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Entre el dedo y la democracia interna

18-2-2008

La repercusión mediática de las primarias en Estados Unidos reabrió el debate. El siguiente artículo explica particularidades del sistema electoral norteamericano y las diferencias con el argentino.

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Por Pablo Winokur

La Argentina tiene serios problemas en lo que hace a su sistema de partidos políticos. Hoy, con un radicalismo agonizante y un justicialismo en compás de espera, pareciera que lo que existen son sellos de goma tendientes a catapultar a algún tipo de caudillo mediático. Ni más ni menos. El PJ cuenta con una estructura muy importante en las provincias, pero ante la ausencia de oposición en muchas de ellas se terminan presentando dos, tres o más candidatos del mismo signo político o partido. La elección general termina entonces siendo una interna del partido más importante. El reciente acuerdo entre el ex presidente Néstor Kirchner y el ex candidato opositor a la presidencia Roberto Lavagna ratificaría esa presunción: son dos dirigentes del mismo partido político y aquellos que votaron al ex ministro de Economía, como una opción opositora, hoy sienten que tiraron su voto.

Ante estas cuestiones, muchas veces se habla de la necesidad de implantar un sistema de “primarias”, similar a la de los Estados Unidos, que permita que los partidos políticos elijan a sus candidatos. Esto no es otra cosa que las internas abiertas y obligatorias que funcionaron, de mala manera, en la Argentina hasta el año pasado.

Aquí algunas diferencias y similitudes para entender el sistema norteamericano y por qué el sistema de abiertas no es para la Argentina.

Sistema de partidos

Estados Unidos es el país bipartidario por excelencia. Si bien muchos países cuentan con dos polos (el tradicional izquierda/derecha), en general esos polos se dan gracias a alianzas entre múltiples partidos. En el caso de los Estados Unidos sólo hay dos partidos: Demócrata y Republicano que hegemonizan cualquier elección. Y pese a que algún tercero intenta asomar, nunca llega siquiera a desestabilizar la elección.

¿Cómo son esos dos partidos principales? En general los demócratas son asociados con un partido liberal (en todo sentido de la palabra), con una mayor preocupación en lo que hace a derechos sociales y civiles y más dialoguistas en el ámbito internacional. Los republicanos son asociados al conservadurismo de derecha, preocupados por la inversión, la seguridad, ciertos valores religiosos y una mayor agresividad internacional.

Sin embargo, esta división es sólo aparente. En la mayoría de los casos, representantes de uno y otro partido actúan de la manera señalada. Pero no siempre eso sucede así. Por ejemplo, el año pasado se debatió en el Congreso una reforma migratoria, que entre otras cosas permitía legalizar a 10 millones de inmigrantes indocumentados. La idea contaba con el aval mayoritario de los demócratas, pero también del actual presidente republicano, George W. Bush. También fue muy fuerte el apoyo del actual precandidato a la presidencia por ese partido John McCain.

Pero, por otro lado, el proyecto era fuertemente restrictivo para con los nuevos inmigrantes, cerrando aún más las fronteras de los Estados Unidos. Esta parte del proyecto también era defendida por muchos demócratas.

Algo similar sucede con la posición en torno de Irak. No es la misma la posición de Hillary Clinton que la de Barack Obama. Ambos son del mismo partido. Tanto entre demócratas como entre republicanos existen los que están corridos más a la derecha y los que están más a la izquierda. Por lo tanto, los partidos políticos en los Estados Unidos no son ideológicos y la ubicación de cada candidato, en torno a cada uno de los problemas, responderá más a cuestiones locales que a posiciones ideológicas. El gobernador de California, Arnold Schwartzenegger, siempre mostró preocupación por el tema migratorio, pese a ser republicano: no sólo él es inmigrante, sino que además en su estado el 34% de la población es latina. No puede darse el lujo de quedar mal con parte de su electorado.

Democracia de pocos

A diferencia de lo que se intentó en la Argentina, en los Estados Unidos las primarias son abiertas pero no obligatorias. Cada partido decide si presentarse o no en cada uno de los estados. Por ejemplo, los demócratas no se presentan en Virginia y los republicanos no lo hacen en Idaho. Cada espacio político es independiente y cada precandidato puede decidir presentarse o no en determinado Estado. Es importante aclarar que la Constitución norteamericana reserva a los Estados la regulación de la materia electoral. No existe, como acá, un derecho electoral federal. Los estados convocan a sus primarias en forma independiente. Eso retroalimenta el carácter regional que tienen los partidos.
En la votación primaria en cada distrito, un precandidato obtiene congresales que luego -en la convención interna- decidirán por uno u otro candidato.

La baja participación de los votantes es un tema clave de la democracia norteamericana. Según explica el politólogo Fred Riggs, dado que en general sólo votan los ciudadanos más educados (esto es de mayor poder adquisitivo), los candidatos que luego llegan al poder están más obligados a estos que a los pobres. Esto explica muchas decisiones que luego se toman en el país del Norte.

Así, las primarias, lejos de ser un elemento democratizador, son una herramienta más en que las elecciones son para pocos, los partidos -desideologizados- son sólo máquinas electorales y las decisiones en el Congreso no dependen de los partidos de pertenencia sino de intereses sectoriales, regionales o coyunturales.

