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La política de la barra brava

1-4-2008

Por Gustavo Aramburu

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Este fin de semana, la violencia en el Fútbol genero un nuevo episodio con la barra brava de River Plate, semanas antes en el bajo Flores, en Mendoza y en Salta hubo tres muertes en un mismo fin de semana, estas se suman a una cifra escalofriante de doscientos y pico de victimas fatales desde el inicio del fútbol profesional.

Las barras bravas actúan ante las debilidades de los dirigentes y de los funcionarios o ante su amparo o necesidad. Las barras bravas más diversas, tienen vida activa en sus clubes, mecanismos de recaudación, y changuitas en actos políticos donde obviamente también son utilizados. Siempre existe un mecenas, algún dirigente político zonal, las barras de Morón, Los Andes, Chacarita, Almte Brown y tantas otras nunca fueron ajenos a los avatares de la política del pago chico.

Jefes y miembros de barras bravas, que son ñoquis en municipalidades, ofrecen servicios de seguridad, actúan de patovicas en actos o recitales, revenden entradas, organizan peñas y eventos, comercializan merchandising, lógico es que sus disputas internas por la posibilidad de obtener esos recursos termine en luchas mafiosas con muertos y heridos.

Las patotas de los Moyanos, la barra brava de los distintos clubes pasibles de ser contratadas por el dirigente político de turno, o los muchachos que acompañan a D Elia indudablemente abrevan en aguas comunes, el de la utilización de la violencia, la fuerza y la intimidación. Pueden estar en bandos diversos como en San Vicente el día del traslado de los restos del General Perón, pero tienen un lenguaje común.

Los violentos, tiene quienes los alientan, los sostienen, los utilizan y quienes le dan letra con discursos iracundos y justificables de su accionar, es lamentable que quienes deben velar por la seguridad de los compatriotas, le brinden apoyo y palco a quien horas atrás había dado una muestra acabada de violencias pretéritas

Don Ricardo BALBIN dijo que “No se realizará el país sino sobre la base de la unión de los argentinos”, hace un tiempo que el oficialismo se guía por un discurso de desunión, de confrontación permanente, de agravio y de virulencia.

Y la fuerza de un gobierno no se demuestra con concentraciones, donde se convoca militantes y adherentes rentados, para aplaudir u ovacionar como claque, e insultar a los que todos los días a las 4 de la mañana empiezan su jornada ordeñando en los tambos de Macia allá en tierras entrerrianas.

La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.

Juan Pablo II

Dr. Gustavo Aramburu

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