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Por José Angel Di Mauro
La lectura es un hábito acendrado en Cristina Fernández de Kirchner. Ella consume muchos libros y cuando en 1996 leyó el primer libro de Miguel Bonasso, Recuerdos de la muerte, quedó tan conmovida que se lo pasó a su hijo Máximo y luego a su esposo Néstor, quien prefiere la lectura de diarios, pero en este caso hizo una excepción y lo leyó rápidamente.
Tan prendados habían quedado de la obra que quisieron conocer al autor y lo hicieron, de donde surgió una gran amistad con quien hoy es diputado kirchnerista. Se respetan y admiran, pero en materia política no hay incondicionalidad. Bonasso así lo admite y no oculta hoy ciertas críticas hacia esta administración, como lo dejó claro en el diálogo con Parlamentario.
- ¿Qué tan didáctica puede ser una derrota?
- Puede ser didáctica a condición de que uno sepa en qué medida uno mismo contribuyó a su propia derrota. Si uno echa la responsabilidad afuera y dice: No, me derrotaron por traidores, por esto, por lo otro…, y no logra individualizar sus propios errores, no tiene posibilidad de enmendarlos y por lo tanto la derrota se prolonga en el tiempo. Si uno en cambio lo recoge y dice “me equivoqué en esto, en lo de más allá”, uno está en condiciones de poder hacer las rectificaciones correspondientes y por lo tanto evitar una nueva derrota o la prolongación de la derrota.
- Usted les pide autocrítica a los Kirchner, algo que pareciera ser ajeno a ellos.
- Mire, yo tengo la obligación de pedírselo por varias razones. Primero, porque me une una amistad personal desde hace mucho tiempo tanto con Cristina como con Néstor Kirchner, y yo respeto a mis amigos en el sentido de que si les tengo que decir algo muy duro se los digo. Creo que ser amigo es lo contrario de ser obsecuente. En segundo lugar, lo hago como diputado, como representante del pueblo. Yo quiero que la sociedad argentina no esté expuesta permanentemente a situaciones tan traumáticas como las que hemos vivido en estos meses con el llamado conflicto del campo. Quiero una Argentina que crezca en paz social, lo cual no suprime las diferencias de criterio ni los conflictos de intereses. Toda sociedad tiene conflictos de intereses y toda sociedad tiene diferencias de criterios, sino no sería una sociedad democrática. Ojo, eh, yo no estoy tan de acuerdo con la palabrita esa “consenso”; el consenso puede ser peligroso. Puede ser el consenso de Mussolini o de Stalin… A mí me interesa que los conflictos se resuelvan a través de las instituciones democráticas, una de las cuales sin duda y que tal vez pueda revalorizarse a partir de esta crisis es el Congreso.
- ¿Comparte esta visión fatalista de muchos oficialistas respecto al resultado de la ley de retenciones, o se suma a aquellos que piensan que en definitiva el resultado ayudó a mejorar el clima?
- Creo que tal vez la mejor decisión política que tomó la Presidenta en estos meses de gestión fue enviar el tema al Parlamento.
- Aunque haya sido a regañadientes…
- Aunque haya sido a regañadientes, aunque el resultado haya sido negativo, sea como sea la decisión es correcta. Porque existe una crisis de representatividad en la República Argentina que viene de lejos y que tuvo su mayor expresión en diciembre de 2001. Entonces la institución parlamentaria en sí sigue estando muy desgastada a los ojos del ciudadano de a pie. Yo creo que la labor que se hizo en Diputados, en la comisión, el debate en el propio recinto, fueron muy buenos. A lo mejor me ilusiono, soy muy optimista, pero hubo un intento serio, por lo menos en la Cámara de Diputados, tal vez más que en la de Senadores, por tratar de hacer una ley lo más justa posible, que no fuera la discusión a libro cerrado del proyecto del Ejecutivo.
- Muchos del propio oficialismo han expresado que el Gobierno falló en la comunicación. ¿Usted como hombre de los medios qué opina?
- Sí, comparto, comunicó mal, muy mal.
- Y el hecho de que los comunicadores hayan terminado siendo siempre los mismos, y sabe a quiénes me refiero… ¿No había otros?
