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“No sé porqué me dicen facha”

16-5-2008

La diputada Nora Ginzburg es la una única voz en el Congreso que se opone abiertamente a la política de derechos humanos del Gobierno nacional. Brega por una historia completa.

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Por Julio El Alí

Tan lejos de la justificación del accionar de la última dictadura militar como de la política de derechos humanos pregonada por el Gobierno, se alza una voz en la Cámara de Diputados que se autodefine como una suerte de “predicadora en el desierto”. Su objetivo es, dice, que “las futuras generaciones tengan una historia completa, con la memoria de todos”, tales sus palabras.

Nieta de judíos asesinados por los nazis, la diputada nacional Nora Ginzburg no duda en afirmar que hay que reconstruir la historia y critica duramente la política de derechos humanos actual. Fuerte cuestionadora del kirchnerismo, se queja por la existencia de una “memoria parcial, con muertos buenos y muertos malos”.

Integrante del bloque unipersonal Frente de los Derechos de los Ciudadanos, se definió ante Parlamentario como “ultraliberal”, aunque en lo cultural se admite “conservadora”.

“Yo quiero memoria, verdad y justicia, pero quiero memoria total”, aclara permanentemente.

- Si aplicaran la justicia no estarían persiguiendo a alguien que fue un subteniente... Fíjese, a mis abuelos los mataron los nazis por el solo hecho de ser judíos. Hubo 600 mil colaboracionistas nazis, ¿cuántos fueron juzgados en Nüremberg? ¿Y yo qué tendría que hacer, irme a Alemania y buscar al señor que conducía el tren al campo de exterminio?… La verdad, a esta altura creo que tengo que mirar al futuro.

- Cuando habla de “grupos”, ¿a qué se está refiriendo?

- Hay personas de todas las tendencias que se creen iluminados y se creen los dueños de la verdad. Ellos pueden decir a quiénes hay que perseguir y a quiénes no… Gente también que le ha hecho mucho daño a este país.

- ¿Cómo podría definir la política de derechos humanos de los Kirchner?

- Vengativa… y parcial, lo cual implica ser también mentiroso, porque ocultar también es mentir.

-¿Ellos fueron Montoneros?

- Que yo sepa nunca integraron las organizaciones guerrilleras. Y lo aseguró Mario Firmenich. En el Proceso, la Presidenta y su esposo hicieron plata.

-¿Por qué levantan las banderas de los derechos humanos?

- Primero, para hacerse el paladín de los derechos humanos, que no lo son, porque si alguien tenemos que reconocerle su política de derechos humanos es, con muchas críticas que yo he tenido contra él, a Alfonsín, con su actitud del 83 al 87, hasta Semana Santa, donde se juzgó a militares y no había testigos desaparecidos, no había testigos golpeados, todo el mundo iba y declaraba libremente… Pero yo creo que (en el Gobierno) se quieren hacer los paladines de los derechos humanos con una incoherencia total. Fíjese que nuestra Presidenta va a preocuparse por Ingrid Bentancourt, pero acá las Madres de Plaza de Mayo reciben a personeros de las FARC para que les dén clase en la universidad... Esto es para mí una farsa; pero aparte, con esto de ser los paladines de los derechos humanos se tapa un montón de cosas que se están haciendo pésimo: el problema energético, el de la inflación, el del campo…

-¿Son delitos de lesa humanidad los que cometieron los guerrilleros?

- Sí, son delitos de lesa humanidad. Ellos se apañan diciendo que no lo son, porque supuestamente el único que puede cometer delitos de lesa humanidad es el Estado. La doctrina internacional evolucionó, se estableció que los delitos de lesa humanidad son aquellos donde en realidad producen un daño muy grande a una población civil, y los delitos no tienen que ver con quienes los hayan cometido, sino con la trascendencia internacional. En este contexto, no podríamos negar que los delitos, tanto de Montoneros como de las FARC son de lesa humanidad.

- Usted cita los juzgamientos que ordenó Alfonsín, ¿cuál es su visión del Juicio a las Juntas?

- Yo creo que el acto de juzgamiento a las juntas militares fue un acto de justicia, con el error de que en vez de haberse empezado a investigar el 24 de marzo de 1976, se tendría que haber iniciado en 1974. Pero ese juzgamiento me parece un acto de justicia; lo de hoy es un acto de venganza, una caza de brujas, donde cualquier señor puede decir “lo que yo digo es así, porque en mi familia hubo víctimas”. Pero el sufrimiento no da derechos, más allá de los que confiere la ley y hacer una ley a medida, como decía Montesquieu, es peor que violarla.