Experiencia argentina

En el país históricamente primaron dos formas de elegir candidatos: el dedo del líder y la autoproclamación, dividida entre los “candidatos naturales” de un espacio y los que fundan una nueva agrupación.

Por “dedo del líder” se puede mencionar a Marcelo T. de Alvear (antes de que peleara con Yrigoyen), Ortiz, Cámpora, Illia (nombrado por Balbín) y hasta el propio Frondizi (nombrado por Perón). El caso más reciente es el de Cristina Fernández de Kirchner, nombrada por su propio marido.

Candidatos naturales resultaron Hipólito Yrigoyen en dos oportunidades, Juan Domingo Perón en tres oportunidades, Ricardo Balbín en varias oportunidades, y Carlos Menem en su segunda presidencia…

En el camino quedaron muchos otros que se separaron de sus espacios políticos y armaron uno nuevo, una candidatura casi unipersonal. La mayoría de ellos quedaron en el camino, aunque algunos nombres pueden ser un poco más conocidos que otros: Oscar Allende, Alvaro Alsogaray, Carlos “Chacho” Alvarez, Domingo Cavallo y recientemente Elisa Carrió, Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich…

1983-1999

La primer interna con un interés importante se dio en el seno del Partido Justicialista. Luego de una importante crisis, producto de la derrota a manos del radicalismo (cuando ganó Raúl Alfonsín la presidencia) comenzaron a pujar grupos ortodoxos contra renovadores. La primer disputa hizo que -en 1985- el PJ fuera dividido en algunos distritos; ganó la renovación que se quedó con el sello partidario y permitió que en 1987 ganara las legislativas nacionales.

En 1989 serían las nuevas presidenciales y el PJ tenía que decidir quién sería su candidato. Las mayores chances las tenía Antonio Cafiero, por entonces gobernador bonaerense y líder partidario. Sin embargo, las internas (cerradas, es decir que podían votar sólo los afiliados) dieron una sorpresa: Carlos Menem ganó y fue el candidato. El resto de la historia ya es conocida.

En las elecciones de 1995 habría dos casos de internas. Vale decir que en el PJ la cosa estaba clara. Menem iría por la reelección. La primera interna fue en el seno del radicalismo. La batalla fue entre Federico Storani y el entonces gobernador rionegrino Horacio Massaccesi. Ganó este último.

Más recuerdos traen las internas abiertas del Frepaso, que fue el primero en utilizar en la Argentina este tipo de mecanismo. Lo innovador es que no hacía falta ser afiliado para votar. La interna era entre Chacho Alvarez, fundador del Frente Grande, y Octavio Bordón, fundador de PAIS. Ganó este último, en una elección que nunca estuvo del todo clara.

1999

El PJ resolvió rápido sus problemas. Con Carlos Menem vedado para un tercer período, sólo quedaban en pie Eduardo Duhalde y Adolfo Rodríguez Saá. Este último bajó su candidatura y Duhalde quedó solito… tan solito que perdió la elección.

Mientras tanto la Alianza entre el Frepaso y la UCR avanzaba. ¿Cómo decidieron sus candidatos? A través de una interna abierta (esta vez sólo podían votar los afiliados a los partidos de la coalición e independientes no adscriptos a ningún partido) que le ganó el radical Fernando de la Rúa a Graciela Fernández Meijide. Aquí el peso del aparato de la UCR pudo más que la cuestión mediática del Frepaso. La fórmula De la Rúa-Alvarez ganaría la elección.

Entonces llegó Duhalde…

Y luego vino la crisis. Los partidos estallaron y no hubo mucho que hacer. En 2002 el gobierno de Duhalde, ante la expresión popular que se vayan todos, decidió encarar una reforma política. El principal punto era que los candidatos se definirían en internas abiertas, simultáneas y obligatorias para todos los partidos. Tomando el modelo estadounidense en un mismo día y en un mismo aula: cualquiera podría ingresar y votar por el partido de su preferencia y por el precandidato que más le gustara.

Sin embargo, las internas abiertas, simultáneas y obligatorias nunca llegaron a aplicarse. El PJ se fracturó en pedazos y apenas si hubo algunos casos que lo intentaron. El primero fue la UCR en la interna Moreau vs. Terragno, que terminó en escándalo. La fórmula ganadora, Leopoldo Moreau y Mario Losada, obtuvo 453.360 votos y quedó sexta en la nacional.

Luego hubo otros casos de internas locales, que en general también terminaron con conflictos. Alguna socialista -entre los eternos rivales Norberto La Porta y Héctor Polino-, alguna radical… pero nada de peso.

El último año -a nivel distrital- probó suerte la provincia de Santa Fe (ver aparte). Pero fue algo local. El sistema de internas abiertas quedó muerto antes de empezar. A fines de 2006 fue derogado por el Congreso.

¿Por qué falló? Las causas podrían haber sido varias. Sin embargo, la única causa que efectivamente generó que fracase fue que en la Argentina desapareció el sistema de partidos, por lo menos hasta ahora.

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