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La profundización de la crisis del Gobierno con el sector rural puso al Poder Ejecutivo entre la espada y la pared en un tema crucial para la evolución económica: los vencimientos de deuda. A partir del grave conflicto con los productores agropecuarios comenzaron a surgir diversas interpretaciones respecto de porqué tanta “necesidad fiscal” por parte del Gobierno.
En ese punto, algunos funcionarios del Poder Ejecutivo admiten que el panorama empezó a cambiar a partir del aumento de las retenciones, una medida que detonó la durísima crisis con el agro y que más allá de las explicaciones para estabilizar los precios internos y la redistribución del ingreso, esconde cuestiones mucho más preocupantes.
Lo concreto y lo real es que el Gobierno se está quedando sin financiamiento, algo que genera preocupación y temor.
Este año el país debe hacer frente a vencimientos totales superiores a los 5.000 millones de dólares y para el próximo año se estiman que los compromisos alcancen unos 9.500 millones de dólares.
También se debe hacer frente a los constantes aumentos del gasto público, el cual se incrementó en el transcurso del año pasado en 40% y en este año, en principio, un 35%.
El panorama es muy incierto. Al desprenderse del Fondo Monetario, el Gobierno tuvo que recurrir a otras fuentes de financiamiento para cumplir con sus obligaciones de deuda.
Así, las necesidades de financiamiento que ha tenido el país desde mediados de 2003 hasta fines del año pasado fueron solventadas por la compra de bonos por parte de Venezuela, por emisión de títulos en el mercado local y por artilugios especiales y poco comunes como los autopréstamos dentro del Estado por parte de la AFIP, de la ANSeS y del Banco Central hacia la Tesorería. Ese esquema funcionó parcialmente hasta que se desató la fuerte crisis hipotecaria de los Estados Unidos, que está afectando a la economía mundial y sobre la cual no hay un panorama concreto cuándo y dónde puede culminar.
A partir de esta situación tan compleja, se terminó la “chequera” del gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez, y se restringió notablemente la capacidad de endeudamiento en el mercado local, cuyas imposiciones fueron sumamente duras para el Gobierno argentino, ya que el Poder Ejecutivo tuvo que pagar a Venezuela tasas superiores al 13% anual.
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