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“Vivimos un sistema de maridato”

11-7-2008

El historiador y diputado José Ignacio García Hamilton critica las retenciones confiscatorias” y asegura que por más que el Congreso las apruebe el campo no las va a aceptar. Y asegura: “En las revoluciones fiscales, o se mata a los que la promueven o triunfan”.

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La historia no es una ciencia exacta sino una construcción. La historia no es contada tal como fue, sino que es reconstruida por los historiadores en forma constante. No decían lo mismo sobre el peronismo los libros de historia escritos en 1965 -con ese movimiento proscripto- que los que se escriben hoy. La historia, el pasado, se construye a través de las interpretaciones que se hacen desde el presente.

José Ignacio García Hamilton es historiador y tiene el privilegio de estar construyendo doblemente la historia. Por un lado, a través de sus investigaciones. Por el otro, a través de su propia práctica política: desde diciembre de 2007 es diputado de la Nación, opositor al Gobierno de Néstor Kirchner. Ingresó al Congreso por la lista de Roberto Lavagna y actualmente es una de las voces más consultadas en el bloque del radicalismo. Sabiéndolo crítico del esquema de retenciones móviles, Parlamentario dialogó con el legislador para que intente explicar el conflicto con perspectiva histórica. A través de ese prisma, García Hamilton asegura que “las rebeliones fiscales siempre terminan triunfando, salvo que se ejecute a todos sus protagonistas”. Dice que Néstor Kirchner es un “Presidente de facto” y que cometió demasiados “errores políticos”. No obstante, se muestra optimista respecto al futuro porque “hay una madurez en la sociedad”.

- ¿Cree que el conflicto entre el Gobierno y el campo quedará resuelto una vez que el proyecto sea aprobado por el Congreso?

- Creo que no. La Cámara de Diputados intentó legalizar un saqueo. Quiere legalizar un despojo. El proyecto aprobado implica que el 48% de los ingresos de un productor va a ir al Estado. Eso implica que en los hechos va a pagar un Impuesto a las Ganancias del 90%. Eso es un robo con fuerza legal y el campo no lo va a aceptar. Primero va a tratar de que el Senado no lo apruebe y después intentar con la Corte. Las rebeliones fiscales siempre terminan triunfando, salvo que se ejecute a todos sus protagonistas como fue el caso de la rebelión de Tupac Amaru en 1780.

- ¿Qué errores políticos cometió el kirchnerismo?

- El mayor error político es establecer un impuesto confiscatorio, porque implica que el Estado se queda con el 50% bruto del trabajo de los productores. Ese fue un error político y moral. Y no creo que pueda quedarse sin consecuencias. No creo que la Argentina pueda absorber la continuidad de este sistema de retenciones, por más que lo sancione el Congreso.

- Más allá de estar en desacuerdo con la medida, ¿cree qué se podría haber implementado de otra manera?

- Se podría haber manejado de manera más elegante. Pero el tema es el fondo del asunto. Primero se ponen retenciones y las explicaciones posteriores que dio el gobierno fueron peores. Primero saca un 45 por ciento del ingreso de los productores y después les dice que es para protegerlos a ellos y a sus campos. Fue una excusa que agravó la situación. El error político básico fue establecer el impuesto y las explicaciones agravan la situación.

- Muchos legisladores plantean que no se puede dar marcha atrás con la medida, porque sino cada vez que se quiera poner un impuesto se tendrá a la gente en la calle protestando…

- Eso es un infantilismo, porque desde hace 800 años o más que no se pueden establecer impuestos confiscatorios. No lo pudo hacer Juan sin Tierra en 1215 y tuvo que conceder la Carta Magna. No lo pudo hacer Carlos I en 1649 y terminó ejecutado por las tropas del Parlamento. No lo pudieron hacer los españoles cuando aumentan la cuota de impuesto aduanero en 1780 y tienen una rebelión que costó 100.000 muertos. Decir que no se puede dar marcha atrás para no violar principio de autoridad, es un desconocimiento de la historia. Estos impuestos no se sostienen. O habrá una nueva rebelión o la gente dejará de producir.

