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Que Dios se lo pague

30-11-2007

La designación de Eduardo Fellner como presidente de la Cámara baja fue un duro revés para el peronismo bonaerense, fundamentalmente para Felipe Solá. El armado K dejó afuera a varios pesos pesado del distrito más importante del país.

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Es un secreto a voces que las elecciones presidenciales del 2011 ya están presentes en la ingeniería electoral del kirchnerismo. Un didáctico ejemplo es lo que sucedió con el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, quien ya se había puesto el traje de presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, para reemplazar a Alberto Balestrini, el próximo 10 de diciembre.

“Se confió”. Esa es una de las respuesta que más se escucha cuando se indaga sobre los cursos de acción del kirchnerismo en el armado legislativo, que dejó en la vera del camino a Solá y también a José María Díaz Bancalari, entre otros nombres importantes del distrito. Es que en ambos casos son los más emblemáticos de las intrigas palaciegas para su licuación del poder, lo que para los desprevenidos es una sorpresa, pero no para otros.

Los dos dirigentes siempre respondieron como soldados de la tropa K, y en función de ese papel cumplieron con todos, o la mayoría de los deberes encomendados desde Balcarce 50.

Solá para garantizar el destierro de Eduardo Duhalde, cooptó a los principales intendentes del Conurbano que eternamente compartieron el espacio con el hombre de Lomas de Zamora, y en la Legislatura bonaerense armó la tendencia que fue bautizada como “felipismo”, precisamente para neutralizar los embates del duhaldismo residual.

En ese contexto, dio batallas en todos los niveles con dispar suerte, pero en general encauzando a su favor las acciones, a través de su ministro, Florencio Randazzo, quien por decisión del más alto poder K se desempeñará como ministro del Interior en el Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, para seguir coordinando los varones y mujeres del llamado “felipismo”, con el claro objeto de seguir contando con sus favores.

Por su lado, los intendentes que le juraron fidelidad a Solá saludaron el arribo de Fellner a la presidencia de la Cámara baja, una maniobra pergeñada por Carlos Kunkel, uno de los operadores dilectos del oficialismo.

Misión 2011

Precisamente ésa será una de las tareas de Randazzo: conservar las relaciones con esas estructuras para erosionar las ambiciones de Solá, aunque otros dirigentes consultados por Parlamentario amplían a Daniel Scioli.

En ambos casos pensando en las presidenciales del 2011, máxime después que Néstor Kirchner confesó que no sería honesto no reconocer que “le gustaría volver a la Casa Rosada”. A confesión de parte revelo de pruebas.

Claro que la misión de esmerilar a Solá y de poner en caja a Scioli tiene un objetivo claro: aislarlo políticamente, según confesó a Parlamentario un importante operador K en el Congreso. “Solá y Scioli no son hombres de confianza del Presidente, más allá de que ambos cumplieron a rajatabla todo lo que le pedían. Son aliados circunstanciales”, agregó nuestro interlocutor, quien recordó una frase atribuida a Néstor Kirchner: “Felipe es Felipe”.

Tarjeta roja

Otro caso paradojal es el del presidente del bloque Peronista Federal, José María Díaz Bancalari, cuyo nombre sonó alternativamente como presidente de la Cámara de Diputados en reemplazo de Alberto Balestrini o, en su defecto, como titular del bloque del FpV en lugar de Agustín Rossi.

Díaz Bancalari no fue a ninguno de esos lugares. Fue ninguneado olímpicamente por los estrategas K. No recibió -por lo menos hasta ahora- ningún premio por los servicios prestados, como acotó alguien maliciosamente.

Hasta no hace mucho era un interlocutor directo del Presidente y casi siempre estuvo en el plantel estable de los viajes presidenciales al exterior. Elementos que hacían conjeturar que al dirigente de San Nicolás le esperaba un venturoso futuro K. ¿Por qué lo habrán marginado? Es la pregunta que el propio Díaz Bancalari se está haciendo en estos días.

Claro que Solá y Díaz Bancalari no son los únicos desafectados del armado oficial, también se quedaron con las ganas Alfredo Atanasof, Oscar Rodríguez, Carlos Ruckauf, Dante Dovena, por citar un par de nombres. Víctimas del impiadoso ejercicio de poder K.
Estos importantes dirigentes del peronismo bonaerense están conociendo en carne propia, como en su momento Duhalde, que para el kirchnerismo la obediencia y la lealtad no siempre son reconocidas.

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