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La palabra sería “desprotección”. Tal vez una buena definición para un sentimiento casi generalizado de la ciudadanía, que reclama por la disminución de los hechos delictivos, de los accidentes de tránsito, de la violencia en el fútbol, de la falta de monedas en las calles… Pareciera como que nadie hace nada de nada por resolver los problemas que van apareciendo. ¿Piloto automático? Tal vez.
La violencia en el fútbol es uno de los hechos más dramáticos que tuvo que afrontar el gobierno de Néstor Kirchner en sus más de cuatro años de gestión. Lo que en otro tiempo fue un problema de “barras”, que hacía que hinchadas “enemigas” se agarraran a la salida de los estadios, tomó un vuelco quizás inesperado… quizás.
Especialmente en el último año se dieron situaciones sin precedentes. Muchas barras (con la de River a la cabeza) comenzaron a matarse entre sí, es decir ya no con otras parcialidades sino dentro de la propia estructura interna. Quedó desnudada más que nunca la relación entre los barras y el poder político de los clubes, y se vio como nunca como esto ya no era un tema de pasión sino de negocios: los líderes tenían empleos muy bien pagos en los clubes, negocios con la reventa de entradas, con los cuidacoches de las afueras del estadio, con pasajes de avión, con la compra-venta de jugadores…
Los hechos de violencia tomaron carriles inusitados. Tal vez el más importante fue el del partido Tigre-Nueva Chicago: Tigre estaba por ascender a primera y sus hinchas se preparaban para invadir el campo de juego (¿para festejar?, ¿para evitar que el partido continúe y Nueva Chicago les termine ganando?). Pero los de Chicago se anticiparon y entraron primero: saltaron a la cancha, robaron a sus propios jugadores y después fueron a enfrentarse con la hinchada rival. La pelea siguió incluso en la General Paz (ladera al estadio) y la Policía miraba sin capacidad de reacción.
La violencia en el fútbol es uno de los hechos más dramáticos que tuvo que afrontar el gobierno de Néstor Kirchner. ¿Qué hizo al respecto? Nada. Hoy hereda el tema su esposa, la presidenta Cristina. ¿Planea hacer algo? Por lo pronto, ya presentó un proyecto de ley que fue aprobado por el Senado (por unanimidad) y espera ser tratado por Diputados. Sin embargo, la iniciativa apenas promueve cambios punitivos para quienes cometen los delitos -lo cual no es poco- pero no apunta a resolver las causas del problema.
Cuestión de fondo
La propuesta del Gobierno se denomina Régimen Penal y Contravencional para la Prevención y Represión de la Violencia en Espectáculos Futbolísticos y consta básicamente de tres puntos. En primer lugar amplía el marco de aplicación de la ley vigente (la 23.184 de violencia en el fútbol), para que no sólo rija en los estadios sino también en los traslados. Se sabe que muchos incidentes no se dan en el interior de las canchas sino afuera.
Luego, impone al juez interviniente que prohíba en forma cautelar que los imputados por hechos de violencia ingresen a los espectáculos deportivos hasta que concluya el proceso judicial. Tampoco podrán acercarse a cinco cuadras del lugar donde se desarrolla la competencia.
Por último, crea un Registro Nacional de Infractores a la ley del Deporte en el ámbito del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. En este registro público constará el nombre completo, apellido materno, domicilio, alias y foto 4x4, entre otros datos.
Una idea razonable: el que cometió actos de violencia, que no ingrese más. Sin embargo, la medida no ataca los problemas de fondo del fútbol argentino.
El sociólogo y filósofo Pablo Alabarces, especialista en cultura popular e investigador en temas vinculados a la violencia en el fútbol, explica a Parlamentario la importancia de atacar las causas y no sólo las consecuencias. “Esto no se soluciona en 10 minutos sino en 10 años de mantener una política constante. No sirve primero prohibir a los visitantes, después a los locales y después al fútbol”, asegura.
El problema, según su perspectiva, es que “la violencia dentro de la cultura del fútbol es absolutamente legítima y excede a los barras”. Y agrega: “La violencia de la barra es legítima porque para el resto de los hinchas permite demostrar que esta hinchada tiene más aguante que la otra. Ahora, dentro del contexto de violencia hay un grupo -los barras- que acumula más aguante lo vuelve una mercadería en un mercado. ‘Como yo tengo toda esta cantidad de aguante, pido a cambio toda esta cantidad de bienes’. Si no existe el contexto previo, la barra no existe. La barra acumula una gran cantidad de aguante y lo transforma en capital que le permite obtener beneficios económicos con la dirigencia”.
La violencia es para Alabarces un gran negocio. En este sentido muestra por ejemplo, que gracias a eso más gente contrató los servicios de codificadores. “Las soluciones empiezan por intervenir la AFA -asegura-. Porque hay un contexto en el cual la corrupción organiza el mundo del fútbol: desde dirigentes que negocian pases, jugadores que venden a la madre y después no te la entregan… la barra existe porque puede agarrar parte de ese dinero corrupto. Hay un pacto de silencio entre todos, más la Policía que negocia policía adicional que manda a los partidos”.
En el Congreso
Uno de los que viene pujando porque esta intervención se concrete es el diputado del ARI autónomo Carlos Raimundi, que presentó un proyecto de declaración al respecto. “El fútbol tiene una llegada tan grande que los valores que proyecta tienen que ver con lo sociocultural. Y cuando se pierde la esencia deportiva para subordinarlo al negocio, eso habla de los pilares éticos de la sociedad”, aseguró.
Como Asociación Civil sin Fines de Lucro, la AFA está sujeta a una inspección de la Inspección General de Justicia, que es la que da autorización a las personas jurídicas para funcionar. Pero para eso debe cumplir determinados objetivos. “Si no cumple, el Gobierno no puede permanecer ajeno a todo esto”, opina Raimundi ante Parlamentario y asegura que actualmente se está violando el estatuto de la organización. “La injerencia de sectores violentos en la conducción del fútbol lo desnaturaliza completamente; el descenso del nivel deportivo de los torneos, el éxodo masivo de jugadores y una cantidad de factores que hacen que la AFA no cumpla su función”.
En el Congreso el tema se viene trabajando, pero a paso muy lento. El 29 de noviembre de 2006 se aprobó la creación de una comisión en Diputados para el Análisis, Evaluación e Investigación de la Violencia en el Fútbol. Hasta ahora no se han arribado a mayores conclusiones, con lo cual el titular de la Comisión, el ex diputado Juan Carlos Bonacorsi pidió que se extienda su funcionamiento hasta el 31 de julio de 2008.
Entre los que proponen otros cambios aparece el diputado correntino Hugo Perié, quien pide que se modifique la ley de violencia en el fútbol agregando que “las entidades o asociaciones participantes en la organización de un espectáculo deportivo son solidariamente responsables de los daños y perjuicios que se generen en los estadios, y sus inmediaciones”. Quiere de este modo que también los clubes se hagan responsables por la materia.
Por último, una iniciativa de Marta Velarde está en la tónica de lo planteado ahora por el Poder Ejecutivo.
Causa y efecto
La violencia en el fútbol no es una causa en sí, sino un efecto… un efecto de una sociedad que tiene serios problemas de convivencia; un efecto de políticas que generaron pobreza y exclusión… Para solucionar los problemas hace falta una política integral. Hasta ahora no parece haber respuesta del Gobierno: ni de éste ni del anterior, que en definitiva son lo mismo. El subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos en ambos fue el mismo y se llama Javier Castrilli, quien no parece haber acertado en el tema. |