- Usted recomendaría que estudien más historia, entonces…

- Exactamente. Que estudien. En las revoluciones fiscales, o se mata a los que la promueven o triunfan.

Doble comando. ¿Error político?

- ¿Cómo analiza el hecho de que marido y mujer gobiernen, muchas veces contradiciéndose?

- Es error político y personal. Vivimos un sistema de maridato. En época de Roca se decía que era un unicato porque Roca controlaba el Poder Ejecutivo, el partido y los gobernadores. Hoy hay sistema de maridato. La esposa habla y el marido maneja el Gobierno y el partido. Y yo creo que eso provoca confusión y rechazo en la opinión pública. Porque a la gente le gusta tener claro quién es el que manda y gobierna, y más en países de tradición autoritaria como el nuestro.

- ¿Existe en el mundo algún antecedente así?

- No. Creo que no hay antecedentes.

-¿Y en la Argentina el caso de Nina Juárez y Carlos Juárez?

- Es algo distinto. Nina ocupó un mandato, pero me parece que Juárez no la opacó de esta manera. No lo veo exactamente igual.

- Cristina ahora tiene tres años y medio por delante. ¿Cómo se reconstituye su autoridad?

- Políticamente lo veo muy difícil. Habrá que entrar en el plano de lo psicológico. A ver si él decide correrse a un costado para que ella tenga un espacio más importante. Pero me parece que políticamente es difícil. Esto es como cuando se rompe algo en pedazos. Se lo puede pegar, pero siempre queda roto. La imagen de ella se vio muy afectada por la notoria participación del marido; notoria e inconstitucional. Porque hoy tenemos un presidente de facto. La gente ya aceptó que tenemos una presidente nominal y uno de facto. Pero eso no le gusta a la mayoría.

- Entonces al futuro lo ve negro…

- No. Lo veo bien para la Argentina porque las circunstancias son buenas. Pero hay que superar lo institucional. En ese sentido la clase política va muy detrás. Hay un grupo de productores que ha leído bien la situación internacional, vio que había demanda de granos y se dedicó a producir. La relación de los términos de intercambio es la mejor en 100 años. Si se retiran los inconvenientes u obstáculos políticos, creados por la voracidad fiscal del Gobierno, el país va a andar muy bien.

- Desde lo económico, entonces, no ve problemas. ¿Pero desde lo político?

- También vamos a andar bien, porque la gente no quiere volver al esquema de enfrentamientos. Yo viví dos veces el esquema de enfrentamientos. La primera, en el final del peronismo donde había una gran división y odio entre peronistas y antiperonistas; y en los 70 con la división izquierda-derecha. Hoy la población no quiere eso, hay una búsqueda de armonía y sentimiento democrático.

- ¿Otra mala lectura política?

- Kirchner es como “Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia”: era un hombre grande que hacía cosas de niño. El no fue montonero en los 70 y quiere serlo ahora; no luchó contra la dictadura en los 70 y quiere aparecer como un militante; no estuvo preso en la ESMA y abrió la ESMA y la recorrió como si hubiera estado preso allí. Quiere volver a esos enfrentamientos, se siente bien con una sociedad dividida, donde él apostrofa al otro grupo. Pero hay una madurez en la sociedad que superó aquellas etapas de enfrentamiento y de odio. Hoy la sociedad avanzó y el que menos avanzó se llama Néstor Kirchner. Aún en este enfrentamiento, vi gestos de civilización, como el abrazo entre Rossi y Buzzi. Están discutiendo intereses distintos, pero no se van a matar por eso.

- Usted dice que la sociedad maduró y que Néstor Kirchner se quedó en el tiempo. ¿La oposición maduró o no con todo esto?

- Yo creo que sí. Hay una oposición democrática, no golpista, sin odios ni rencores. Me parece que sí.

- ¿Pero son una opción de poder?

- Eso se va creando sólo con el tiempo, a medida que el oficialismo se desprestigia. Mientras el Gobierno genera grupos de choque, la ciudadanía no entra en la provocación. No salió a pelear con D’Elia y Depetri. Hay una madurez. Y lo mismo sucede en la oposición.

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