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Por Pablo Winokur
Primera hipótesis: en cada elección existe un “premio mayor” que se devora la atención de la opinión pública y relega a un segundo plano al resto de los cargos públicos a ocupar.
Segunda hipótesis: la crisis de partidos políticos que vive la Argentina desde 2001 hizo que los ciudadanos perdieran la brújula respecto de quién votar. Los partidos políticos ordenan la vida ciudadana. Hoy, considerar a quién votar implica un esfuerzo adicional, dado que las opciones se multiplicaron y no hay partidos que rijan la elección. Por lo tanto, la media de los votantes eligen personas y no espacios de ideas.
En general, esa elección está vinculada al “premio mayor”, mientras que los cargos menores no son tenidos en cuenta hasta el ingreso al cuarto oscuro.
Tercera hipótesis: la denominada lista sábana horizontal termina generando que el candidato del “premio mayor” traccione a los cargos menores. El mejor ejemplo de esto es el caso de Silvana Giudici, quien ingresó a la Cámara de Diputados de la Nación para lo cual obtuvo el 10,2% de los votos, pese a figurar en el rubro “otros” de las encuestas previas. ¿Cómo se explica que fuera una persona no demasiado conocida por entonces pero de todos modos haya obtenido tantos votos? Llevó como primer candidato a jefe de Gobierno (el premio mayor de aquella elección) a Aníbal Ibarra, y su número de lista era menor que las otras que llevaban a Ibarra (en el cuarto oscuro las boletas se ordenan por número). Le ganó incluso a Miguel Bonasso, una figura más mediática.
Dadas estas tres hipótesis, se puede inferir que existe un alto porcentaje de la población, la no politizada, que no se toma el tiempo para definir a quién votar en cada categoría. De más está decir que la gran mayoría de los electores, en el marco de la crisis de partidos políticos, no vota espacios sino personas.
La particularidad es que éste será desde 1999 el primer comicio en que se eligen legisladores a la par de una elección presidencial. ¿Qué diferencias conlleva esto en la práctica? Dado el efecto arrastre que se genera por la elección presidencial, esto permite ver consolidados los votos nacionales en el Congreso.
Local vs. Nacional
En las últimas dos renovaciones de las cámaras, la composición del Congreso quedó atada a cuestiones locales. En 2003 la elección presidencial fue en abril y las legislativas se dieron junto a la de gobernadores de cada uno de los distritos; en la elección intermedia -al no haber un candidato nacional- lo local también tiene preponderancia.
En este panorama era lógico que partidos nacionales jóvenes (como Recrear o el ARI) que tendrían una intención de voto aceptable a nivel nacional no lograran plasmar ese potencial en las provincias: si bien consiguieron una buena performance en Capital y la provincia de Buenos Aires, fue casi imposible trasladar ese éxito a otros distritos.
Como contracara, la UCR, que es fuerte en el interior, pero de escasa llegada en los grandes distritos (a nivel nacional obtuvo el 2% en la última presidencial), logró retener muchos escaños por el peso específico de sus dirigentes provinciales. También jugaron fuerte las alianzas locales, que tampoco se verán en las presidenciales. El caso de Santa Fe es emblemático: difícilmente el Frente Progresista Cívico y Social (que encabezan el Partido Socialista y la UCR y que ganaron en 2005) pueda presentar una lista unificada para legisladores nacionales porque probablemente apoyen a candidatos a presidentes distintos en octubre. La ciudad de Buenos Aires también abre interrogantes. El PRO de Mauricio Macri ganó holgadamente la elección legislativa de 2005 y por abrumadora diferencia la elección a jefe de Gobierno de este año. Pero el que ganó fue Macri, quien centró su discurso de ambas campañas en los problemas “de los vecinos de la ciudad”. ¿Podrá hacer una buena performance en octubre cuando lo que se dirima sea un tema nacional y sin su figura en las listas? Probablemente no. ¿Quién tomará entonces ese liderazgo vacante? Hoy Elisa Carrió figura como principal candidata opositora en un distrito que le es hostil a Néstor Kirchner. No obstante, dada la dispersión existente en el espectro opositor y la fragmentación de ese arco político no sería de extrañar que el candidato de Kirchner obtenga una banca por la minoría en el Senado: no por mérito propio sino por la división ajena.