- Entre otras cosas la comunicación está también muy concentrada en nuestro país, creo que uno de los grandes problemas que tiene el país es la concentración: de la riqueza, de un poder que no es sólo el poder político que es el del Gobierno, sino el poder económico, y que eso se trasluce también en los medios, en gran medida. No es total, sino sería muy preocupante, pero sí diría que hay un cierto oligopolio mediático. De todas maneras el Gobierno es un interlocutor que puede hacerse oír y para hacerse oír tiene que hacerlo con un tono de invocación al diálogo. Creo que esta es la etapa que se avecina, en la que espero que eso ocurra. Espero que haya una convocatoria al diálogo con los distintos actores sociales y políticos; es importante en la Argentina que pongamos muchas cosas en debate. Creo que esta debiera ser la característica de la próxima etapa.
- ¿Cobos es un héroe o un villano?
- Ni lo uno, ni lo otro. Cobos es un personaje típico de la clase política argentina al que se vio verdaderamente aterrado en el momento de tener que desempatar, y que curiosamente amaneció convertido en prócer. En términos políticos mundiales, yo creo que es bastante insólito que un gobierno al que la doctora Carrió califica casi de totalitario, haya tenido un vicepresidente votándole en contra. Esto es impensable en otros países, no lo veo en Estados Unidos, por ejemplo. Yo creo sinceramente que Cobos tenía todo el derecho del mundo de estar en contra de lo que el Gobierno hizo, de manifestarlo y demás, pero en ese caso él tenía que buscar una forma de excusación o de renuncia, porque él es un funcionario del Ejecutivo, no es un senador más que está ahí para debatir y expresar su opinión. Desempata porque así es el reglamento, pero él es un funcionario del Ejecutivo, fue elegido en un binomio, una fórmula. Me parecen mal algunas manifestaciones suyas como decir que no se va y no renuncia porque fue votado por el pueblo argentino, pero fue votado con una fórmula claramente encabezada por Cristina Fernández de Kirchner y a quien se votó fue al proyecto de Kirchner. Que ese proyecto se trataba de mejorar o no, con el éxito o fracaso que hemos visto, a través de la Concertación, es harina de otro costal; él no fue elegido por ser Cobos, si le preguntamos a la inmensa mayoría de la gente, sobre todo de la provincia de Buenos Aires, que votó la fórmula Fernández de Kirchner-Cobos, no sabían quién era Cobos. Seamos honestos por una vez en la vida… Entonces me parece que toda esta divinización… y la satanización también, yo no lo veo ni como un Judas ni como un prócer, lo veo como alguien que no estuvo a la altura del papel institucional que le es asignado. Le reconozco el derecho al disenso, pero ese derecho me parece que ante una situación tan extrema pasa más por la renuncia que por el voto.
- Usted ha hablado de la posibilidad que los Kirchner tienen de reconocer en qué medida ella y él contribuyeron a erosionar su propia base de sustentación. ¿Usted cree que ellos tienen un sesgo autodestructivo?
- Más que eso yo creo que ellos tuvieron una combinación de talento, carácter, audacia, y suerte. Y les fue muy bien, particularmente durante la gestión de Néstor Kirchner. Me decía un político mexicano muy sabio, hace mucho tiempo, que el problema es que cuando uno sube por la escalera en general no se marea y cuando sube por el elevador, tiende a hacerlo. Cuando de golpe llega al piso 30 a toda velocidad, puede que se maree. Yo creo que hubo algo de eso. Por eso digo que la derrota es didáctica, porque el triunfo es engañoso a veces: a uno permanentemente le va bien y puede llegar a pensar que es infalible. Y yo creo que ampliar las ideas, justamente darle otro papel al Parlamento en el sentido de ver qué ideas hay ahí, qué se está discutiendo ahí, vamos a procurar un debate rico, me parece que eso podría reducir las posibilidades de error.
- Y usted que los conoce tanto, ¿cree que van a tener esa autocrítica, a recomponer los pasos?
