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Todos esperaban que en la primera inauguración de sesiones ordinarias que la tendría como principal protagonista, esta vez se ceñiría a un texto escrito, tal cual sucedió histórica y tradicionalmente. Su esposo no había sido la excepción, aunque el último año se apartara varias veces del guión, desgranando frases del estilo de las que se había acostumbrado a expresar desde su emblemático atril. Lo cierto es que Cristina Fernández de Kirchner volvió a sorprender, tal cual lo hiciera en el discurso de asunción, sin leer ni guiarse de apuntes.
En rigor, no hizo más que poner en práctica lo que para muchos es su principal cualidad: la oratoria, adquirida a través de doce años de transitar por diversas cámaras legislativas. Y en tren de dar discursos largos, ya dio cabal demostración cuando por ejemplo el canal oficial transmitiera de punta a punta una larguísima exposición que transgredió en 2006 las reglas legislativas en materia de tiempos, para defender entonces la reforma del Consejo de la Magistratura.
En esta oportunidad, eligió una serie de puntos sobre los cuales hizo eje, como así también deliberadamente escogió otros temas para omitir. La inflación, por ejemplo, como criticaron desde todos los sectores, excepto el oficialismo. No fue la única cuestión pasada por alto; tampoco tocó el conflicto con Uruguay, ni hubo referencia alguna al papel de la oposición.
Habló sí de un acuerdo con diversos sectores, en los cuales no parecían los partidos estar incluidos. Estuvieron las permanentes referencias críticas a la prensa, una gran cantidad de cifras y porcentajes positivos, y hasta una caricia final hacia el Congreso, cuando prometió que “cada una de las iniciativas que vamos a enviar, así como las que ya hemos enviado, vamos a debatirlas y a discutirlas como lo hemos venido haciendo”. Ni los propios legisladores oficialistas deben habérselo creído.
El discurso
Así las cosas, el sábado 1° de marzo se vivió una apertura de sesiones ordinarias con mucha liturgia, calles llenas de pancartas y mucho símbolo peronista.
Cristina habló de muchos temas y sentó las bases de lo que para ella son los cuatro puntos más importantes para llegar al bicentenario. Frases aplaudidas por propios y criticadas por ajenos.
“Estamos por primera vez en cien años, en cinco años interrumpidos de crecimiento económico a tasas superiores al 4 y 5 por ciento. Si volvemos a crecer habremos completado el mayor período de crecimiento de toda nuestra historia. Hemos logrado lo más importante hecho en los últimos cien años, no es poca cosa”.
Para hablar de esta expresión, nada mejor que un historiador. El ahora diputado José Ignacio García Hamilton (UCR-Tucumán) explicó que “la Presidente cometió falsedades en sus dichos”. “En primer lugar, no estamos viviendo el período más largo de la historia con crecimiento sostenido, sino que éste se dio entre los años 1875 y 1910, en este período la Argentina vivió un creció ininterrumpidamente al 3,9%, pese a problemas de balanza de pagos y déficit fiscal”, dijo.
Claudio Lozano hizo una referencia similar. “Me parece difícil dar una discusión seria si uno dice que vamos a reflexionar sobre los últimos 200 años y ellos son los mejores de los últimos 100. Ya dejaron a Perón afuera. Me parece que el Gobierno no registra que las condiciones que hicieron posible el crecimiento de la Argentina del 2002 para acá”.
“Tenemos que aglutinar a sectores que hasta hoy parecían enfrentados y acordar lo que yo defino como el acuerdo de los argentinos o el ‘Acuerdo del Bicentenario’. (…) No hay acuerdo que no tenga objetivos y si nos propusimos hace casi cinco años dar el combate por el trabajo y llegar a una desocupación de un dígito, un objetivo debería ser llegar a una pobreza de un dígito”.
Las críticas al acuerdo no tardaron en llegar. Especialmente, por la falta de llamado a la oposición para generar políticas de Estado. “Lamentamos que la Presidente no haya dedicado una sola línea a darnos a conocer qué relación quiere tener con la oposición o qué rol le gustaría que tuviera el Parlamento. En temas como la inseguridad es donde oficialismo y oposición podemos trabajar juntos en pos de una política de estado, por ejemplo”, opinó el titular del bloque radical, Oscar Aguad.
En el socialismo opositor, Roy Cortina también hizo críticas similares. “No se puede hablar de acuerdos mientras el Congreso siga siendo una escribanía y no se debata en serio”.
Sin embargo, en el oficialismo elogiaron esta visión. “Hay que destacar la mención al Congreso. Este va a ser un año parlamentario fuerte en el que va a haber diálogo, disenso y que vamos a respetar las opiniones de todos”, dijo el presidente de la Cámara, Eduardo Fellner.
También sobre el planteo de los “acuerdos del Bicentenario”, el ex gobernador de Santa Fe Jorge Obeid dijo que “fue un discurso maravilloso, objetivo, con conceptos claros y buenas definiciones que dan muestra que la Presidenta sabe de lo que está hablando y lo que pasa en cada área”. Y expresó que “en una hora y media de discurso uno no puede hablar de todos los temas”.
“Habló de acuerdos con el que quisiera tener acuerdos. ¿Por qué se excluyen?”, criticó el ex gobernador de Buenos Aires Felipe Solá.
Acuerdos básicos
La Presidenta planteó cuatro acuerdos básicos de cara al bicentenario. La economía, infraestructura, conocimientos (educación, ciencia y tecnología) y salud.
“Tenemos que generar acuerdos sectoriales que nos permitan sostener precios internos y saldos exportables: sostenimientos de la calidad de vida argentina y aumento de las exportaciones. Es un modelo de profunda racionalidad e inteligencia”.