También habrá que ver qué ventajas podrán sacar las distintas listas que llevan candidatos presidenciales similares: ¿Quién ganará la disputa entre la lista del socialismo y la de la Coalición Cívica? ¿Cómo se distribuirán las bancas entre quienes apoyan a Cristina en el distrito? ¿Y a Lavagna? Y una pregunta mayor. Los resultados electorales en lo que hace a lista de Diputados, ¿reflejarán realmente una preferencia electoral o serán aquéllos una consecuencia de quienes tomen boletas desprevenidos?
Pero hagamos un repaso de lo que se disputa. En Buenos Aires se eligen 35 diputados. Se especula con que el tándem Cristina-Scioli ganará por una amplia diferencia. ¿Cómo se dividirán el resto de las diputaciones? ¿Cómo jugarán los candidatos a gobernador y presidente en esto? Si Lavagna obtiene el segundo puesto, ese espacio podría verse beneficiado. La UCR había obtenido en la elección de 2003 sólo cuatro bancas en esa provincia, que seguramente no podrá superar. En el mejor escenario para Lavagna -y suponiendo que la gente no corte boleta- deberán compartir los escaños que obtenga el espacio del ex ministro con legisladores del PJ disidente.
Otro distrito de particular importancia es Córdoba. Aquí el Partido Nuevo de Luis Juez había obtenido dos bancas en 2003 y luego consiguió tres más en 2005. Pero nuevamente se trataron de elecciones en las que el nombre del candidato fuerte local pesaba mucho. Recientemente Luis Juez hizo una excelente elección como candidato a gobernador, relegando a un tercer puesto al candidato radical (apoyado por el ARI y Recrear). Sin embargo, en repudio por las supuestas irregularidades en el escrutinio en las elecciones locales, Juez no presentará candidatos a diputados nacionales.
¿Es de esperar que la candidatura de Carrió o Lavagna traccionen distinto? Si así lo fuera, la Coalición Cívica se vería beneficiada en detrimento del partido de Juez que -por no presentarse- perdería escaños. La UCR podría mantener las dos bancas obtenidas en 2003 gracias a la candidatura de Lavagna.
En Mendoza el radicalismo ganó tres bancas en 2003 contra dos del FpV. Se supone que llevando al actual gobernador como vice, Cristina debería ganar cómoda en este distrito cuyo gobernador es el segundo de la fórmula. El oficialismo se quedará al menos con tres bancas. También aquí el ARI podría ganar una. No obstante también habrá que ver cómo traccionan los distintos espacios que apoyan -por ejemplo- la candidatura de Lavagna.
Distritos menores
El resto de los distritos, considerados menores, eligen pocos diputados (entre dos y cuatro) lo cual deja poco lugar para las minorías. Hasta ahora, desde la crisis, la UCR mantuvo intacto su lugar como segunda fuerza en muchos distritos. Sin embargo, el método D’Hont, mediante el cual se reparten las bancas, podría jugarles en contra esta vez: cuanto mayor sea la dispersión en el voto opositor mayores chances tendrá el oficialismo de llevarse todas las bancas en juego. Esto se podría dar en provincias como Jujuy, Tucumán, Chubut, La Pampa, La Rioja o San Juan, donde también queda la duda sobre la performance que podrá mantener el peronista disidente Roberto Basualdo, que llevaría también la lista de la hoy primera dama. También habrá que ver si la figura de Cristina Fernández de Kirchner tracciona a favor de los legisladores oficialistas en distritos muy hostiles como San Luis o Neuquén, donde sus gobernadores además se presentan como candidatos a presidentes
Sea como fuere, las previsiones previas indican que a partir del 10 de diciembre próximo se contará con una Cámara baja más “nacional” y menos “local” y, por ende, menos fragmentada. En el Senado en cambio no habría mayores cambios, aunque ambas cámaras despiertan todavía muchísimas incógnitas. Tal vez la elección legislativa debería ser la vedette en una elección presidencial cuyo resultado parece cantado.
Pero esta incertidumbre deja en claro dos cosas: en primer lugar la urgencia por eliminar la lista sábana horizontal, de modo que los electores deban optar en cada categoría por separado y evitar el porcentaje de “despistados” que tracciona votos de un lugar a otro. La segunda, es la necesidad imperiosa de reconstruir un sistema de partidos, de modo de clarificar al elector las posibilidades existentes: los ejemplos de Santa Fe y Córdoba, con sistemas de partidos ordenados y con la gente votando con convicción parecen ser un norte a seguir. |