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Adulones del pasado

15-7-2008

Por Ricardo Lanceta

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Poner en vilo la paz de la republica por ser adulones del pasado, es por lo menos una irresponsabilidad política

El escenario nacional dividido, la sociedad dividida, es una apuesta forzada por el Gobierno que ve en la disidencia un enemigo al que hay que vencer, jamás convencer.

Un escenario que mucho tiene que ver con la lógica política de los años 70 (para un sector), donde, agudizar las contradicciones era una estrategia de lucha y generarlas, inclusive artificialmente, cuando éstas no existían, una constante.

Por suerte el mundo han evolucionado, pero es evidente que para algunos dirigentes no ha sido así, pues subestiman la conciencia media de la sociedad argentina, que no vive el presente ni la política en términos belicistas, no admite que deba haber en democracia vencedores ni vencidos, sino que apuesta y cree en el dialogo en la mediación política, en la superación de las antinomias, en la consideración de la sociedad como un todo, no admite, se opone a un corte y/o fraccionamiento como pareciera que el ex Presidente, está obsesionado en hacer.

En este contexto se va camino de una sociedad chavista.

El pueblo argentino todo, y no solo los sectores rurales y afines, comparten una visión de futuro democrática y progresista en términos reales y no de discurso, y ser progresista en la Argentina no es adular al pasado, sino todo lo contrario, pararse en la realidad del presente para avanzar, y también es ser democrático y republicano, pues es sabido que no hay democracia sin república.

Ser progresista es velar por los que menos tienen, pero también para haya movilidad vertical, pero en serio y no velar por los excluidos de manera clientelar, para someterlos a una dependencia indigna.

Es necesario que se haga una distribución de la riqueza, con honestidad y trabajo, que es lo que realmente dignifica; y el trabajo se genera con la intervención del Estado alentándolo, sin frenar el crecimiento, generando políticas públicas para que esa nueva burguesía de base agroindustrial, poderosa que asoma no sea eliminada pues no es allí donde está el enemigo.

No demonizar al adversario pareciera ser una tarea muy compleja de entender, al menos para quienes tienen una matriz de pensamiento como el ex mandatario. ¿Qué necesidad, que no se funde en una paranoia poco entendible, existiría para realizar un “contra acto”?

Por último, resulta cuanto menos significativo que le den las espaldas al Congreso de la Nación, desde la posición del palco oficialista.

Es de esperar, por el bien de la república que sea nada más que una distracción de algún D Elía, u otro acólito similar de los que asesoran al Jefe Supremo del PJ.

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