La oposición criticó el tema, fundamentalmente por considerar que no se puede hablar de acuerdos en lo económico sin mencionar acuerdos en cuanto la inflación y la forma de medirla.
“Hizo menciones con muchos detalles, con muchas cifras, pero omitió lo central, que es el problema de la inflación y el no acompañamiento de la velocidad de las inversiones para sostener este ritmo de crecimiento”, observó el diputado Francisco de Narváez, quien agregó que esperaba “escuchar cuáles serán las políticas anti-inflacionarias”.
“Hubo ausencia de cuestiones centrales. No tocó el tema de cómo va a enfrentar en tema de la inflación, ni de cómo redistribuir ingresos en la Argentina”, criticó el titular de la bancada de la Coalición Cívica, Adrián Pérez.
“El principal problema de la economía argentina en estos momentos es la inflación y este Gobierno no encuentra cómo controlarlo. Con patoteros o índices mentirosos no se soluciona la pérdida del poder adquisitivo de los sueldos. La base del modelo de crecimiento económico debe ser saneada para iniciar una etapa de redistribución equitativa de la riqueza”, dijo por su parte el titular del radicalismo, Gerardo Morales. Oscar Aguad, reforzó el concepto. “El discurso de la Presidenta no puede ser llevado adelante sin inversión y sin energía, que son dos déficit estructurales que tiene esta gestión de gobierno. La economía tiene problemas estructurales, hay inflación creciente y de esto no dijo nada”.
Federico Pinedo, jefe del bloque del PRO en Diputados, también observó como “impresionante” que ni siquiera haya pronunciado la palabra ‘inflación’. “Esa es una muy mala noticia para todos los argentinos y en especial para aquellos más pobres”, afirmó el diputado macrista.
Desde el neo-oficialismo, Ariel Basteiro (socialista K) también criticó: “No asumir el tema de la inflación como un problema. Hubiese sido indicado asumirlo y plantear soluciones al respecto”.
Sin embargo, Felipe Solá defendió. “No debe caer en la cuestión coyuntural. Ella planteó los temas para el bicentenario y ella hace al hablar que se lo conozca”.
“Quiso instalarse que la energía era una cosa que sucedía solamente en la Argentina. Es un problema del mundo y de la región, y nosotros estamos en el mundo y en la región, por lo tanto debemos abordar la cuestión con seriedad y tranquilidad”.
Gerardo Morales criticó esta expresión. “Nos amparamos en el ‘mal de muchos’ y no hay plan B para solucionar el tema. Se nos compara con países como Brasil que han encontrado algunas soluciones”. Eduardo Macaluse, titular del ARI disidente concluyó que esa expresión “no concuerda con la realidad”.
Pero la energía no fue el único tema respecto a la infraestructura. También se prometió entre otras cosas un plan de AySA para que no haya ningún hogar sin agua potable. El senador de la Coalición Cívica Samuel Cabanchik planteó que a su criterio ése fue el punto más destacable del discurso. “Me parece muy loable el objetivo de llegar a cero de falta de agua potable, como plan quinquenal”, agregó.
Sin embargo, el historiador García Hamilton también señaló un error conceptual al respecto. “Pretender que el problema del agua se soluciona por la acción de AySA es desconocer que la empresa solo actúa en el Gran Buenos Aires y Capital, lo que es nefasto para el resto del país”.
“Tenemos que abordar el tema de la calidad educativa. Cada vez que hablamos, hablamos de salarios. Hay que hablar de calidad. (…) y todos nos tenemos que comprometer con esto: no sólo el Estado sino también docentes, padres y alumnos”. Este fue tal vez el punto de más acuerdo entre oficialismo y oposición. Eduardo Macaluse habló de “coincidencias básicas” en este punto, pero nuevamente insistió en que “hay que ver si esto se plasma en la realidad”.
Samuel Cabanchik también planteó una de cal y una de arena: “Me pareció de una gran claridad conceptual cómo planteó el tema de la gestión del conocimiento”, pero a la vez criticó que no se haya mencionado “ni una vez la palabra cultura”.
“Hay que hacer un acuerdo sanitario para que lo público no compita con lo privado (…) y articular a la escuela con la salud”.
El diputado del socialismo K Ariel Basteiro ponderó este punto. “Es muy importante, y esto habla de profundizar el cambio, como se trabajó en la campaña electoral. Estoy seguro que la responsable del área (Graciela Ocaña) va a viabilizar esto”.
“Algo en lo que no puede haber acuerdos es en la impunidad, la seguridad y la Justicia. Aquí no podemos hablar de acuerdos sino de cumplir la ley. (…) debe haber una solución sistémica para todos los delincuentes: los de lesa humanidad y los comunes”.
Felipe Solá elogió este punto. “Estoy de acuerdo con que es el único punto que no se puede negociar”.
Sin embargo, el titular del bloque radical del Senado, Ernesto Sanz, hizo algunas observaciones. “No estamos de acuerdo con que deban unificarse el proceso para los delitos comunes y los de lesa humanidad. Los delitos a los Derechos Humanos necesitan un proceso especial porque son imprescriptibles. Por eso, el año pasado hemos presentado un proyecto de ley de agilización de los procesos judiciales para los casos de violación a los derechos humanos”.
El discurso de Cristina fue muy aplaudido por propios y repudiado por ajenos. Sin embargo, tanto unos como otros no parecen movidos por deseos intelectuales, sino por aspiraciones políticas: ver quién es el más chupamedias o el más hipercrítico. Cristina sentó las bases de un modelo que en lo teórico es loable (más allá de algunas ausencias importantes). Habrá que ver si los dichos logran plasmarse en la práctica.
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