Viernes

5

Septiembre

clima · tránsito · mercados

     

Sucesión conyugal

3-8-2007

Cristina Fernández ha definido varias veces su relación con Kirchner como “una sociedad conyugal”. Ahora la misma está a punto de pasar a otro nivel. Lanzada a la carrera presidencial, esta situación contrasta con la resistencia que siempre esbozó hacia los cargos ejecutivos.

Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Imprimir
Por José Angel Di Mauro

Cuando exactamente una década atrás la joven senadora santacruceña Cristina Fernández de Kirchner era expulsada del bloque oficialista, marcando un caso prácticamente sin antecedentes en esa materia, difícilmente debió haber pensado que hoy estaría en la situación que está. Ni ella, ni quienes decidieron adoptar esa medida, cansados de sus desplantes y actos de rebeldía, pero muy especialmente indignados porque la esposa de ese casi ignoto gobernador sureño se negaba a apoyar el texto de creación del Consejo de la Magistratura, con lo que le impedía a su bancada lograr el número necesario para insistir con la sanción original del proyecto.

Eran tiempos en que Carlos Menem y Eduardo Duhalde extendían al Senado su anticipada pulseada por la sucesión en 1999, y en la Cámara alta se pretendía dar una muestra contundente de que allí el poder menemista era aún real y concreto.

No por eso podría pensarse que la candidatura presidencial que hoy pone a la senadora Fernández de Kirchner a las puertas de convertirse en la primera mujer electa presidenta en la historia argentina sea un hecho fortuito, sino minuciosamente estudiado por quienes desde hace cuatro años conducen los destinos de esta Nación. Dicho esto último así, en plural, por cuanto cada decisión adoptada por los que en 1982 pusieron en marcha el proyecto kirchnerista es analizada, discutida y debatida por las únicas dos patas de ese poder.

En efecto, tan meticulosa fue la planificación de ese proyecto de poder que hasta la llegada al mismo tuvo puntualidad suiza, como los ancestros del Presidente. Da cuenta de ello el hoy diputado Dante Dovena, quien en una quinta de Ranelagh que el matrimonio Kirchner había alquilado allá por 1985 para pasar las vacaciones, escuchó entonces el cronograma del proyecto de boca del propio Néstor Kirchner, quien hablaba desde el llano -aún no era ni siquiera intendente-, con la siguiente planificación: “Vamos primero por la intendencia, después ganamos la gobernación y en 20 años estamos en la Nación”.

Por lo visto, los tiempos se le adelantaron dos años, aunque en realidad Kirchner pensaba que recién en 2007 podrían aspirar a la presidencia con reales posibilidades. El colapso del país y sobre todo de su clase política contribuyeron en adelantar los tiempos. En términos electorales, esa anticipación lleva precisamente un período, poniendo hoy a Cristina donde pensaban que iba a estar Néstor por estos días.

Ese razonamiento indicaría que siempre estuvo en esos planes la sucesión presidencial conyugal. Y teniendo en cuenta que nada dejan librado al azar -aunque en muchas cosas las resuelvan sobre la marcha, pero eso es en el día a día, no en términos especiales como los turnos presidenciales-, bien podría imaginarse que Cristina siempre tuvo la convicción de convertirse un día en presidenta.

Ella sin embargo jamás dio algún indicio en ese sentido, sino todo lo contrario.

Lo primero es la familia

Los analistas, y hasta la propia oposición, coinciden en interpretar que la decisión de Néstor Kirchner de no buscar su reelección es sabia, aunque el librepensador Jorge Asís advierte sobre lo poco caballeresco de dejarle tal papa caliente a la esposa, con tantas cosas que pueden llegar a estallar en los años venideros.

Pero la sucesión conyugal se inscribe dentro de la lógica kirchnerista y habla en sí de una desconfianza innata del actual Presidente, quien cada vez que debió alejarse de un poder -para hacerse cargo de otro, claro está- sólo apostó a parientes. Curioso en una provincia como Santa Cruz, donde precisamente la Constitución provincial establecía no sólo la no reelección, sino también la imposibilidad de que el gobernador fuera sucedido por un pariente, para evitar el nepotismo.

Ah, aclaremos que fue el propio Néstor Kirchner quien eliminó ambas cláusulas. En beneficio propio una, por si acaso la otra…

En 1989, en oportunidad de dejar la intendencia de Río Gallegos para convertirse en gobernador, Kirchner postuló para su sucesión a su tío político Manuel López Lestón, esposo de Josefa Edith Kirchner y madre de la hoy jueza santacruceña Valeria López Lestón. No le fue bien, pues el tío perdió a manos del hoy senador radical Alfredo Martínez.

