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Ruptura del glaciar K

25-7-2008

La primera señal de que no todo será igual en el futuro la dio CFK al no invitar a Olivos a los ocho senadores y trece diputados que se rebelaron. El FpV está al borde de la ruptura y el oficialismo se queda sin quórum propio.

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Las vacaciones de invierno llegaron justo tras la derrota del oficialismo en el Senado de la Nación. Es que el clima de beligerancia entre los fieles y los rebeldes hacía conjeturar hechos de violencia entre ellos. En rigor no en todos, sino entre quienes tienen un mayor poder de fuego verbal, como es el caso de Carlos Kunkel y Felipe Solá, quienes en la sesión en Diputados estuvieron a punto de irse a las manos y que no sucedió por la intervención de quienes comparten sus bancas en las inmediaciones.

Todos coinciden que a partir de ahora no todo será igual. El ala dura del kirchnerismo quiere afuera de la estructura del FpV a los rebeldes. En tanto, los moderados plantean una solución más salomónica.

Los estrategas K sostienen que el proyecto ideológico sufrió un duro revés en el seno del Poder Legislativo, siendo sus principales actores los varones y mujeres de sus bloques los protagonistas de una pulseada que culminó con el voto negativo del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.

Fue el desenlace de una ofensiva política que el kirchnerismo no evaluó correctamente, por cuanto el ABC de la política es ser conscientes de cuan sólida era la construcción interna para emprender el camino legislativo que tendría la frustrada ley de retenciones móviles.

En ese marco, quienes terminaban apareciendo como defensores en todos los terrenos del proyecto oficial no eran legisladores, sino voceros como el inefable Luis D’Elía, por citar un ejemplo más que didáctico.

Una revisión del armado estructural de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner los encontró, en primer lugar, fogoneando la bautizada “transversalidad” que duró menos que un suspiro por la sencilla razón de que giraba alrededor de siglas cuyos dirigentes eran en su mayoría empleados del Estado sin anclaje social, y militantes. Por ejemplo, el Partido de la Victoria, presidido por Graciela Ocaña, o el Frente Grande, encabezado por Eduardo Sigal, y demás siglas.

Después se iluminó el camino electoral con la Concertación Plural, cuya base de operaciones fue la seducción de radicales que conjeturaban que la UCR era una sigla que se consumía en el fuego de la historia. Gobernadores, intendentes y dirigentes cooptados en nombre de una nueva cultura democrática dijeron sí a las urnas, pero a la hora de las definiciones estructurales dijeron no.

Entonces, un fangoso camino de construcciones donde lo que sí defeccionó fue la propia tropa, en primer lugar como forma de construir poder, y en segundo lugar sus aliados radicales, sin que ello implique obviar las calificaciones del papel jugado por cada uno en sus bancas.

Con este cuadro de situación se llega a la madrugada del jueves 17, donde Julio Cobos le asestó el golpe final a las retenciones móviles, desatando lógicamente sus repercusiones en el seno de las bancadas que conducen Miguel Angel Pichetto y Agustín Rossi. Claro que esas fisuras también se dieron en los bloques aliados, como el de la Concertación, Encuentro Popular y Social, Frente Cívico de Santiago del Estero. Claro que ese drama no lo tienen los bloques unipersonales, aunque algunos de ellos mascullan su bronca puertas adentro con los suyos. Tienen la ventaja de que no le deben rendir cuentas a nadie respecto a sus conductas en sus bancas, como sucede con Eduardo Lorenzo Borocotó, por dar un nombre, o el misionero justicialista Emilio Kakubur.

Resistir

En la Cámara alta los senadores oficialistas Juan Carlos Romero, Sonia Escudero, Rubén Marín, Carlos Reutemann, Roxana Latorre, Roberto Urquía y Elena Corregido están a la espera de lo que se resuelva en Olivos respecto a cómo sigue la historia con ellos, en particular los que tienen cargos de relevancia en la nomenclatura senatorial.
Un acaso similar corresponde a los radicales Pablo Verani y Emilio Rached, aunque sólo el primero es titular de una comisión -Ciencia y Tecnología-, mientras que el santiagueño sólo ocupa vocalías en un par de comisiones.

Un caso testigo de la insurgencia política es, sin lugar a dudas, Juan Carlos Romero, quien de acuerdo con fuentes confiables cuando se produzca el cambio de autoridades dejará su preciado lugar. ¿Qué ha dicho Romero tras la furia K respecto a su permanencia en el bloque? “Dependerá del trato que nos den. Si hay espacio para opinar, no tenemos problemas en seguir acompañando al Gobierno. Pero no vamos a tolerar ninguna falta de respeto”.

Es decir, marcó la cancha y dejó la pelota en poder de Miguel Angel Pichetto y Nicolás Fernández, aunque más de un senador remarca, una y otra vez, que a la hora de las posiciones antes y después de las votaciones, tanto Romero como Escudero marcaron diferencias ideológicas con el proyecto de CFK y NK. E inclusive el salteño se permitió el lujo de preguntarles sobre el golpe de Estado anunciado.

