Jueves

21

Agosto

clima · tránsito · mercados

     

A noventa años de la Reforma Universitaria

27-6-2008

Por Pedro J. Azcoiti

Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Imprimir
“Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno Siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a las todas cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más”.

No sólo fueron estas palabras el inicio del Manifiesto Liminar dado por la “Juventud Argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica” durante los sucesos de la llamada Reforma Universitaria de 1918, sino también el inicio de un profundo proceso de transformación cultural.

El más importante del Siglo XX en el país, y cuyas proyecciones y postulados aún permanecen vigentes, y contribuyeron a configurar un basamento educacional y cultural propio, en aquellos países donde se extendió y perdura.

Fue la Reforma hija legítima de la realidad social y educacional de entonces, por eso se produce en la vetusta universidad cordobesa, último bastión de la resistencia al cambio que los tiempos y el adelanto de las ciencias exigían.

Las cátedras, verdaderos feudos de cada profesor, eran manejados a su antojo por la poderosa tertulia denominada “Corda Frates”.

No en vano los estudiantes denunciaban que “las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra de la dictadura”.

Contra esto se levantaron. A comienzos de 1918 constituyen el Comité Pro-reforma decidiendo en marzo la huelga; el 11 de abril el Presidente Yrigoyen decreta a su pedido la intervención, y se funda la Federación Universitaria Argentina.

La intervención modifica los estatutos y convoca a elegir Rector el 15 de junio. La acción de la “Corda Frates” burla la voluntad de los estudiantes y a partir de allí la historia se precipita.

Los estudiantes decretan la huelga. Los hechos se suceden hasta que gracias a la decisión del Yrigoyen de profundizar los contenidos del movimiento reformista, y mediante la designación del propio ministro de Instrucción Pública como interventor se logra aplicar un plan de reformas que merece la adhesión estudiantil y la finalización de conflicto.

El movimiento prontamente extendido a las restantes universidades constituyó una verdadera revolución cultural en el país y América.

Sus lineamientos básicos se sintetizan en la democratización del gobierno universitario mediante la Autonomía para gobernarse a sí misma, y el cogobierno entre docentes, estudiantes, y graduados; la periodicidad de cátedras, para garantizar la renovación de ideas y un libre acceso a las mismas mediante cátedras paralelas; la gratuidad de la enseñanza como garantía de la igualdad; la extensión universitaria, parea insertar a la universidad en la realidad social y ponerla al servicio de los intereses nacionales.

No menos importantes son los principios de asistencia libre, docencia libre, la publicidad de los actos universitarios; la ayuda social de los estudiantes; el sistema diferencial para la organización de las universidades, también sancionados por el Primer Congreso Nacional de Estudiantes realizado en Córdoba en 1918.

Es justo reconocer que la Reforma fue posible por un acontecimiento producido dos años antes: el advenimiento del radicalismo al poder.

La llegada de Hipólito Yrigoyen a la presidencia de la Nación significó el fin de una etapa histórica signada por el desconocimiento y menosprecio de la voluntad popular. El pueblo comenzó a sentirse protagonista de su propia historia.

La lucha de los jóvenes estudiantes fue comprendida y apoyada por el Presidente.

La Reforma cundió contagiando a universitarios de otros países, entre tantos, a Haya de la Torre en Perú, Germán Arciniegas y Rómulo Betancourt en Colombia y Venezuela, José Arévalo en Guatemala, José Vasconcellos en México.

Hoy, la realidad universitaria obviamente es otra y los tiempos y los problemas diferentes a los del 18; no obstante, esta etapa -como aquella- requiere de la comunidad universitaria, imaginación, audacia y decisión para enfrentar las dificultades y hacer cierta una Universidad comprometida con el país y la búsqueda de alternativas superadoras.

No habrá futuro sin educación, progreso sin ciencia. Hoy más que nunca es necesario jerarquizar el conocimiento y la Universidad como ámbito para su producción.

Los postulados del 18 aún mantienen su vigencia. Es deber de los reformistas del presente adecuarlos a las demandas actuales, manteniendo siempre los ideales democráticos, americanistas y de emancipación intelectual y espiritual que guiaron a los gestores de la Reforma Universitaria.

Y recordar siempre aquel mensaje del Manifiesto Liminar del 21 de junio de 1918 surgido de la pluma de Deodoro Roca: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”.

* Azcoiti es vicepresidente del bloque de diputados nacionales de la UCR

diseño web :: FIRENOX