Cuatro años más tarde, mientras iba por la reelección como gobernador, volvió a apostar por su apellido. Postuló para la intendencia riogalleguense a su hermana Alicia, quien también cayó ante Freddy Martínez.

Ya convertido en presidente de la Nación, Kirchner postuló en 2003 a Sergio Acevedo, cuando no eran pocos los que esperaban que fuera Cristina la candidata a gobernadora, lo cual fue desechado entonces de plano por la propia senadora. Pero la experiencia de tener un aliado en un lugar al que Kirchner considera propio no le resultó fructífera, pues el hombre de Pico Truncado terminó renunciando a los dos años de mandato y hoy está en la vereda de enfrente.

Así las cosas, no podrá culparse al Presidente por desconfiar de quienes no lleven su apellido, pues cada vez que eligió a “extra-familiares” le fue mal. En Capital Federal, sus delfines Rafael Bielsa y Daniel Filmus perdieron, y son los dos casos más patentes de candidatos propios kirchneristas que fracasan; podrá decirse que Daniel Scioli, candidato bonaerense surgido de los cabildeos entre el Presidente y Alberto Fernández, tiene un destino promisorio en el distrito más importante del país, pero más allá de sus pruebas de lealtad, lejos estamos de poder considerarlo un kirchnerista puro.

Bielsa, ahora en Santa Fe, figura lejos en las encuestas, el senador kirchnerisa Daniel Pérsico se bajó de la candidatura en San Luis y en el resto de las provincias los candidatos se reparten entre peronistas aliados y radicales cooptados. Hasta ahora no puede hablarse de un kirchnerista puro que le haya dado satisfacciones.

Salvo su esposa -picardías al margen-, quien es la única que siempre le ha rendido en cuanta elección participó. Y vaya si tuvo oportunidades para demostrarlo. En 1989 fue su debut electoral, cuando se convirtió en diputada provincial, banca en la que resultó reelecta en 1993, año en el que fue candidata doble, pues ese año su esposo necesitaba consolidar su poder político en la primera elección que enfrentaba como gobernador y la postuló también como candidata a diputada nacional. A esa elección concurrió primero y luego, como Kirchner la necesitaba todavía en Santa Cruz para manejar la Legislatura, renunció al escaño en el Congreso Nacional, al que recién accedió en 1995 como senadora, elegida por la Legislatura provincial, a la que debió renunciar.

Previamente, en 1994, para la Convencional Constituyente nacional la postulación fue doble y el matrimonio K encabezó la lista con la que obviamente arrasó.

En 1997, Cristina renunció a su banca de senadora para encabezar la nómina de candidatos a diputados nacionales, y en 2001, al concluir ese mandato, volvió a convertirse en senadora, en el marco de la primera elección directa que se hiciera de componentes de la Cámara alta, según estableció la Constitución reformada en el 94. En esa oportunidad, recogió el 61,85% de los votos, triplicando los de la Alianza y constituyendo el segundo porcentaje más alto de esa elección en el país.

Como se puede observar, el matrimonio Kirchner participó de todas las elecciones desde 1987, confiando sólo en sí mismos para alzarse con las victorias. Esto es, en 1987 Néstor gana la intendencia de Río Gallegos; en 1989, Cristina diputada provincial; en 1991, Kirchner es electo gobernador; en 1993, Cristina al frente de las boletas nacional y provincial; 1994, el matrimonio encabezando la lista para Constituyentes; 1995, Kirchner es reelecto gobernador; 1997, Cristina diputada nacional; 1999, Néstor gobernador; 2001, Cristina senadora nacional; 2003, Kirchner presidente; 2005, Cristina obtiene una resonante victoria en la provincia de Buenos Aires, donde es electa senadora nacional.

Como se ve, desde su debut electoral, Cristina Fernández se ha presentado en todas las elecciones que se le presentaron, manteniéndose invicta, como ella misma se encargó de refrescar recientemente.

Podrá decir Néstor Kirchner que la única persona que le asegura la victoria es su mujer. Deberá entenderse a través de este razonamiento porqué concluye el matrimonio presidencial que la mejor manera de extenderse en el poder es la sucesión entre sí mismos.

