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Mientras las o.n.g. que dicen defendernos (¿?) a los consumidores siguen “boludeando” haciendo denuncias mediáticas de aumentos de precios como si fueran grandes primicias salidas de investigaciones importantes, hace rato que ya se les han “hecho carne” a las amas de casa. A las de los barrios pobres que los sufren, les duelen y, por supuesto, no les convienen y están esperando que estas o.n.g. alguna vez se animen a salir de “las luces malas del centro…”, pasen a hacer alguna encuesta o control cerca de sus casas aunque tengan que pisar el barro y les lleven alguna solución válida y concreta a sus humildes reclamos… Y a las de los barrios caros que no les duelen ni los sufren, pero “les conviene” sumarse a la voracidad caníbal de los movileros que les preguntan estupideces teñidas de amarillo. Es cuando, a la vez que la señora “paqueta” (llámese vecina o llámese vocera de alguna asociación de “defensa” del consumidor o llámese señora gorda sin fueros) satisface la hambruna políticamente direccionada del inquisidor o inquisidora diciendo cosas tales como: “Así ya no se puede vivir, no hay plata que alcance”, como sabe que su “lamento” va a ser difundido, aprovecha para vomitar sobre el estacionamiento, la prepaga, el colegio privado, la inseguridad, el valor y la escasez de la nafta, los celulares, los pasajes de avión, las retenciones, el plan ganadero, la movilidad de las jubilaciones, Montoya, Moreno, las carteras de Cristina, los fondos de Santa Cruz, la valija, Chávez, etc., casi como en una réplica plagiada de los temas de los columnistas y las cartas de lectores de “La Nación”… Semejante prolegómeno que creo necesario, es para referirme al nuevo “acuerdo” (¿?) en los precios de algunos cortes de carne vacuna que, de repetirse la historia del anterior (mucho me temo que lo será) terminará siendo una auténtica burla debido al reiterado uso por gran parte del empresariado argentino del “hecha la ley, hecha la trampa”, con más la ayuda del agravante de no contar con la fiscalización necesaria y correcta por parte del gobierno. Desde las filas oficialistas se intenta, con esta medida que aplaudo efusivamente, aliviar en algo los efectos sanguinarios, vandálicos, descomedidos, abusivos, escandalosos, operatorios, codiciosos, inescrupulosos, insensibles, de los aumentos de precios de los productos de primera necesidad que carcomen el desvalido poder adquisitivo de los ciudadanos pobres. Pero, hete aquí que el anterior “acuerdo” de precios de algunos cortes de carne vacuna se refería exclusivamente al “novillo” y rápidamente el ingenio “engañero”, desleal y no castigado severamente como debiera haberlo sido, produjo la casi inmediata y “mágica” desaparición por aniquilamiento de la carne de novillo de las góndolas, dándoles un espacio que antes no tenían a los cortes de “novillito” y últimamente (por lo menos en los supermercados “Coto”) la aparición estelar del “novillito selección”, al solo efecto de “meternos el perro” de una manera tan inmoral como impune. Lo he hecho en alguna otra oportunidad y lo reitero: ¿Quién me aseguraba que, en plena vigencia del “acuerdo”, la carne que se vendía (y aún se vende) como “novillito” no era “novillo”?. ¿Quién controló para que esa casi segura maniobra especulativa fuera castigada ejemplarmente como deslealtad comercial y/o estafa al consumidor?...¡Nadie! Ni desde el gobierno ni desde las mediáticas o.n.g. que se autoproclaman nuestras “defensoras” maquillándose para dar las notas televisivas. Y menos que menos desde algún juez interesado en la justicia para los pobres… Mienten interesadamente los poderes económicos y los tecnócratas financieros mancomunados ambos sectores por ese periodismo portavoz de sus acciones e ideales, cuando dicen que éste y otros acuerdos serán una frustración porque “históricamente han sido un fracaso los controles de precios, debido a que son la oferta y la demanda las que imponen los importes que se pretenden regular”. Si el gobierno nacional tiene la seria decisión política y social de hacer respetar las decisiones tomadas en consenso con distintos sectores de la comercialización de la carne vacuna, no debiera haber presión económica ni política que pretenda y, menos que menos, logre torcerle el brazo. Es hora ya que se haga cumplir punto por punto la Ley de Defensa del Consumidor por parte de las autoridades competentes. Para eso es necesaria una fiscalización tan transparente como dinámica, que actúe con la premura y la eficiencia que reclama principalmente la clase menos pudiente. Ejemplo: Si a un consumidor de un barrio humilde, en un poderoso supermercado o en una carnicería cualquiera, le venden por “carne picada” una asquerosa mezcla pestilente de recortes inmundos con más cebo que carne, tiene que encontrar eco inmediato a su reclamo con solo un llamado telefónico a un 0-800 …que sea atendido… Los consumidores tenemos amplia experiencia negativa de muchos pactos y normas incumplidas por los comerciantes y los empresarios y sabemos que es un hábito la indefención que padecemos ante la innumerable cantidad de embustes a que nos someten a diario. Son tantos los “acuerdos”, que no me acuerdo…
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