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El grave déficit en las fiscalizaciones que debe realizar el Estado (nacional, provincial o municipal) se nota de manera escandalosa cuando a cualquiera de nosotros se nos ocurre comprar alguna prenda en el barrio del Once o por la avenida Avellaneda y sus aledaños en el barrio de Flores, por citar solo dos lugares en los que se concentra la venta de la industria textil y por indicar solo una de las tantas actividades y dos lugares específicos en los que la “industria” de la evasión se ejerce con un desparpajo que aterra. Al trabajo esclavizado y la falsificación de marcas registradas (absolutamente comprobados y combatidos solo en parte y por un tiempo…), se le suma el impresionante descaro e impunidad de la facturación “en negro” que hoy no distingue raza, credo o religión… En los locales de venta “por mayor” (que son los más) se proveen tanto comerciantes como personas que subsisten con la venta callejera, en oficinas, casa por casa, etc. y los “de a pié” que pueden llegar a adquirir tres prendas con el beneficio del precio “mayorista”. Es allí donde supongo que la evasión impositiva ha de ser de una magnitud desproporcionada porque una factura o ticket recibido sin la insistente exigencia del comprador, es muy extraño o casi imposible de ver... Es muy normal observar costosas camionetas (que en el campo llaman “chatas”) estacionando y descargando en lugares y horarios prohibidos, frente a los comercios de venta de ropa. Vienen de algún taller…Mercaderías que nunca pagarán los tributos que deben. Están los que, cuando les conviene, dicen no entender castellano… Los que tenían la exclusividad del regateo… Y los que son, fueron y/o quieren aparecer como víctimas políticas o laborales… ¡TODOS EVADEN EL PAGO DE IMPUESTOS! Y todos lo hacen de la manera más natural que ya es para ellos una costumbre que pareciera no tendrá fin al menos por un tiempo. ------------------------------------------------------------- Hacemos una excursión imaginaria por la gastronomía, pasamos por la calle Warnes, por las jugueterías, las librerías y los bazares de la Avenida Jujuy, por “La salada”, por la producción, insumos y servicios agro-ganaderos, etc……….. En general, evaden todos! Y el que menos tiene, el que vive de un sueldo, de una jubilación sin privilegios o de alguna dádiva, paga religiosamente el 21% de IVA cada vez que compra su comida para subsistir. Y encima se tiene que bancar a los evasores –especuladores que, en cuanto pueden, le meten la mano en el bolsillo una y otra vez. |