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La acción no hace más que confirmar la tesis desplegada desde estas páginas sobre la decisión del kirchnerismo de realizar todas las acciones necesarias para asegurarse una larga permanencia como moradores del primer piso de Balcarce 50 y de la Residencia de Olivos.
Precisamente en ese ámbito está la real cocina del poder desde el regreso de la democracia hasta estos días, Roberto Lavagna y Néstor Kirchner se juntaron para rubricar la unidad en la acción, como dijo a Parlamentario uno de los integrantes de la mesa chica K. Un detalle, la reunión se realizó en las oficinas de la jefatura de Gabinete de la Residencia de Olivos, es decir un espacio que tiene Alberto Fernández en la Casa Rosada.
Una alusión que no es casual: Fernández junto a Cristina Fernández de Kirchner, más su esposo y el senador nacional bonaerense José Pampuro, eran los únicos cuatro que sabían de la juntada. En rigor, ellos más uno de los principales operadores de Lavagna, el ex diputado nacional Eduardo Camaño, quien en los días anteriores había deslizado a los suyos que él no sería ajeno a la reorganización del PJ.
Camaño, quien en los cuatro años enfrentó con todo al kirchnerismo y en particular al matrimonio, en el marco del pragmatismo que distingue al justicialismo respondió a la consulta. “Estamos normalizando el partido al que pertenecemos, que los radicales no se preocupen por los dirigentes con quienes nos juntamos, nosotros nunca renegamos de nuestra pertenencia al justicialismo”, dijo el ultraduhaldista y de pasó cargó contra Elisa Carrió: “Ella acordó con Jorge Telerman, con Patricia Bullrich, con Ricardo López Murphy, pero en su opinión nosotros no podemos reunirnos con Néstor Kirchner para dialogar sobre la normalización de nuestro partido”.
Eduardo Duhalde estaba al tanto del operativo retorno, y ni bien se hizo pública la noticia rápidamente salió a bendecir, en un claro mensaje hacia sus seguidores, marcando de esta manera su diferencia con los hermanos Rodríguez Saá y Menem. Desde las filas de la Coalición Cívica hicieron cola para denunciar el pacto, así lo llamaron, y de paso erigirse en la única alternativa de poder. “Hoy queda un oficialismo fuerte y la Coalición Cívica como partido de alternativa y de oposición. La verdadera sorpresa es que a Roberto Lavagna lo hayan presentado como candidato de alternativa al kircherismo en las últimas elecciones. Una parte del electorado hoy se sentirá defraudado porqué pensó que había votado a un candidato de la oposición”, se regodeó el jefe del bloque de la CC, el diputado nacional Adrián Pérez.
Del lado del macrismo su habitual vocero, el diputado nacional Federico Pinedo, dijo sin medias tintas que Lavagna cometió “una traición al electorado que lo votó. Para justificar lo injustificable habla de que no quiere estar con la derecha pero a mi Néstor Kirchner no me parece que sea demasiado de izquierda, sino bastante de derecha en muchas cosas”.
En cambio desde el radicalismo se exhibieron como maridos engañados, cuando toda la dirigencia que eran consciente de que era una historia electoral, y como tal tendría ese fin y no otro.
En el medio de las lágrimas, el diputado nacional tucumano José Ignacio García Hamilton, que llegó a la Cámara baja con la sigla de UNA, puso las cosas en su lugar, al admitir que “Lavagna encabezó una alianza opositora pero nunca dijo que dejaba de ser peronista. El era un disidente, pero no nos engañó, no nos defraudó y ahora que viene una reorganización en su partido, dijo” voy a estar adentro”.
Todo vale
Precisamente estar adentro es el sinónimo de no quedarse afuera del partido que está al frente del poder, de quedarse fuera de la dirigencia superestructural que hace años que va y viene en nombre del pragmatismo.
Una teoría en boga que todos ejercen y en la ronda de las conversaciones personales se mofan de los cambios de camiseta, dado que priorizan ese deseo de estar, de ser, antes que cumplir con quienes los votaron.
El ejercicio impiadoso del poder de parte del kirchnerismo alberga todas esas variables sin apelar a los prontuarios ideológicos, a lo sumo deslizan que los límites pueden ser el matrimonio Duhalde, los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, los hermanos Carlos y Eduardo Menem, o escogen el nombre del diputado nacional “Juanjo” Alvarez, escrachado por su pasado laboral en la SIDE para hablar de la frontera K.
Todo vale para sumar, para engordar de cara a las elecciones del 2009 y, fundamentalmente, del 2011, que asegure que todos unidos, menos ésos, el triunfo ya tiene color ideológico.
Inclusive en la intimidad, según se filtró, uno de los principales operadores del kirchnerismo dijo en riguroso off the record que lo de Lavagna es más que simbólico, porque “en la actualidad el orgánicamente no tiene nada”, salvo un par de dirigentes del duhaldismo residual.
Y no se equivoca, Lavagna no tiene militancia alguna que lo rodea, lo suyo es puro ejercicio intelectual, con repercusiones en el exterior y en ciertos sectores empresariales de nuestro país. Por eso lo de Lavagna es un ejercicio de simbolismo partidario y una señal para algunos remolones que todavía resisten a que Néstor Kirchner sea ungido como presidente del PJ.
En rigor deben ser contados con los dedos de una mano los opositores al ex Presidente por eso sonó risueño el anuncio del diputado nacional Juan Carlos Dante Gullo respecto de que iniciará una campaña nacional para lograr el apoyo a Kirchner.
Es más que obvio que nadie que esté al frente de una gobernación, de una intendencia, de un organismo institucional se niegue a avalar a NK. Fuera de la estructura les espera cruzar el desierto con una anchoa en la boca, y en rigor, nadie debe querer protagonizar esa experiencia.
Los quedan afuera
Al margen de las posiciones de la dirigencia quedan afuera de esas especulaciones quienes ejercieron la soberanía popular. En este caso puntual los más de tres millones de electores que dijeron sí a la fórmula Roberto Lavagna- Gerardo Morales, los que en la intimidad deben estar más que defraudados, en particular la gente joven que apostó a ellos, en función de concebir que estaban dando un voto de confianza.
Nada de eso pasó, sino más bien todo lo contrario. Un golpe a la credibilidad política, al ejercicio de la democracia.
Nada más alejado de la realidad, en nombre de la permanencia del poder todo vale, al precio que sea. La cuestión es golpear en todos los costados, cooptar al precio que sea y de paso dejar en la cornisa a la UCR y a otras fuerzas.
En cuanto a la UCR, como dijo uno de ellos demasiado tarde para lágrimas, como ya lo demuestra Enrique “Coty” Nosiglia, quien ya está operando para desplazar a Gerardo Morales y compañía. Y si hay alguien en la política argentina que significa el pragmatismo ése es Nosiglia. Un modelo que nunca se cae del poder, desde 1983 es un hombre de consulta y de negociaciones de toda índole, algunas de ellas históricas. El que se lamenta en la intimidad es Raúl Alfonsín, quien fue uno de los que fogoneó, con la ayuda Nosiglia y de Jesús Rodríguez, que la salvación era Roberto Lavagna. Y no los defraudó, ahora regresó al PJ, como una señal del pragmatismo en boga, al margen de lo que digan las urnas. Ese es un dato menor, pasajero. |