Miercoles

20

Agosto

clima · tránsito · mercados

     

Yo, Lilita

31-8-2007

La historia política de Elisa Carrió marca que siempre está al borde de la ruptura. Estos gestos y las razones son motivo de análisis.

Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Imprimir
“Menos mal”. Esa fue la sintética respuesta telefónica de un empinado legislador del ARI cuando un redactor de Parlamentario le confirmó que Ricardo López Murphy daba por cerrado el intento de acuerdo con la candidata a presidenta por la Coalición Cívica, Elisa Carrió.

El gesto de alivio tenía un motivo: de haberse concretado esta particular alianza electoral, el ARI quedaba a las puertas de una ruptura sin vueltas. Uno de los principales críticos fue Carlos Raimundi, para quien la identidad de centroizquierda de la fuerza quedaba licuada y, según trascendió, era uno de los que estaba dispuesto a emigrar, al igual que otros legisladores, dirigentes y militantes. Un camino ya iniciado por María América González en las últimas elecciones, cuando Elisa Carrió se unió con Jorge Telerman.

Una ruptura que también se dio en la Legislatura, donde Fernando Canteros y Pablo Failde, entre otros, le cuestionaron sus laberintos electorales, potenciados a la hora de parir la Coalición Cívica y fundamentalmente quienes la conformaban, en particular Patricia Bullrich y Alfonso Prat Gay, lo que ofició de disparador de polémicas internas.

“Quienes conforman la Coalición Cívica están con el compromiso de decir la verdad, a costa de correr riesgos. Los otros producen mentira, corrupción e injusticia porque los honestos no se arriesgaron a participar. Ahora, los honestos se están arriesgando”, dijo Carrió en referencia a los referentes sociales, empresariales y religiosos integrantes de la Coalición. “Lo que viene en octubre, con mi presidencia, es una Nación para todos, aun los que se equivocaron para responder con una salida ética”, al tiempo de reiterar los elogios a Hanna Arendt, la filósofa alemana que eligió para denominar su centro de estudio. “Esa mujer perseguida pudo elegir el camino del odio, pero prefirió el pensamiento y la acción”.

Idas y vueltas

Precisamente como enarbola las banderas de la ética y la moral, esto genera interminables contradicciones internas en las filas del ARI y que llevan a Carrió transitar los mismos caminos de Carlos “Chacho” Alvarez y José Octavio Bordón. O sea la imposibilidad de gestar una tercera fuerza que sea una alternativa perdurable en el escenario nacional.

Carrió, a pesar de cuestionar a la dirigencia política por los métodos de construcción, fundamentalmente de los partidos mayoritarios, también apela a los mismos procedimientos, haciendo prevalecer casi siempre su posición como la única verdad. Nunca ejerció la democracia interna en su partido. Siempre los candidatos fueron digitados por ella, como afirman dirigentes de esa fuerza, en particular los del interior del país.

Su soberbia para hacer política, un rasgo común de la dirigencia del país, conspira contra el armado de una fuerza política diferente, como a ella le gusta enunciar.

Es valorable su pensamiento por recuperar los valores republicanos, pero casi siempre choca por su egocentrismo, lo que la lleva a plantear las cosas en blanco o negro.

¿Revisamos su historia? Hasta marzo último se desempeñó como diputada nacional, cargo del que resulta electa en octubre del 2005 después de obtener el 20 por ciento de los votantes porteños. “Renuncio a la banca para quedar en igualdad de condiciones que todos los ciudadanos”, y fiel a su estilo agregó: “Y si no triunfo en octubre me retiro definitivamente”.

No se puede soslayar que en el 2003, como candidata del flamante partido del ARI, fue la primera candidata a presidente de la Nación que obtuvo cerca de tres millones de votos en la historia después del regreso a la democracia en 1983. Integró la fórmula presidencial Gustavo Gutiérrez, del Partido Demócrata de Mendoza. Una pista de su paulatino corrimiento ideológico, cuyo mayor auge se plasma en los intentos de ir juntos con su ex correligionario Ricardo López Murphy.

Un gesto que lo lleva a Jorge Rivas a afirmar que Carrió es de derecha. Rivas, uno de los tantos dirigentes del PS que en algún momento de la historia reciente compartió el mismo espacio con Carrió, lo mismo que los del Frente Grande, Frepaso, intransigentes y otras siglas, aunque no se puede desconocer que muchos de ellos fueron cooptados por la prédica K. Una acción que perforó también el ARI con dirigentes que emigraron hacia el oficialismo y que, sin lugar a dudas, el nombre de Graciela Ocaña provocó un cimbronazo en la incipiente fuerza política. No es para menos, era su mejor amiga.

En conversaciones informales, legisladores del ARI admiten que incide esta historia de soledades y rupturas y de vidriosos giros a la derecha, el personalismo de Elisa Carrió, lo que se acentuó en los últimos tiempos cuando reiteró que “las puertas estaban abiertas para los que no compartían sus posiciones”.

También destacan la tendencia de Carrió de acumulación superestructural de poder, lo que, sumado a su personalismo, arma un cóctel que explota en cualquier momento en su contra.

“Para el ARI, la política es capacidad de invención, de hacer mediar entre el deseo y la acción el espacio moral. Una capacidad, por lo tanto, de estar en condiciones de crear una cultura que le brinde sentido a una forma alternativa de ejercer el poder”, es una de las definiciones de Elisa Carrió, que por estas horas está festejando su absolución de la Justicia ante una acusación por injurias y el impensado triunfo en Tierra del Fuego.

diseño web :: FIRENOX