- Creo que son políticos con largo conocimiento de lo que se suele llamar el poder y por lo tanto han sido, por lo menos para llegar, buenos lectores de lo que se suele llamar la opinión pública. Entonces no pueden ignorar algunas señales muy evidentes. Se estuvo hablando del relevamiento de funcionarios, la inmediata aceptación de que debía caer la resolución 125 me pareció un buen síntoma. Me parece que esos pasos necesitan todavía otros que son pasos de siete leguas, como por ejemplo sincerar el tema de la inflación, es un tema de decirle a la sociedad “sí señores, estamos en tal porcentaje”, no en tanto como dicen los especuladores, pero tampoco tan bajo como hemos venido diciendo. Me parece que eso le otorgaría de inmediato una gran autoridad a la palabra oficial, por ejemplo. Llamar a un Consejo Agropecuario Federal para estudiar el plan que está presentando Cheppi e incorporar diversas voces a esa planificación para que Argentina pueda aumentar de manera exponencial su producción, pero no sólo de soja, obviamente, para aprovechar las posibilidades que el mercado mundial ofrece en un interregno que va a ser largo, yo creo que tendencialmente hay posibilidades ciertas de que Argentina coloque muy bien su producción. Por lo tanto creo que el Gobierno debe ingresar a un área de debate, de gran diálogo con la sociedad. Y uno de los vectores es el Parlamento, otro puede ser la creación del Consejo Económico y Social donde estén los distintos sectores de la economía representados y donde el Gobierno actúe como árbitro, no como parte del conflicto.
- ¿Hubo un intento de desestabilización?
- Yo creo que hubo sectores minoritarios que le reprochan al Gobierno algo de lo muy bueno que tiene que es su política de derechos humanos; probablemente han tenido intentos desestabilizadores. No es la tónica general del conflicto. Ahora sí hay una expresión de fuerza: yo creo que hay sectores muy concentrados del campo, que sin duda han logrado un éxito político no menor, que es hacer que los pequeños y medianos productores nucleados en la Federación Agraria salieran a ser su escudo y ariete. Esto es un triunfo que recuerda otros similares que han tenido en el pasado. También ocurrió eso cuando las capas medias fueron seducidas por los sectores más conservadores que se solían llamar la oligarquía para estar después contra Juan Perón; o seducidos para estar en los golpes contra Arturo Frondizi, Arturo Illia, y finalmente contra Isabel Martínez. Pese a que no son personajes comparables.
- El Parlamento tiene ahora por delante la ley de Radiodifusión, que puede ser la más importante que se trate de acá a fin de año, y muchos ya auguran que va a tener el mismo resultado que tuvo el proyecto de retenciones. ¿Cree que puede ser así?
- Sería prematuro hacer cálculos en este sentido. El tema también es cómo esto se presenta y ejecuta. Creo que acá hay que hacerle entender a la sociedad que no se trata de censurar a nadie, que no es una guerra contra Clarín, por ejemplo, para decirlo con todas las letras, sino es el intento por democratizar lo que no está democratizado. El artículo 45 es manifiestamente anticonstitucional, que es el que establece que las personas jurídicas sin fines de lucro, como pueden ser cooperativas, mutuales, sindicatos, no pueden ser propietarias de medios de comunicación masiva, y esto quedó así desgraciadamente, y si bien se abrió para las cooperativas en general, se cerró bastante para las cooperativas que prestaban servicios eléctricos, por ejemplo. Yo creo que ahí está un poco la madre del borrego: la ley tiene que asegurar, incluso con las nuevas tecnologías, pueda ampliarse el número de canales y que se incorporen nuevos actores sociales al proceso de la comunicación. La idea no es restringir o censurar las posibilidades de algunos, sino incorporar nuevos actores. Si la ley de Radiodifusión se plantea así y se explica bien, tiene posibilidades ciertas de tener un apoyo público importante.
- ¿Se siente un incondicional del kirchnerismo?
- No, para nada. Yo desde hace mucho tiempo, desde 2004, por ejemplo, cuando se otorgaron ciertas licencias por diez años justamente al grupo Clarín y otros, yo al Presidente le expresé mi contrariedad y mi oposición. Y lo he seguido haciendo, cuando he tenido alguna charla con la actual Presidenta sobre las elecciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le he expresado también mis intuiciones respecto de los serios problemas en que estaba su comunicación con las capas medias urbanas. Lo he hecho con franqueza, porque creo que eso honra una amistad. Yo he apoyado las cosas buenas que han hecho tanto Néstor como Cristina Kirchner, y las seguiré apoyando sin ninguna clase de oportunismo, pero al mismo tiempo soy crítico. Por eso yo no fui a Olivos, no participé de la marcha a Olivos porque no integro el Frente para la Victoria, no integro el bloque oficialista, tengo mi propio bloque y me pienso mantener así: autónomo, que no significa ni opositor acérrimo, pero tampoco significa de ninguna manera incondicional. |