Cuestión de poder

Una conocida anécdota da cuenta de un motín policial en Santa Cruz en el 90, cuando el gobernador provincial Ricardo Del Val había sido depuesto ya por un juicio político fogoneado por la hoy primera dama, y Néstor Kirchner era intendente de Río Gallegos. En esa oportunidad, se sabe que el matrimonio se levantó presuroso para ir a la Casa de Gobierno provincial, tomada por los amotinados, pero Kirchner debió aguardar a que su esposa primero se terminara de pintar. De ahí la recordada frase “ni aunque vengan los marines, sin perfume ni maquillaje yo no salgo a la calle”, atribuida a la hoy candidata presidencial.

Pero hay otro dato que vale tener en cuenta. Cuando esa madrugada llegaron al lugar, se lo vio sumamente alterado a Kirchner ante la situación, y la razón la ha explicado a quien escribe alguien por entonces muy cercano a la pareja, testigo de la situación: “Néstor no soporta que el control lo tenga otro”.

¿Soportará que el poder esté en manos de otra persona, si esa persona es su esposa? Por estos días el Presidente ha tratado de dar esa sensación, a partir de augurarle a su cónyuge una presidencia “muchísimo mejor” que la suya. O a través de otras señales, tales como decir que él no sabe manejar, cosa que sí hace su esposa. “Sólo maneja el auto”, aclaró entre risas en un acto público, aunque mintiendo, pues sí sabe manejar, aunque entre choferes y helicópteros, desde hace años no lo practique. Es verdad en cambio que Cristina dice que lo hace muy mal, por eso cuando iban juntos ella era la que conducía.

La pregunta del millón es si el eslogan inmediato será “Cristina presidente-Kirchner conducción”.

“El que manda es él”, han confiado quienes conocen a la pareja desde hace años y se esmeran en sostener que ambos tienen voz de mando, se consultan todo… pero la última palabra la tiene él. ¿Seguirá siendo así con ella en el poder?

Si Cristina accedió a convertirse en candidata presidencial deberá descontarse que habrá antepuesto un acuerdo explícito, de esos que siempre el matrimonio ha respetado: que así como ella accedió en 2003 a dar un paso al costado para salir de escena, él lo haga a partir del 10 de diciembre.

Fue una recomendación de Enrique Albistur y Artemio López, y una interpretación natural del matrimonio, lo que llevó a Cristina a bajar el perfil del modo que lo hizo al llegar al poder su esposo, habida cuenta de que aquél debía enfrentar entonces dos fantasmas: el escuálido 22% con el que asumía la presidencia, y la sombra de Eduardo Duhalde, del que muchos auguraban que sería su Chirolita. No cabía la posibilidad de un tercer riesgo como el de la sombra de su esposa, por entonces muchísimo más conocida para el gran público.

Así como en 2003 prometió que en 2007 entregaría el poder a otra persona, y cumplirá, Néstor Kirchner se propone plasmar la premisa que se ha planteado para su futuro. Seguirá obviamente en política, pero abocado a la construcción partidaria, en cuyo marco deberán establecerse desde ese elevado llano las bases que cimienten el pos-peronismo que regirá los tiempos de, por lo menos, dos períodos presidenciales, según sus propios cálculos.

Si tendrá las cualidades para lograrlo, es una incógnita sólo comparable con la que se plantean en torno de las dotes presidenciales que le asistirán a Cristina Fernández.

¿Candidata yo?

Si convenimos que los Kirchner fueron cumpliendo uno a uno los pasos políticos que se preocuparon de adelantar con rigurosa anticipación, habrá que destacar que algo que no esbozaron jamás fue la posibilidad de que la dama accediera al Ejecutivo. Aunque siempre jugó de líbero en ese ámbito, sin mantenerse jamás ajena a las sucesivas gestiones de su marido. Ya desde los tiempos en que éste era intendente, Cristina ofició de secretaria Legal y Técnica, cargo que también ejerció mientras Néstor era gobernador -en forma paralela a su rol de legisladora provincial y vicepresidenta de la Legislatura-, de ahí el papel clave que le asignan a esa función, al punto tal de ejercerla hoy un hombre central en el poder kirchnerista como Carlos Zannini, al que habrá que guardarle un lugar privilegiado en la gestión cristinista (seguramente el mismo que hoy ocupa).

