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El derrumbe de Cristina en las encuestas

16-5-2008

A cinco meses de mandato, la Presidenta tiene menor imagen positiva que la que tenía De la Rúa en la misma época. El Gobierno evita que trasciendan los datos de esa merma y los encuestadores prefieren no ganarse el enojo kirchnerista.

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Por José Angel Di Mauro

Probadamente obsesivos los dos miembros del matrimonio K, Néstor Kirchner tiene un interés especial por los números, bien graficado en sus días presidenciales, cuando andaba todo el día con una libreta donde anotaba las cifras de la economía que puntual y personalmente le transmitían los responsables de cada área.

La obsesión por los números la expuso Kirchner durante su mandato, cuando abrumaba desde el atril o los palcos con los datos de una economía pujante, estilo que le transmitió a su esposa, quien ya en la campaña adoptara también esa costumbre -ajena a ella hasta entonces-, aunque hoy habla más de la prensa que de cifras.

Si los números no les preocuparan tanto, no habrían intervenido en el INDEC como lo hicieron. Los porcentajes que se conocen del costo de vida parecieran desvelarlos más que la inflación misma.

El primer axioma que contempla la idiosincrasia kirchnerista es entonces que los números positivos deben ser difundidos profusamente; el segundo, que los negativos merecen ser ocultados en primera instancia, para tergiversarlos más tarde, si no se han corregido.

Pasa con las encuestas, que desvelan a los Kirchner tanto o más que a un encuestomaníaco como supo ser Eduardo Duhalde. Conocedor del abc de la política, Néstor Kirchner sabe que los sondeos son una herramienta clave que amerita el tratamiento especial que les dispensa. Y un ejemplo vale para pintar claramente ese manejo.

Kirchner llegó al Gobierno con un 22% de los votos y un nivel de conocimiento popular escaso, que rápidamente se abocó a revertir. La entonces senadora Cristina Fernández era mucho más conocida que él y en consecuencia adoptó un deliberado pase a segundo plano para evitar horadar el crecimiento que su esposo debía conseguir. Pese a ello, en noviembre de 2003, a seis meses de mandato, fuentes cercanas al matrimonio confiaban a quien esto escribe que ella figuraba mejor que el esposo en encuestas que no daban a la luz, precisamente para evitar rozar aunque fuera mínimamente ese ascenso presidencial.

Costumbre de vieja data

Inteligentes ambos, los Kirchner saben que la imagen presidencial viene por estos días en descenso y claramente se percibe que se ha “operado” sobre los encuestadores para evitar la difusión de datos que corroboren lo que ya se palpa en la calle. Lo que más preocupa al ex presidente es que esa merma esté desbordando los centros urbanos donde Cristina ya había perdido en octubre pasado y esté llegando a zonas “propias” como el conurbano bonaerense. Ni qué decir de lo que sucede en el interior profundo -léase el campo-, que claramente votó por Cristina hace siete meses y hoy reprueba a todo lo que sea K.

Son pocas las encuestas que han logrado trascender. ¿Acaso no se está midiendo? La mayoría de los encuestadores ha optado por argumentar que la protesta del campo generó un escenario de “alta volatilidad” que sugiere esperar a que el humor general decante y recién después medir. Pareciera ser este un argumento pueril. Suena más convincente tener en consideración que, de las veinte consultoras de mayor reconocimiento, doce trabajan con el Gobierno… y desean seguir haciéndolo en el futuro.

Es sabido que quienes contratan a las encuestadoras esperan recibir datos positivos, como si el pago por el trabajo incluyera un handicap favorable. Esta situación, a lo que se acostumbraron los encuestadores, se potencia a niveles extremos con este Gobierno. Lo admitió ante Parlamentario un encuestador que trabajó con los Kirchner en Santa Cruz, hasta que “salió un número que no le favorecía y (el entonces gobernador) pidió que se desligaran de mí contractualmente”.

Ese mismo encuestador aclaró que esa es una costumbre extendida en los políticos: “Hay tipos que se enojan, dicen ‘los números esos no son así’, eso pasa siempre… -admitió-. Pero con semejante nivel de control de detalles y de circulación de la información, como en el caso de Kirchner, ninguno”.

Otra fuente consultada graficó la manera de trabajar del Gobierno con una anécdota contundente. Comentó lo que un encuestador de trato habitual con el kirchnerismo -y una lengua demasiado suelta- admitió en privado: el propio Presidente miraba en detalle las encuestas que él le elaboraba y luego sugería: “No, bajale dos puntos a Aníbal, subile dos puntos a éste…”. Y el hombre recogía el informe y ponía lo que le decía el Presidente.

