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Por José Angel Di Mauro
Una característica de Néstor Kirchner es la desconfianza. El considera que así mal no le ha ido y su ubicación actual en la cima del poder y en vísperas de entregárselo a su esposa, le hará pensar que tiene razón al ser como es. Pero los últimos hechos que han zamarreado la aparente tranquilidad con la que transcurría hacia las próximas elecciones presidenciales lo deberían poner a pensar sobre la fiabilidad de los suyos.
Es que justamente han sido gente muy cercana a él, o a íntimos suyos, los que le han hecho perder importantes puntos en las últimas semanas y encendieron las luces de alarma en la alcoba presidencial. Tan recientes son esos sucesos que no es necesario siquiera refrescarlos, pero a las irregularidades registradas en puntos clave del Gobierno nacional habrá que sumar el manejo por lo menos deficiente de la situación en la provincia del Presidente, que curiosa y previsiblemente ha sido el distrito más beneficiado en los últimos cuatro años.
Su gente de confianza le ha fallado al primer mandatario, al punto tal de ponerlo en situación de tener que poner a resguardo el apellido Kirchner en las próximas elecciones provinciales, para las que tenía reservada la carta de su hermana Alicia para revalidar títulos.
Ahora, justo cuando volvía junto a su esposa/senadora/candidata/sucesora a Río Gallegos después de ocho meses, sobrevino el desmadre, que tuvo como lamentable protagonista a quien es nada menos que uno de los hombres del riñón kirchnerista. Bien citado por muchos como un “paladar negro” del kirchnerismo, de aquellos que conocen “a Néstor” desde sus tiempos de estudiante en La Plata, Daniel Varizat fue siempre una referencia ineludible a la hora de buscar fuentes para saber del pasado y el pensamiento vivo del Presidente.
Varizat conoció a Kirchner en Río Gallegos, en el colegio secundario. No eran compañeros de curso, ya que el ahora detenido ex funcionario es un poco menor y cursaba cuarto año cuando Kirchner terminaba quinto. Pero frecuentaron los mismos ámbitos y ya como ex alumnos se volvieron a encontrar cuando Varizat fue a estudiar a La Plata, donde ahí sí trabaron una mayor relación. Incluso Varizat vivió cuatro o cinco meses donde Kirchner vivía.
Después de un año y medio, Varizat dejó de estudiar en la UNLP y regresó a Río Gallegos (1972). Para entonces ya la actividad política adquiría una gran efervescencia y ambos compartieron la iniciación en el peronismo. Los dos fueron integrantes de la Juventud Peronista: Kirchner en La Plata y Varizat en Río Gallegos, donde estudiaba ahora en un instituto universitario e integraba la mesa de la JUP. Cada vez que Néstor Kirchner regresaba a su provincia, coordinaban actividades juntos.
Más adelante, recibido ya de maestro mayor de obra, Varizat montó con un ex compañero de colegio una empresa constructora. La relación con Kirchner le valió que el futuro presidente lo llamara para diseñarle y construirle el estudio jurídico en Río Gallegos, estrechándose a partir de entonces una relación más allá de la política. Más adelante, fue el encargado de implementar las ampliaciones y modificaciones en la casa donde Kirchner vivía con Cristina.
Ya en 1981 comenzaron juntos a generar un poco más de movimiento político y Varizat se precia de haber estado en ese círculo inicial con Kirchner que no excedía las diez personas, en el marco del Ateneo Teniente General Juan Domingo Perón. Por entonces, la hoy primera dama casi no participaba de esa actividad política, ocupándose en cambio del estudio jurídico que su esposo comenzaba a desatender.
A partir del Ateneo, la génesis del kirchnerismo comenzó a participar y perder elecciones, hasta alcanzar finalmente la minoría partidaria en el 85, cuando lograron ocho congresales sobre un total de 70.
Por entonces no existía la mesa chica kirchnerista, pero en las negociaciones políticas participaba Varizat, quien comenzó a ocuparse de “reclutar” gente para la incipiente causa K. En esos tiempos Varizat era director de Mantenimiento en la administración pública provincial y tenía entonces una repartición que contaba entre 200 y 250 obreros, casi todos peronistas. Y a buena parte de ellos fue arrimando al movimiento.
Así siguió hasta que perdieron la interna y, con el argumento -real- de que utilizaba su trabajo para reclutar gente, lo echaron. Lo cual no minó su actividad de reclutador. “Y como tenía más tiempo, llevaba más gente todavía”, contó el propio Varizat, quien seguiría cumpliendo esa función incluso cuando fue subsecretario del Interior, con Kirchner ya en la gobernación.
Podría decirse que Varizat fue uno de los primeros “cooptadores” kirchneristas, por cuanto desde esa función se le encomendó la tarea de recorrer el interior provincial para atraer al redil a los intendentes. Es que como el triunfo de Néstor Kirchner había sido en base a la ley de lemas, ganándole por escaso margen a Arturo Puricelli, sólo cuatro de las catorce intendencias era de gente propia o aliada. El resto eran mayoritariamente de Puricelli y radicales. La misma política de captación se aplicaba con los diputados, en su mayoría ajenos.
Queda claro que Daniel Varizat no es cualquiera en el kirchnerismo, al punto tal de haber sido quien reemplazó a Cristina Fernández en el Senado nacional cuando ella debió renunciar para asumir como diputada. En la Cámara alta estuvo hasta 2001 y fue uno de los pocos que salieron indemnes del escándalo de las supuestas coimas, ya que fue uno de los cuatro que votaron en contra de la Reforma Laboral.
Tras su paso por el Parlamento, en el que también fue diputado nacional, Varizat estuvo a cargo siempre de estratégicos puestos, esos en los que el kirchnerismo sólo ubica a gente de máxima confianza: estuvo a cargo de la Casa de Santa Cruz en Buenos Aires, fue subsecretario de la Presidencia con la llegada de Kirchner a la Rosada, y luego fue enviado a Santa Cruz a colaborar con la gestión de Carlos Sancho, de quien fue ministro de Gobierno hasta que comenzó a desmadrarse al calificar en duros términos al obispo Romanín, culpándolo de “instalar la división de los santacruceños”, y debió dejar el cargo junto al renunciante gobernador.
El episodio policial que terminó definitivamente con la carrera política de Daniel Varizat lo encontró fuera de la actividad oficial, pero revelando con su actitud los peores modos del kirchnerismo que habitó durante el último cuarto de siglo, donde -como se ve- siempre supo ser una de las principales espadas. |