategas K advirtieron que era un error obviar la histórica sigla, aunque es de recalcar que todos los distritos electorales son diferentes. No es lo mismo la vidriera de la Capital Federal que el interior del país. En ella no pesa las nuevas teorías en boga sobre la necesidad de construir fuerzas superadoras a las tradicionales, sino el peso de la burocracia estatal, encarnadas en la presencia de los caudillos regionales o en sus respectivos gobernadores.
El espejo que reactiva esas imágenes es San Luis, donde directamente se bajó el candidato a gobernador K, el senador nacional Daniel Pérsico, allanando de esa manera el camino para que la familia Rodríguez Saá siga al frente del Ejecutivo por un lapso más. En rigor, el próximo 10 de diciembre, cuando jure Alberto, va a soplar las velitas de la preciada torta del poder número 27, que es la cantidad de años que están desde el regreso de la democracia en 1983.
Claro que no en todas las provincias sucede la historia institucional protagonizada por la zaga de los Rodríguez Saá, pero merodean ese escenario.
Para tener en cuenta
Radiografiar el famoso mensaje de las urnas en las elecciones, en lo que va del año, se percibe con nitidez, donde la base de sustento de quienes cantaron victoria fue con las estructuras partidarias. La sigla que nutre con mayor fuerza en los municipios y en los líderes históricos de esas regiones.
Veamos: en Río Negro y Catamarca las urnas respaldaron a los candidatos a gobernador a Miguel Saiz y Eduardo Brizuela del Moral, los que para ampliar su oferta electoral alumbraron o ratificaron frentes electorales, que en rigor no funcionan horizontalmente, sino sobre la estrategia del principal soporte: en este caso la Unión Cívica Radical (UCR).
Por más que Saiz y Brizuela del Moral sean militantes activos de la Concertación Plural K son orgánicos de la UCR. Que se sepa, ninguno de ellos presentó su renuncia a la ficha de afiliación partidaria, que en el caso de Saiz data desde diciembre de 1983. En tanto, el ingeniero catamarqueño fue funcionario provincial durante la última dictadura militar, con filiación radical.
Mas allá de que fueron presentados como triunfos de los aliados al Gobierno, todos son conscientes de que la alianza con los K es meramente transitoria y obedece estrictamente a la chequera, léase: ATN, obras públicas y la Coparticipación Federal. Eso que llaman pragmatismo...
En Entre Ríos, el triunfo de la fuerza acunada por Jorge Busti es otro ejemplo palpable. La nominación de la fórmula elegida corrió por su cuenta, aunque desde la Casa Rosada se pretendió asumirla como suya... En este distrito las urnas fueron adversas para quienes se reivindicaban fieles soldados K. Más que obvio es afirmar que el triunfo de Jorge Busti estuvo basado en la sigla partidaria que forma parte del bagaje del gobernador desde hace años.
Desde el sur, detrás del triunfo de la diputada nacional Fabiana Ríos, está sin lugar a dudas el partido creado por Elisa Carrió: el ARI. Derrotó a los frentes impulsados por la versión local del FpV, más la UCR. Conclusión: otra sigla partidaria, en este caso de centroizquierda, con pocos años de vida, se alzó con la victoria.
Un inventario que nos lleva a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El PRO, también de escasa vida, es otro partido que sedujo a los porteños con su forma de hacer política, abriendo de esa manera el camino al éxito al ahora ex diputado nacional Mauricio Macri. Su asesor ecuatoriano, Jaime Durán Barba, fue más que explícito a la hora de revelar la estrategia: “Se necesita pensar la política como un paradigma innovador, pero siendo consciente de que es política y no marketing”.
En tanto, en Neuquén el Movimiento Popular Neuquino (MPN) reafirmó su vigencia, ungiendo al candidato a gobernador nominado por su líder, el mandatario Jorge Sobisch, el que igual que los Rodríguez Saá, está al frente del Ejecutivo desde diciembre de 1983.
Ahora el PJ
Esa es la frase de guerra que salió de los cuarteles de la campaña presidencial CFK, al anunciar el pedido de realización del Congreso del PJ, actualmente intervenido. Más de un dirigente consultado por Parlamentario admitió que lo ideal sería un congreso para hacer un llamado a internas abiertas y democráticas, como las realizadas por el PJ santafesino. Un objetivo imposible de llevar a la práctica y que seguramente generará un litigio en los tribunales sobre quién de los candidatos en danza llevará en su boleta electoral la sigla del PJ.
Además, todos ya vaticinan que va a devenir como en el 2003, donde Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem, cada uno por su lado, levantaron las banderas de fidelidad a la marcha peronista.
Entonces, lo que se conjetura en esos cuarteles es avanzar con la realización del Congreso a fines de agosto, ya que la cantidad de congresales afines al Gobierno y a los mandatarios provinciales aseguran una cantidad legal para habilitar la candidatura de CFK, y después aguantar la pelea judicial.
Claro que al margen de estas divisiones superestructurales, lo que nadie puede negar es que las tradicionales siglas como el PJ y la UCR tienen vigencia, más allá de que en el caso del centenario partido esté cruzado por una crisis que, por el momento, es imposible aventurar en qué terminará. Aunque para muchos es como el canto del cisne...
Un canto que fue anunciado en más de una oportunidad en tono a que el bipartidismo había llegado a su fin. Los intentos de las terceras fuerzas, desde el regreso de la democracia, quedaron a mitad de camino y las que sobrevivieron fueron cooptadas por el PJ durante las presidencias de Carlos Menem y Eduardo Duhalde: la UCR a través de la Alianza y ahora por el Frente para la Victoria, a través de la Concertación Plural, que en última instancia es nada más que es un mero frente electoral, por mas que lo pinte como el motor del cambio de lo que se viene.
La verdad es la única realidad, como dice una de las consignas que dejó acuñada el general Juan Perón. Nunca mejor empleada para este balance sobre la vigencia de los partidos políticos. |