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El llanto de Diógenes

13-3-2008

Por Hugo Presman

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Buenos Aires amaneció con un sol brillante en esta mañana de mediados de marzo cercana a la llegada del otoño. Los palos borrachos florecidos miraron sorprendidos a ese perro que en medio de la plaza lloraba desconsolado. Eran las 10,30 horas. Había una radio prendida. Que había dado la noticia. Diogenes se sintió más solo que nunca. Si hubiera sido hombre habría dicho más solo que un perro. En cambio sintió que su soledad en esa plaza, en la contratapa de Clarín, estaba compartida por el Linyera, su dueño desde hacía más de tres décadas. El mismo que se quedó mudo, mientras gruesos lagrimones caían sobre el rostro curtido por la intemperie y la miseria. Ambos comprendieron que se habían quedado sin guionista. Había muerto Jorge Guinzburg. Un hombre de enorme talento. Cuyo nombre quedará asociado por siempre al humor y a la alegría. Es el que innovó en televisión con la Noticia Rebelde junto a sus compañeros que partieron antes, Carlos Abrevaya y Adolfo Castelo. El del reportaje incisivo. El de la pregunta audaz. El periodista que cuando dejaba el humor sin abandonarlo nunca, se convertía en un comentarista no rutinario. Crítico del menemismo cuando a las radio las invadió el pensamiento único El que marcó un hito radial hace unos años con “ El Ventilador” en las mañanas de Radio América, acompañado por Adolfo Castelo y Carlos Ulanovsky entre otros. Años antes había alegrado los amaneceres con Carlos Abrevaya“ bajo el título de “En ayunas”. Luego hizo Vitamina G por Radio Mitre. En televisión transitó desde el humor sutil al grotesco. Desde “Peor es Nada” a “La Biblia y el Calefón”. Fue en éste último programa que pudo desarrollar con intensidad su rapidez para el remate humorístico, el retruécano brillante.

En el desierto televisivo de las primeras horas del día, “ Mañanas Informales” con su coequiper Ernestina Pais, marcaba las diferencias.

Sostenía: “Hacer La Biblia y el Calefón” me da placer. En realidad, debo decir en los últimos años, gracias a Dios, casi todo lo que hice fue un placer. No es que fue un placer solo La Biblia…porque en Mañanas Informales no la paso nada mal”

En periodismo gráfico contribuyó con su ingenio en Satiricón y Humor.

El Linyera se había levantado optimista en esta templada mañana de verano. Usando el árbol de respaldo decía: “ Pensándolo bien, no estoy deprimido ni un poquito así….¡ Me siento lleno de alegría, pleno y vital como un slogan publicitario! Creo que lo mejor de la vida está por llegar”. Parecía una versión en clave humorística de declaraciones formuladas por Jorge a Página 12 el 3 de enero del 2008: “Este año modificaré mi vida profesional, para que haya Guinzburg para rato”

Diogenes llora. Ahora sólo lo consuelan Héctor García Blanco y Tabaré, coguionista y dibujante. Ahora comprende en su real dimensión la soledad de Mendieta cuando murió Roberto “ El Negro” Fontanarrosa.

El petiso siempre pareció un grande con alma de pibe. Por eso, nunca se sintió más a gusto que en Guinzburg & Kids. Decía: “- Yo soy un niño¡ Y no por el tamaño! Guinzburz& Kids lo disfruté muchísimo. Ahí si era el nene en su máxima expresión ¡Me pagaban por jugar con otros nenes!......Jugar es una postura frente a la vida….Esa idea de seguir jugando siempre, hasta el final, pase lo que pase, es la que de alguna manera me gusta impregnar en mis programas, pero también en lo que sucede fuera de cámara”

El Linyera se ha acostado sobre el césped. Siente que su soledad es la misma que la de Inodoro Pereyra. Que ya, tal vez, no podrá seguir arrancando sonrisas a sus lectores. Mira a Diogenes y su desconsuelo incrementa el suyo.

Jorge Guinzburg sostenía: “ Una de mis obsesiones es transmitirles a mis compañeros la alegría del trabajo y la necesidad de conformar grupos humanos”

Admirador de Chaplin, Woody Allen y los hermanos Marx, decía que también podía disfrutar de Corona o de Gioia. Por eso podía ir del juego verbal sutil al estilo Groucho Marx o Woody Allen al grotesco de humor grueso y muchas veces desagradable de Corona.

Pasó por la publicidad y La Revista. Pero aún en este último ámbito propenso al escándalo evitó el mismo. Afirmaba: “ No lo permitiríamos, una persona conflictiva no duraría dos días”

Cuando esbozaba una sonrisa apenas contenida, el bigote se movía y los ojos le brillaban, una broma, una frase ingeniosa tenía su partida de nacimiento.

Uno se imagina a la muerte entrando al Mater Dei. Jorge que le sonríe y le hace una broma. Pero lo que tal vez Jorge no sabía es que la muerte no tiene sentido del humor. Es igualitaria porque no hace distingos. Pero a veces por apresurada, es tremendamente injusta. Jorge Guinzburg apenas tenía 59 años, cumplidos el 3 de febrero.

Dios parece que necesita humoristas para divertirse en su eternidad. Los argentinos que somos tan polifacéticos que inventamos el tango que según Discépolo “ es un pensamiento triste que se baila” tenemos humoristas excepcionales. Tal vez por eso Dios los anda buscando. En los últimos tres años se llevó a Adolfo Castelo, Roberto Fontanarrosa y ahora Jorge Guinzburg. Se dice, aunque nadie ha podido confirmarlo, que necesitaba recrear La Noticia Rebelde, y que junto al Inodoro Pereyra y el Mendieta, los cuentos y humoradas de Fontanarrosa amenicen su soledad.

Al humor se le ha atragantado la alegría. Se fue Jorge Guinzburg. Y junto a los palos borrachos florecidos, el llanto de Diogenes, acariciado por el Linyera, se escucha en las plazas de Buenos Aires.

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