“Seguramente esto que pasó con ese encuestador debe haber ocurrido con otros que son más recatados y tienen el tino de no comentarlo luego”, deslizó nuestra fuente. Por obvias razones, los nombres serán preservados.

Otro reconocido encuestador entrevistado sostuvo ante Parlamentario que esta costumbre se veía patente en tiempos en que Kirchner estaba en campaña presidencial, antes de arreglar con Duhalde y contaba con una escuálida intención de voto que oscilaba entre los 5 y 6 puntos -“por lo menos en Capital; en el interior no existía”- . Otro encuestador, que luego trabajó con él como presidente, le adjudicaba 12 puntos. Nuestra fuente publicó en la tapa de un diario esos 5 o 6 puntos, cuando el kirchnerismo promocionaba aquellos 12, lo que le mereció un llamado del propio candidato para quejarse. “Yo ni me calenté”, admitió el analista… que no fue contratado jamás.

Tendencia decreciente

Tímidamente hoy comenzaron a aparecer datos de la realidad que corroboran el inquietante descenso de la imagen de Cristina. La primera en difundir esa merma fue Graciela Römer, quien certificó trece puntos perdidos por la Presidenta en apenas un mes. Según sus datos, la imagen positiva de la Presidenta sumó un 41% en abril, contra los 54 puntos que acumulaba apenas un mes antes, cuando ya expresaba -eso sí- una tendencia descendente.

Los hechos posteriores no hicieron más que agravar la situación, y la consultora Management & Fit lo corroboró con una medición hecha en los últimos tres días de abril, que muestra una valoración positiva de Cristina de apenas el 34%. Según esos datos, apenas un 4% valora como “muy buena” la imagen de la Presidenta, quien ocupa un exiguo sexto lugar entre los dirigentes políticos con mejor imagen.

Si bien los números de Cristina siguen siendo buenos, las perspectivas son preocupantes. Sobre todo si se tiene en cuenta lo dicho hasta aquí: apenas dos encuestadoras han revelado sus datos; el resto opta por no medir, o bien guardarse la información. Por lo bajo, trascienden porcentajes coincidentes respecto a que la Presidenta bajó entre ocho y diez puntos sólo en el último mes. En los sectores más lejanos al poder K, se afirma que la valoración positiva de la Presidenta oscila entre los 23 y los 24 puntos.

Demasiada merma para un presidente aún nuevo. Reconocida por la gente como una continuidad de su esposo, Cristina claramente no goza de la luna de miel que se les concede a los mandatarios. Nadie piensa en Fernández de Kirchner como una flamante presidenta, sino en un gobierno que está por cumplir cinco años.

Salvando ese detalle, ni siquiera Fernando de la Rúa sufrió semejante erosión. Amén de que resulte chocante tal comparación -el poder de uno y otra y la coyuntura que cada uno ha encontrado son diametralmente opuestos-, vale el detalle de que a esta misma altura el entonces mandatario aliancista medía mejor que hoy Cristina. Una encuesta de Julio Aurelio publicada el 25 de mayo de 2000, mostraba a De la Rúa con un 54,2% de imagen positiva y apenas un 14% negativa. La imagen negativa que midió Graciela Römer en Cristina es del 24%, en tanto que a Management & Fit ese rubro le da un poco más alto.

Incomparables en la práctica, conviene recordar que por esos días De la Rúa conservaba altos índices de popularidad que “lentamente se distancian de su propio gobierno”, según escribía Eduardo Van der Kooy en Clarín el 21 de mayo de 2000.

Sin trazar paralelos de ejemplos no parangonables, vale citar otro punto en común. La encuesta de Management & Fit ubica al gobernador bonaerense, Daniel Scioli, como el dirigente con mejor imagen (50%). En aquella vieja encuesta de Julio Aurelio, el político mejor posicionado no era De la Rúa, sino Carlos Ruckauf (56,2%), por entonces también gobernador bonaerense.

En lo que coinciden todos los analistas entrevistados es en que la Presidenta tiene no sólo la capacidad para revertir esa merma de imagen, sino que están dadas las condiciones socioeconómicas para que ello suceda. Hasta hoy, al menos. La baja de Cristina está contaminada sin dudas por el conflicto irresoluto con el campo, pero sobre todo por el brote inflacionario y las reacciones adversas que algo así genera en una sociedad aterrada por ese fantasma.

Una baja de imagen afectada sin dudas por su mentor, el propio esposo de la Presidenta, que conserva una alta imagen positiva que supera a la de Cristina, que sigue siendo elevada, pero que también está en descenso. La erosión se percibió claramente cuando el conflicto con el campo volvió a desbarrancarse: todas las críticas de la oposición fueron hacia él. La Presidenta no fue tenida en cuenta ni a la hora de los cuestionamientos.

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