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Con Sandrini se reía pero también se lloraba mucho… Con “Minguito” se lloraba a veces y se reía casi siempre… Con Jorge Guinzburg no se podía parar de reír y hoy lo empezaremos a llorar… Un creativo excepcional que no ha tenido parecidos por estos años, nos ha dejado helados con su “mudanza”. Esa espontaneidad prodigiosa, ese talento innato, esa simpatía preciosa y esa mirada pícara que acompañaba el “gag” y dejaba expedito el camino a su carcajada y a la de los demás, han quedado para siempre en los archivos de nuestra televisión para que los destapemos, los degustemos como a un elixir único y nos embriaguemos con unos sorbos de sus recuerdos imborrables… ¡Gracias por tu estatura, Jorge! El espectáculo debe continuar… Pero..¡Carajo que va a costar levantar el telón! Carlos Marsal amolasrimas@yahoo.com.ar |