En el caso de La Pampa, es un secreto a voces que lo acordado con el gobernador Oscar Mario Jorge y Rubén Marín era una solución salomónica: el ex gobernador votaba en contra y Silvia Gallego lo haría a favor de las retenciones. En cambio, donde no hay regreso es en los casos de Reutemann, Urquía, Corregido y Teresita Quintela, aunque ninguno de ellos abrió la boca para contar cómo piensan que seguirá la historia.
Lo que más de uno se preguntaba era si el ejemplo de Urquía sentaría escuela. Nos referimos a la renuncia a la presidencia de la Comisión de Presupuesto presentada por el cordobés cuando se anticipaba su “defección”. Habrá que ver qué sucede con las presidencias que ocupan hoy Reutemann, Marín, Escudero, Quintela, Latorre y Corregido, más la ya mencionada del aliado Verani.

En síntesis, Pichetto y Fernández visualizan como conflictivo el tablero electrónico si los rebeldes se van o ponen condiciones para seguir en el bloque. Es que hasta ahora Pichetto iniciaba las sesiones tranquilo, ya que contaba con los votos necesarios para contar con quórum propio. Los números reflejaban hasta ahora 41 miembros del FpV y si los rebeldes se van quedan en 33. Más allá de la asistencia de aliados, el panorama que se presenta podría obligar a negociar hasta la última letra de ciertos proyectos de ley, y en particular despedirse del quórum propio. Aunque convengamos que sucedió en más de una oportunidad los radicales son reacios a dejar sonar la chicharra demasiado tiempo.

El que no se privó de cuestionar todo fue el chubutense Marcelo Guinle, quien le aseguró a Parlamentario que era previsible que se iba a llegar a esta situación y que el Gobierno fracasó en la campaña de publicidad de explicar lo de las retenciones. Como todos, eso sí, convocó a desdramatizar la situación.

No me toquen

Al igual que el senador salteño Juan Carlos Romero, el bonaerense Felipe Solá tiene el mismo mensaje para Rossi, Kunkel y compañía. “Si nos respetan nos quedamos, sino nos vamos”, sostiene.

En cambio, la que no dudó en pegar el portazo fue la santiagueña Marta Velarde y armó su propio bloque unipersonal, dejando a la bancada del FpV con 128 varones y mujeres. Aunque puertas adentro esa era una cifra hipotética, ya que Luis Barrionuevo hace rato que dejó de pertenecer al bloque del que en muy pocas oportunidades participó de reuniones y difícilmente vuelva a hacerlo. No es una cuestión que le preocupe, como admitió uno de sus asesores. “Luis hace rato que se fue”, acotó.

El mismo gesto es previsible por parte de su esposa Graciela Camaño y también del bonaerense Jorge Villaverde, ambos presidentes de comisiones estratégicas como las de Asuntos Constitucionales y de Defensa, por lo tanto deberán dar más de una muestra de fe K para seguir en esos cargos. No olvidemos también que Solá es titular de la de Ciencia y Tecnología. Una nómina a la que algunos agregan a Mabel Müller, entre otros potables aliados en el adiós, más allá de que la ex senadora sí haya votado a favor de las retenciones. La traba de unificación de los bonaerenses es la ambición de Solá de ser el jefe.

El elemento aglutinante de todos los diputados mencionados es su ADN duhaldista.
Uno de ellos admitió off the record que ya se fueron de las huestes de Rossi. Claro que a la hora de puntear nombres para un bloque propio se quedan con los mencionados y no descartan ampliar las conversaciones con otros, no sólo los que votaron en contra, sino que vieron obligados a cambiar el voto por las presiones.

Sigamos con los rebeldes. Los entrerrianos Cristina Cremer de Busti, María de los Angeles Petit y Gustavo Zavallo estiman que la división es palpable y que no hay forma de saldar las diferencias. Un pensamiento que rodea a los cordobeses Jorge Montoya, Arturo Miguel Heredia y Beatriz Halac. Uno de ellos reveló a Parlamentario que es factible que armen un bloque regional, que será presidido por Montoya y como secretaria legislativa Cremer de Busti.

En tanto, los pampeanos Manuel Baladrón e Irma García, la salteña Beatriz Daher y el mendocino Enrique Thomas tienen perspectivas diferentes sobre cómo sigue la historia. Salvo Thomas, los demás son orgánicos de sus jefes naturales.

No está demás señalar que Baladrón y Daher están al frente de dos comisiones que juegan un rol fundamental en la política oficial: Comunicaciones y Transportes.

Una rueda de consulta con algunos de ellos determinó que se inclinan por aseverar que la ruptura ya está dada, ya que no ven sobre qué eje puedan girar los consensos para seguir bajo el ala de la Casa Rosada y de Olivos. “No quiero terminar como esos matrimonios que se aguantan para cuidar la imagen. Sería el peor final”, dijo una fuente consultada con mucha lógica.

También están al acecho los paladares negro del kirchnerismo, que no sólo quieren fuera de las comisiones a los presidentes, sino también a quienes ocupan el cargo de vicepresidentes o secretarios.

Final para un armado superestructural que tenía un libreto fijo con actores pasivos, los que en la práctica se rebelaron y le aguaron las vacaciones invernales a Agustín Rossi y Miguel Angel Picheto. Sin olvidarse de la pareja presidencial, claro está.

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