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No cuentes conmigo

18-7-2008

Le tocó a Julio Cobos cerrar el ciclo de la Concertación Plural al votar en contra de los K. Final para una obediencia debida. Cobos, Emilio Rached y Carlos Menem plasmaron el ocaso.

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“Yo no soy Daniel Scioli ni “Chacho” Alvarez”. Esa era una de las frases preferidas de Julio Cobos a la hora de comentar entre los suyos su posición en relación a las retenciones móviles. Desde que publicó su carta abierta convocando al diálogo con las entidades empresariales y que sea el Poder Legislativo el que defina el conflicto, el vicepresidente de la Nación se ganó la furia K en público y con mayor razón en privado.

La acción de Cobos desnudó que el armado electoral de octubre fue superestructural sin anclaje ideológico, sino de cara a las urnas con el fin de seguir siendo moradores de Balcarce 50 por cuatro años más.

También la derrota en el Senado de la Nación demostró, como lo señaló en más de una oportunidad Parlamentario que la pareja presidencial concebía la política como una cuestión estática, fija. Es decir que se planificaba a gusto y paladar del proyecto que ellos encarnan y que no podía salirse del libreto. Una práctica que siempre llevaron adelante desde que asumieron el Gobierno provincial de Santa Cruz y la reeditaron a nivel nacional.

No conciben que la política no se congela en los deseos de un solo sector que se alimenta de múltiples factores económicos, sociales e ideológicos.

Y fundamentalmente que no se puede disciplinar a la sociedad a cualquier precio, no se puede disciplinar para imponer la voluntad presidencial. Soslayaron la autonomía de pensamiento y así les fue. Demasiado tarde para lágrimas.

Ahora les toca rebobinar y pergeñar cómo será el resto del mandato y en qué condiciones lo ejercerán con un Congreso dado vuelta, con sus bloques de senadores y diputados en plena crisis y virtualmente roto tras cinco años y medio de obediencia debida.
Sumergidos en una profunda depresión política y personal más de uno de ellos está al borde de ir al todo o nada, con lo que ello significa. Cuando se vuelven ver cara a cara otra será la historia que ya se empezó a tejer. Muy diferente.

Viñas de furia

Lo de Cobos marca un punto de inflexión que no tiene vueltas y las relaciones institucionales ya quedaron marcadas. Una ruptura que empezó alrededor de las 22 horas cuando, de acuerdo con los testimonios recogidos por Parlamentario, desde el primer piso de la Casa Rosada y de la Quinta de Olivos tomaron conciencia de que el tablero electrónico no iba a ser como ellos lo imaginaron, sino todo lo contrario.

El golpe final se lo dio el empresario radical santiagueño Emilio Rached -la ciudad donde ejerció el cargo de intendente- quien dicho sea de paso tuvo más de un enfrentamiento con los campesinos por el uso del famoso glisofato en sus tierras. Rached fue víctima del acoso en todos los niveles, pero confirmó lo que le había confesado a Parlamentario al comienzo del conflicto con el campo cuando admitió que él estaba en contra de las posiciones del Gobierno.

Cuando Rached confirmó la reafirmación de esa confesión, tembló el Senado, Balcarce 50 y la Quinta de Olivos, entonces el casillero de los celulares de Cobos se llenó de llamadas y de mensajes que seguramente los guardará de recuerdo de su gesta. Por esas horas sólo mantenía breves diálogos con dos de sus fieles en la Cámara baja, Daniel Katz y Laura Montero y Raúl Baglini. Ellos y sus asesores de confianza estaban al tanto de la dirección de su voto y nadie más, porque a esas horas temían que sus conversaciones sean interferidas, máxime cuando llegaron a sus oídos que la jugada de máxima que imaginaron los K era que a la hora de la votación se “enferme” y deje el sillón a José Pampuro, en función de que su voto vale doble.

La salud de Carlos Menem dio motivo para una serie de operaciones de prensa. Su incipiente fiebre alentó al oficialismo de que su banca estaría vacía con lo cual la votación estaba asegurada ante la deserción de Rached, pero la soberbia que siempre los caracterizó nunca pensaron de que Menem regresaría para estar en su banca. Lo trajo del Sanatorio Ottamendi su hermano Eduardo Menem para que le dieran el golpe final a las retenciones móviles.

Con esta asistencia, los Menem se alzaron una victoria impensada para todos, menos para los lectores de Parlamentario que en su edición anterior había descripto el escenario como empate técnico y que hizo reaccionar al senador paladar negro del kirchnerismo Marcelo Fuentes al comentar que esto no era un partido de fútbol.

Julio Cobos, Emilio Rached y Carlos Menem plasmaron la jugada final, pero no producto de un acuerdo sino que coincidieron en resistir una política confiscatoria hacia la renta agraria. Claro que la puntada inicial la dio el salteño Juan Carlos Romero, al anunciar que él y Sonia Escudero, más el representante del Partido Renovador de Salta, Juan Agustín Pérez Alsina votarían en contra tal cual lo registró Parlamentario y pasó de largo para más de un medio.

Fue el punto de partida para la rebelión de que se empezaba a cocinar y que no calibró la pareja presidencial más Miguel Angel Pichetto, Nicolás Fernández y compañía. Cuando asumieron que más de un soldado estaba en la resistencia procedieron a regresar Eric Calcagno a su banca para asegurarse la votación.

Ni esa ni otras movidas, las que según trascendieron incluyeron de todo y para todos, pero que lograron su propósito cuando Julio Cobos dijo que la historia lo juzgará. Siendo consciente del tembladeral institucional y político que desataba.

De esta manera cumplía con su frase preferida: “No soy Daniel Scioli ni Chacho Alvarez”, y que llevó a algún militante pintar en las inmediaciones del Congreso: “Cobos traidor a vos te va a pasar lo de Vandor”, que refleja las sensaciones en el kirchnerismo, pero que son de una peligrosa gravedad, que es de esperar que sea una reacción espasmódica.

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