- Como integrante de la Comisión de Defensa, ¿cuál es la situación de las Fuerzas Armadas?

- Uno siente un poco de frustración cuando ve que a nuestras Fuerzas Armadas se las está destruyendo, que su presupuesto total es del 1%. En este momento Chile está invirtiendo el 4,5% del presupuesto en Defensa. Las Fuerzas Armadas están muy mal, algunos aviones dan pena... Aparte de lo presupuestario, de los sueldos que como pueden, tratan de bajárselos… nosotros vemos la cantidad de gente que se está yendo; eso le sale mucho dinero al país… Y se van porque, realmente, ¿qué gratificación tienen? Son humillados continuamente, sus sueldos son malos en comparación con lo que gana un militar uruguayo, un chileno o un brasileño, no tienen futuro… Ahora van a crear algo similar al observatorio de medios. ¿Quién va a decir cómo tienen que ser las Fuerzas Armadas? ¿Los Montoneros?

-¿Usted se siente una representante de los militares?

- Me siento representante de mi Patria. Una vez un coronel me dijo: “muchas gracias por lo que hace”. ¿A qué se refiere?, le dije. “Porque nos defiende”… No, yo defiendo a mi Patria, le aclaré, y si alguna vez los tengo que atacar a ustedes, los voy a atacar. Yo defiendo a todas las instituciones. Defiendo a las Fuerzas Armadas, aunque no soy militar; defiendo a la Iglesia, aunque no soy católica; defiendo al Congreso, al Poder Judicial… No defiendo a ninguna corporación, defiendo a todas las instituciones que me parece que son importantes.

-¿El Congreso es vital para reconstruir la historia?

- Es ideal revisar los diarios de sesiones de aquella época donde quien era diputada en 1975, la hoy ministra de Defensa, Nilda Garré, decía en el recinto: “Esta guerra boba que por derecha y por izquierda nos tiene sometidos a todos”. Bueno, seguimos presos de esto; de una justicia parcial, seguimos presos de una ideología que cree que hay muertos buenos y muertos malos, gente que tenía derecho a ser muerta, gente que tenía porque sí derecho a tomar las armas…

- En el Congreso, muchos, cuando usted empieza a hablar, dicen “uh, la de derecha, la facha”. ¿Por qué piensa que pasa eso?

- Le cuento que yo abrevé en las fuentes de Juan B. Justo y Leandro N. Alem. Mi primera militancia, que me vino por el lado de mi madre, fue en el Partido Socialista Democrático, y lo que me motivó a afiliarme a la Unión Cívica Radical fue el juicio a las Juntas. Creo que en ese momento fue mucha la admiración que tuve por el presidente Alfonsín, por haber hecho ese juicio y cumplir con su palabra. Me fui del radicalismo siguiendo a López Murphy, después del golpe de 2001, porque creo que hubo una traición de radicales y no pude entender cómo el partido que decía defender a las instituciones participó dé un golpe de Estado, porque no fue otra cosa lo que se llevó a cabo con De la Rúa. Yo no sé porqué me dicen facha, por una identificación maniquea. Si yo no acepto los crímenes de los terroristas se supone por un lado que tengo que aceptar los crímenes que cometieron los representantes del Proceso. Si yo hablo contra conductas o actos que tienen sectores que dan en llamarse a sí mismos progresistas -que para mí de progresistas no tienen nada, son progresistas farsantes-, entonces, en contraposición tengo que ser facha. Y si yo me tuviera que definir realmente diría que soy una liberal, en el verdadero sentido de la palabra. Posiblemente en lo cultural sea conservadora; en lo político soy ultraliberal. Yo no puedo aceptar los métodos de una dictadura. Tampoco puedo aceptar los métodos de una dictadura. Tampoco acepto que se confunda orden con represión o libertad con libertinaje. Y en lo económico diría que soy más bien socialdemócrata. Así que no sé porqué me dicen facha.

La diputada habla casi sin necesidad de que le formulen preguntas. Y recurrentemente vuelve hacia el Gobierno nacional, del que desliza sobre el final una frase: “Hay dos pautas que le muestran cuándo un gobierno ya no es republicano: cuando hay censura a la prensa, y la falta de independencia del Poder Judicial. Y nosotros estamos en esas dos. Creo que ya de República tenemos muy poco”.

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