Sucede que Zannini es la tercera pata del círculo áulico de las decisiones. Una órbita muy estrecha a la que ni siquiera accede Alberto Fernández. “El Presidente lo escucha mucho -confió a Parlamentario una fuente santacruceña muy conocedora del kirchnerismo-; Zannini es el hombre que le armó toda la ingeniería electoral en Santa Cruz, las dos reformas constitucionales, el diputado por pueblo; toda la construcción electoral tiene un muy fuerte sesgo de Zannini. Y muchas otras cosas, quienes lo conocemos muy cercanamente vemos una clara presencia suya, incluso en muchos de los discursos del Presidente”.

Allí también se ve la pluma de Cristina, cuando los discursos son escritos; no cuando el Presidente se sube al atril para exteriorizar muchas veces lo que sí ha conversado previamente en la alcoba presidencial. El ámbito en el que seguramente se ha decidido esta sucesión de la que jamás Cristina había dado señales.

Por el contrario, las veces que se la consultó, se mostró refractaria a la posibilidad de pasar al Ejecutivo. Lo más cerca que estuvo fue cuando se especuló con la posibilidad de que sucediera a su esposo en la gobernación santacruceña, con él ya inmerso en Balcarce 50. Nada más lejano a la realidad, por cierto, y la propia realidad política provincial se encargó de avalar la decisión de esquivar esa alternativa. Las sucesivas crisis que se abatieron en la provincia del Presidente hubieran alejado seguramente a la mujer nacida en La Plata de cualquier posibilidad presidencial.

Aunque si hubiera perdido Kirchner las presidenciales en 2003, ése hubiera sido el camino elegido. El propio Presidente ha admitido que en ese caso no se hubiera presentado para un nuevo mandato provincial, porque hubiera sido como decir: “No pude ser presidente, entonces no me queda más remedio que ser gobernador”. Reconoció entonces que en ese caso seguramente su esposa hubiera podido ser candidata a gobernadora.

La que nunca estuvo demasiado convencida del tema era la propia ¿interesada? “Los cargos ejecutivos a mí no me gustan”, contó alguna vez Alberto Balestrini que Cristina le dijo, cuando él le insistía en que seguramente ella sería candidata a gobernadora de Santa Cruz.

Más cerca en el tiempo, ya como primera dama y en diálogo con los periodistas en Estados Unidos, luego de reunirse con Hillary Clinton en Washington (año 2003), la senadora fue muy enfática al responder a una pregunta puntual: “No quiero ser presidenta. Nunca me planteé tampoco ser gobernadora”.

De hecho, más de una vez admitió sus propias dudas respecto de que la sociedad pudiera bancarse a una mujer presidenta. “La mujer más importante que tuvo la política argentina fue Eva Perón -ha remarcado-, pero nadie la llamaba Eva Duarte. Para poder ser reconocida y poder expresarse ante el conjunto de la sociedad, Eva tuvo que encontrar un hombre, casarse con él y ser la mujer de… Y ella es el paradigma de las mujeres en materia política en la Argentina”.

Ese ha sido tal vez el parangón más cercano que ha utilizado con relación a Evita, cuya comparación suele esquivar. “Evita hay una sola y cualquiera que pretenda imitarla sería condenada sin remedio al fracaso. Sólo a una necia podría ocurrírsele ser como Evita, y yo necia no soy”.

Evita, vale recordarlo, no pudo llegar al Ejecutivo como Cristina sí espera hacerlo en diciembre.

¿Está preparada para gobernar? Sólo el tiempo y la experiencia -si gana en octubre- lo dirán. Pero hace algún tiempo, cuando esa posibilidad era todavía lejana, un conocido analista le asignaba a Cristina un buen perfil militante, pero advertía que “para los tiempos actuales eso no es suficiente”. Recordaba que Fernández de Kirchner no ha mostrado todavía capacidad de organización política, ni es una conductora. “Más que una organizadora de poder alternativo, es una provocadora del poder”, dijo alguna vez de ella Ricardo Rouvier, aunque ya entonces aclaraba que Cristina no ha exhibido todavía todo lo que puede llegar a mostrar.

Sin experiencia ejecutiva, de una Cristina presidenta habrá que repasar sus definiciones del pasado para verificar sus mayores preocupaciones. Preocupada por el desempleo y en tal sentido enemiga pública en su momento de la flexibilización laboral, ha considerado ese flagelo como una suerte de “disciplinador social” utilizado por anteriores administraciones. La economía no forma parte de sus predilecciones, aunque integrara durante años las comisiones de Presupuesto y Hacienda en ambas cámaras, sus discursos no han esquivado nunca el tema. En esa cuestión se ha pronunciado por “una Argentina federal, más justa en la distribución del ingreso”, y al respecto advertía sobre “una directa vinculación entre la mala distribución del ingreso y la mala distribución geográfica de la inversión”. El tema de la Coparticipación siempre figuró en su temario, aunque desde la llegada al poder no volviera a tocarlo.

