Una semana después del primer informe de Sergio Massa al Congreso todavía se escuchan diversas voces de insatisfacción y desencanto con los resultados del nuevo sistema. Intuyo que ni siquiera el jefe de Gabinete quedó muy satisfecho con el balance de su encuentro con los legisladores. Después de todo, fue el propio Massa quien impulsó los cambios negociados entre los bloques.
¿Falló el sistema o su implementación fue incorrecta? ¿Los legisladores no supieron o no pudieron aprovechar las medidas acordadas? ¿Fue exclusiva responsabilidad de Massa, quien manejó la reunión -y las reglas acordadas- con gran habilidad y con la ayuda que brinda un presidente del cuerpo dispuesto a limitar cualquier oportunidad de interacción dinámica entre el funcionario y los parlamentarios?
Mi impresión es que hay responsabilidades compartidas y un amplio margen dentro del sistema acordado para corregir algunas falencias específicas ocurridas el 1° de octubre último. Dentro de un mes habrá una nueva oportunidad para poner en práctica una versión mejorada del sistema. De aquí a esa fecha, el Gobierno y la oposición podrían reforzar un acuerdo sobre los siguientes puntos:
El jefe de Gabinete debería limitar su interlocución inicial a 30 minutos, focalizándose en los tres temas acordados para ser tratados en la sesión. Además, debería contestar las preguntas al finalizar la intervención de cada bloque, aceptando luego un breve espacio (¿de 5 minutos por ejemplo?) de repreguntas y diálogo con los legisladores del bloque que acaba de intervenir.
Por parte de los legisladores, una primera contribución sería contextualizar sus preguntas en alguno de los pasajes que el propio jefe de Gabinete enunció en su alocución inicial. Esto daría al proceso una dinámica de diálogo e hilación, que en el debut del sistema estuvo ausente.
Además, deberían evitar largas introducciones antecediendo a las preguntas, que convendría fueran lo más específicas posible. Otro punto que mejoraría el diálogo sería que los legisladores renunciaran a repetir en términos más o menos similares preguntas o temas que ya fueron enunciados por otro legislador o bloque. Mucho más útil sería que el legislador interesado en un tema anticipado retome el diálogo a partir de algunos de los conceptos vertidos en la ocasión que lo precedió. Los propios legisladores del partido de Gobierno podrían utilizar esta dinámica para reforzar conceptos o posiciones del oficialismo frente a los diversos temas.
Si bien el nuevo sistema no funcionó en todo su potencial en su primera puesta en práctica, es ampliamente destacable el hecho de que el Gobierno y la oposición hubieran acordado diversas medidas para generar un diálogo más fructífero. Si se corrigen algunos de los puntos señalados, los resultados serán muy favorables y toda la sociedad habrá ganado en la calidad del debate político en el país.
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