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Son varios los nubarrones de tormenta que deberá enfrentar el Gobierno nacional, al margen de la evolución del conflicto con el sector agropecuario. Está claro que la prolongación del duro cortocircuito con los productores agropecuarios le limó trascendencia a aspectos económicos sumamente relevantes y que presentan algunos signos de alerta.
El punto principal es la inflación, pese a que hubo una desaceleración de las ventas y de la producción industrial en el transcurso de los últimos dos meses.
La inflación tal como se encuentra el panorama en este momento se orienta a ubicarse en un nivel de 22 al 25 por ciento anual, una cifra mucho más elevada de lo que se había calculado en un primer momento.
Hay que considerar que el Gobierno avaló aumentos salariales que tuvieran como tope el 19 por ciento, aunque parece que ese nivel de incremento de salarios ha quedado corto con relación al incremento en los precios.
Lo grave es que desde el Gobierno se admite que por el momento no se están pensando en nuevos instrumentos para atacar la inflación. “Lo que se está haciendo es tratar de poner un freno a la inflación importada. Por eso se resolvió avalar una baja del dólar”, señaló una fuente del Palacio de Hacienda.
Sin embargo, esto trajo aparejado otro frente de tormenta para el Gobierno como es la pérdida de competitividad para el sector industrial.
De allí es que los popes de la Unión Industrial Argentina (UIA) ya emitió mensajes concretos advirtiendo sobre la ecuación económica que presenta la producción local. “Está claro que para que haya mejora de la competitividad y baja el tipo de cambio, también deberían disminuir algunos costos para la producción”, puntualizó el vicepresidente de la UIA, José Ignacio de Mendiguren.
El tercer aspecto central es el crecimiento de la deuda global. La deuda externa del país tuvo un crecimiento en el primer trimestre de este año del orden de los 3.400 millones de dólares y el monto global de la misma supera los 127.000 millones de dólares, es decir, una cifra muy cercana a la que existía previo al default de diciembre de 2001.
Para hablar de números concretos, en los últimos cuatro años la deuda creció en el orden de los 20.000 millones de dólares.
El cuarto punto para observar como complicado para el Gobierno es el notable aumento del gasto público.
El gasto se incrementó en lo que va del año en un 40 por ciento y es por eso que en función de ese incremento, y de los importantes compromisos de deuda, el Gobierno tuvo que aplicar las polémicas retenciones móviles a las exportaciones de granos.
A todo esto, empiezan a observarse signos de fatiga en el consumo y en el crecimiento de la actividad económica. Todo indica que el nivel de demanda interna ha tocado un techo y que para seguir firme debería instrumentarse medidas que permitan abaratar el crédito.
Pero la financiación está cada vez más lejos y los únicos instrumentos a los que sigue apostando el sistema financiero es a los servicios y a determinadas líneas de créditos personales.
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