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Cambio de estilo

18-2-2008

Transcurridos dos meses de su gestión Cristina Fernández de Kirchner apenas firmó dos decretos de necesidad y urgencia. La Presidenta quiere diferenciarse de los anteriores jefes de Estado.

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Uno de los datos políticos del verano, o mejor dicho del tiempo lleva al frente de la Casa Rosada, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner apeló a dos decretos de necesidad y urgencia, lo que podría marcar un cambio de estilo respecto de la gestión de su esposo Néstor Kirchner, y también de las últimas que rigieron los destinos de la Argentina. Avalado por la Constitución Nacional reformada para casos de emergencia, los DNU pasaron a ser una herramienta más para la Administración Pública.

Si bien el artículo 99 de la Carta Magna dice, en su inciso 3, que “el Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo”, luego aclara que “solamente cuando circunstancias excepciones hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de leyes, y no se trata de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos, podrán dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, junto con el jefe de Gabinete de ministros”.

Es decir, el “solamente” terminó habilitando para que el Presidente “dicte cuasi leyes”. En su primer año de gobierno, Raúl Alfonsín no dictó ningún decreto, Carlos Menem (antes de la reforma constitucional” emitió 64; Fernando de la Rúa, 38; y Néstor Kirchner, 67. Cifras que son el espejo de Cristina Fernández de Kirchner, sin lugar a dudas, aunque no se puede soslayar que los tiempos cambian, o mejor dicho que otra es la realidad nacional por estos días.

Desde la banca

Cristina Fernández de Kirchner mantuvo una posición pendular respecto de los decretos de necesidad y urgencia, como se refleja en los diarios de sesiones tanto de Diputados como de Senado.

El 25 de octubre de 2000, la entonces diputada por el PJ de Santa Cruz había presentado un proyecto que regulaba la cuestión y criticaba su uso. “En el lapso que va de 1989 a 1999 se observa una desnaturalización de la figura, llevando el número a aproximadamente 308, demostrando ello una verdadera ruptura del principio de división de poderes”, decía en la propuesta que luego sería reproducida por el radical porteño Rodolfo Terragno, en una maniobra política para demostrar el doble discurso.

La idea de CFK en aquella oportunidad era que los DNU dictados debían ser presentados en el Congreso en 10 días y luego aprobado por ambas cámaras en un plazo de 30 días. En caso contrario, el decreto se caería.

Sin embargo, durante la gestión de su esposo se emitieron 236, más de la mitad de los dictados por Carlos Menem, pero en apenas cuatro años contra 10 del riojano, ahora integrante de la Cámara alta.

En 2006 CFK viró su posición respecto de los DNU al presentar un proyecto para crear la Comisión Bicameral que controlaría su funcionamiento. En esa oportunidad la actual Presidenta defendió un modelo distinto, donde los DNU en cuestión no debían se refrendados por las cámaras para continuar en vigencia sino rechazados por ambas.

Hasta tanto eso no suceda el DNU continuará vigente.

En la sesión del 6 de julio, CFK defendió el proyecto y dejó ver el cambio de posición: el DNU dejaba de ser “un acto simple”, que no requiere de situaciones excepcionales para ser dictado. En sus fundamentos, explicó que los DNU firmados por su esposo eran positivos. “Tuvimos que dictar todos estos decretos de necesidad y urgencia para poder incluir las obras públicas”, dijo. “Parece ser que en un país donde por decreto de necesidad y urgencia se crearon impuestos, se derogaron leyes, se privatizaron aeropuertos, se redujeron salarios y se congelaron juicios, es lo mismo que sacar decretos de necesidad y urgencia como los que está sacando este Gobierno”.

Pareciera que existen dos CFK con respecto a algunas cuestiones institucionales: por un lado la que presentó el primer proyecto para regular los DNU, la rebelde, la que nunca votó la ley de Emergencia Económica, la reformó y redujo la Corte de Justicia; por el otro, la que defendió la reforma al Consejo de la Magistratura, los superpoderes y los DNU de su esposo.

Por lo menos eso es lo que refleja su paso tanto por el Senado como en Diputados, como lo señalan desde la oposición. Ahora, desde Balcarce 50 tienen otra impronta, como lo demuestra, una menor adicción a los famosos y temidos decretos de necesidad y urgencia.

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