Algunos sostuvieron en su momento que Kirchner seguiría ocupándose de la economía durante una gestión de Cristina. Difícilmente eso suceda, aunque su voz siga prevaleciendo en la materia, pero así como en su momento Kirchner subrayó que él sería su propio ministro de Economía y lo cumplió, habrá que esperar en una gestión de Cristina que ese cargo vuelva a tener relevancia, con un personaje con vuelo propio como el que en su momento tuviera Roberto Lavagna y que bien podría calzarle hoy a Mario Blejer.

Respecto de la relación con el sindicalismo, se habla de una mala relación con Hugo Moyano, que no es respaldada por los antecedentes, en los que puede advertirse que ella ha ido no pocas veces al propio Sindicato de Camioneros para hacer campaña, cuando los aliados porteños se contaban con el dedo de una mano. Pero también habrá que recordar cuando Cristina, enojada por la reacción de los camioneros contra el pago del impuesto docente, los calificó como “los carapintadas de la economía, porque toman a la gente como rehenes y la extorsionan con cortes de rutas y el desabastecimiento de productos”.

Habrá que ver si una gestión cristinista pone énfasis en modificar dos sectores de los que la candidata es muy crítica: el empresariado nacional y la sociedad en general. La senadora Kirchner admite sentir envidia por sociedades como la brasileña y la chilena, que siempre han tenido una convicción nacional que no pasa sólo por sus dirigentes políticos, sino también por su empresariado, su burguesía, su periodismo.

Es más, siempre que puede pone el ejemplo de las burguesías brasileña y chilena, en comparación con “los idiotas de acá”, tales sus palabras.

“Esta burguesía prebendaria que no tuvo ni siquiera rol de burguesía en nuestra historia”, remarca, recordando que los de acá nunca identificaron sus intereses con los del país y, por el contrario, creyeron que a ellos les podía ir bien, mientras al país le iba horrible.

Cristina Kirchner tampoco ha tenido empacho en criticar a la sociedad en su conjunto, a la que responsabiliza por muchos de los males que la aquejan. Le reprocha su volatilidad, que un día se apoye tal cosa y después todo lo contrario, comportamiento que le adjudica a sectores importantes de la sociedad.

“Menem no llegó por arte de magia; el segundo gobierno lo ganó por más del 50% de los votos”, ha dicho. Por eso es que le parece que circunscribir en el peronismo lo voluble de la Argentina es una autojustificación. Es que no tiene dudas de que Carlos Menem fue el reflejo de un país que había perdido el rumbo después de la feroz represión de la dictadura.

“El menemismo no corrompió a la Argentina, fue la expresión de la decadencia política y moral de los argentinos. Si no asumimos nuestras responsabilidades en lo que pasó, éste es el país del yo no fui”, advierte.

Sus debilidades comienzan por la independencia que deberá mostrar de entrada respecto de su esposo y siguen por su falta de experiencia ejecutiva. Pero habrá que agregarle la búsqueda de consensos, carencia que ha demostrado a lo largo de su carrera política. Dentro del esquema político que formó con su esposo, Cristina siempre ha sido la espada confrontativa. Jamás tuvo necesidad de negociar, ni lo ha hecho. Tampoco se ha llevado bien en los grupos de trabajo conjunto, chocando generalmente con sus pares legisladores.

Su esposo es reconocido por su belicosidad, pero ella no le va en zaga. Sus odios parecen ser más profundos y el pragmatismo que ha mostrado Néstor en su gestión -“pego primero para ganar terreno, luego negocio”, ha dicho- de momento es difícil de imaginarlo en ella.

Una cosa segura es que difícilmente en una eventual derrota en octubre le permita a su esposo definirse como “el padre de la derrota”, como en 1997 lo hiciera Duhalde cuando Chiche perdió con Graciela Fernández Meijide.

Seguramente tampoco habrá que esperar de Cristina que, como su marido, anticipe a poco de asumir que entregará el poder al cabo de cuatro años. Aun antes de ganar en octubre, ella ya debe estar pensando en la reelección.

diseño web :: FIRENOX