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¿Y si comenzamos... ¡ya!?

28-4-2008

Por Carlos Marsal

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Cierta y obviamente no se cuanto me queda de vida.
De lo que tengo rotunda certeza es de que en mis 63 años metido en el montón de “los de a pié” (muchas veces con un agujero en la suela del calzado), siempre me ha tocado sufrir el impune descarado manejo que perpetran los empresarios y comerciantes con los precios de los artículos de primera necesidad, que son a los que me voy a referir puntualmente en esta re-caliente reflexión.
Durante más de veinte sacrificados años, ayudado por mi esposa y nuestros tres hijos, vivimos dignamente con un modestísimo comercio gastronómico en el que, a las comidas “para llevar”, le anexamos productos de almacén y fiambres. Las reglas eran tan claras y normales como son ahora de oscuras y perversas: 20% de utilidad bruta en todo lo de almacén y 40% en los fiambres teniendo en cuenta mermas en el peso, descartes, etc..
Nos iba bien, éramos felices viviendo de nuestro trabajo y no fue culpa nuestra el cierre por quiebra en los albores de 1998 y el “tsunami” de penurias hasta hoy, pero esa es otra historia…
Mi bendito país, nuestro bendito país, vive años de progreso económico como nunca en su historia de dos siglos, pero sigue habiendo muchos sinvergüenzas que se creen dignos en el comercio infame de especular y robarle a cara descubierta a quien sea, pero perjudicando (como siempre) a los que tienen reducido su poder adquisitivo.
Algo entiendo de algunas utilidades digamos cuasi domésticas y por ello tengo que salir a vociferar a los cuatro vientos: ¡NO NOS ROBEN MÁS, CANALLAS!!!

Este gobierno de la Señora Cristina Fernández, continuación del exitoso anterior de Don Néstor Kirchner, adolece como aquél de los controles fundamentales (en número y en idoneidad) que trate de ponerle coto a semejante insolente barbarie. Al no tener la cantidad y calidad de fiscalizadores que requieren estas y otras actividades, a las que debieran seguir sanciones ejemplificadoras para los estafadores de la buena fe, el “viva la pepa” es el “modus operandi” habitual que se ha instalado para quedarse, salvo urgente acción gubernamental que acote márgenes de utilidad.

Retornando al tema de los porcentajes, nuevamente quiero hacer hincapié en algunos productos en especial:
EL PAN Y LAS FACTURAS: Si un kilogramo de harina le cuesta al panadero 1,20 $ más o menos ¿se justifica que sumando levadura, agua, costo laboral, impuestos, servicios, infraestructura, alquiler (si no es propietario), envasado del producto, utilidad y algunas otras minucias, venda el preciado alimento a 6,40$ en un barrio pobre como Parque de los Patricios? ¿Y la docena de facturas llegando a los 10 pesos?
FIDEOS FRESCOS: Casi con los mismos ítems (sacamos la levadura y ponemos huevos (¿?), unas gotas de aceite y mentirosos colorantes): ¿Qué argumentos racionales pueden exponer los fabricantes de pastas para vender el kilogramo a 7 u 8 pesos por la misma zona?.
LA CARNE: Las maniobras de los supermercadistas multinacionales y nacionales que nos trampean día a día con las carnes “en bandeja” que siempre esconden descartes y si la querés en el mostrador a la vista la tenés que “garpar” más cara. El caso puntual de “COTO”: Nunca había ofertado “novillito”. Fue aparecer el acuerdo anterior de los precios pactados para que con una maniobra propia de David Copperfield desapareciera el “novillo” porque era más barato y su lugar en las góndolas lo ocupara el “novillito”.
Pero no terminó allí el “ilusionismo” (que no se a ciencia cierta si hoy sigue vigente). Si uno pasaba por el mostrador de la carnicería se iba a encontrar con otro pase de magia: “novillito selección”…
Más caro, el mismo de la góndola y… ¿porqué no pensar que fuera “novillo”?
Un apartado muy especial que pinta de cuerpo entero a todos los que venden carne al público (aunque por allí alguno escape de esta generalización): Lo que rotulan como “picada común”, es común que sea un asqueroso rejunte de recortes descartables sumado a un “engañero” porcentaje de cebo que hace peligrosa su ingestión.

Seguiría la lista hasta aburrir…….
Son ejemplos de un sinnúmero. Sirven para que desde el gobierno entiendan que es hora de salir de la “macro” para meterse de lleno en la “micro”.
Los pobres no pueden esperar que “se acomoden” los precios internacionales o se termine la negociación interminable con la opulencia campesina disfrazada de “dialoguista”, porque el hambre es ¡hoy!. La indignidad que provoca la salvaje inequidad social, fue ayer y es ¡hoy!.
Los Moreno y los Montoya, metedores de “el dedo en la llaga” que tanto resquemor les causan a los evasores, a los especuladores, a los periodistas, etc., (a los opositores en general), deberían multiplicarse por miles para acabar con esta lacra insensible de una buena vez.
Que tengan ganancias es normal. Pero no podemos soportar más que sea normal que nos roben impunemente.
Los subsidiamos, les damos beneficios impositivos, reciben créditos “blandos”, los salvamos de las quiebras, etc., (que paradójicamente también pagan los más pobres…) y, traicioneros, operan corporativos para joder al prójimo y al país, pensando solo en ellos...
¡INCONCEBIBLE!

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