Este martes a las 18.30 Ricardo Gil Lavedra expondrá en el Hotel Panamericano sobre la importancia de la pluralidad de medios.

Un gran rival

24-7-2006

Ernesto Sanz y Cristina Fernández de Kirchner protagonizaron importantes duelos verbales en las últimas sesiones. ¿Quién es este senador mendocino que ingresó al Congreso hace apenas tres años? ¿Cómo llegó a ser jefe de bloque? Radiografía de un hombre al que Cristina respeta.

La mira a Cristina: “…porque a diferencia de los sistemas, las personas son soberbias; creen que su verdad es la única. A diferencia de los sistemas, las personas son intolerantes; no aceptan el disenso. Y son descalificadoras; andan por el mundo blandiendo mandobles a diestra y siniestra -para los de atrás, los de arriba o de los de abajo-, porque consideran que son todos malos, que todos han tenido culpas, que hasta los propios tuvieron culpas cuando votaron la ley de Subversión Económica”.

Prosigue, siempre mirando a la primera dama: “Como dije, además de soberbias, intolerantes y descalificadoras, las personas son arbitrarias. Y son arbitrarias porque dividen al mundo entre amigos y enemigos. Esa es la visión que tienen del mundo. Amigos son los que piensan como uno y enemigos los que disienten, los que tienen otra óptica, otra visión”.

Nunca antes desde que ostenta el doble rol de senadora y primera dama, Cristina Fernández de Kirchner había recibido tantos embates juntos. Mucho menos en su propia cara. Las frases venían de la boca del jefe de bloque del radicalismo en el Senado, Ernesto Sanz. Mientras el mendocino pronunciaba estas y otras palabras, por momentos Cristina se hacía la distraída, decía que no con la cabeza, o se apoyaba en el escritorio de su banca, como actuando (¿sobreactuando?) un “no puedo creer lo que dice”.

En ese discurso, Sanz defendía la importancia de las instituciones por sobre las personas, y argumentaba -de esa forma- en contra de la delegación de facultades al jefe de Gabinete. Era una sesión muy dura, donde los cruces verbales eran muy fuertes. Cuando parecía que el mendocino promediaba su discurso, aseguró: “Hoy tenemos alguna autoridad para decirles a estos señores que se creen los dueños absolutos del poder que no son los únicos. ¡No son los únicos! ¡Ha habido ejemplos en la historia argentina de quienes se han creído los dueños del poder! ¡Ha habido ejemplos! Y si ustedes quieren saber qué es lo que pasa, a veces están muy cerca esos ejemplos de cómo han terminado hoy (mira la banca vacía de Carlos Menem). ¿Querían discutir el poder? ¡Vamos a seguir todas las sesiones discutiendo de poder, señor presidente!”. Y terminó.

Dama en silencio

Cristina se quedó sin palabras. No esperaba tal ataque en su cara, de un senador al que ella considera un caballero, como ha dicho en numerosas sesiones. Le tocaba su turno, y se la veía nerviosa. Tanto que comenzó a usar argumentos descalificadores que no suele utilizar. “Señor presidente: en verdad, hoy es una noche muy especial, casi de realismo mágico, de surrealismo, y esta última intervención realmente es para el psicólogo, de diván, casi le diría”, alcanzó a argumentar. “¿Qué otras cosas mencionó? Por favor, ayúdenme”, les pidió a sus compañeros de bancada.

A partir de la última sesión, Ernesto Sanz, un simple legislador radical que llegó al Congreso a fines de 2003, se convirtió en el principal enemigo personal de la senadora primera ciudadana. Empero, él le baja el tono a la disputa. “Yo he tenido buena relación con ella y espero que la sigamos teniendo”, expresó a Parlamentario.

¿Pero quién es este hombre que se animó a dejar de lado los formalismos y se animó a arremeter contra una de las dos figuras políticas más importantes del país?

De la juventud a la banca

Ernesto Ricardo Sanz es radical y tiene 50 años. Nació en San Rafael, Mendoza, estudió abogacía y está casado con Cristina Bessone, quien es nutricionista. Sanz tiene dos hijos, Fernando y Laura. Estudió Derecho en Santa Fe y ejerce su profesión desde 1981.

En 1982 fue electo presidente de la Juventud Radical y luego fue delegado al Comité Nacional de la Juventud del partido por la provincia de Mendoza.

Entre 1983 y 1987 fue asesor ad-honorem del entonces gobernador de su provincia, Felipe Llaver. Su primer cargo electivo fue como senador de Mendoza entre 1993 y 1999. Tal como sucedió en el Senado nacional, a los dos años de iniciado su mandato lo eligieron presidente de bloque. En 1999 abandonó la labor legislativa y probó suerte en el Ejecutivo. Lo eligieron intendente de San Rafael, distrito que gobernó hasta el 9 de diciembre de 2003, día de su cumpleaños. Veinticuatro horas después, asumía como senador de la Nación.

Ernesto Sanz dice, en su declaración jurada pública del año 2003, tener cinco casas junto a su esposa, las cuales totalizan 295.000 pesos. La primera, que utiliza como vivienda, está en San Rafael, y manifiesta haberla comprado entre 1981 y 1988. Las siguientes las adquirió luego de 1993, y las alquila o utiliza como centro de vacaciones. Su familia tiene un auto -un SEAT de cinco puertas- y una camioneta Ford Ranger del año 1996; ambos totalizaban 27 mil pesos en 2003. Luego de todas estas compras, al senador sólo le quedaban en esos días 8 mil pesos de ahorro. Todos estos bienes -explica- son producto de su trabajo al frente del estudio jurídico familiar, “uno de los más antiguos de San Rafael”. Dejó de ejercer su actividad cuando se lanzó a la candidatura de la intendencia de su distrito.

Sanz ingresó al Senado de la Nación en diciembre de 2003 y desde el primer día comenzó a destacarse. Recién llegado, consiguió la presidencia de una de las comisiones más importantes reservadas a la primera oposición: la que se encarga del seguimiento de las Facultades Delegadas al Ejecutivo y la Renegociación de los Contratos de Servicios Públicos. Desde allí comenzó a adquirir notoriedad.

A fines de 2005, cuando el entonces presidente del bloque radical, Mario Losada, estaba pronto a abandonar su función, comenzó una pequeña discusión interna sobre quién lo reemplazaría. Las opciones eran dos: Gerardo Morales, senador por Jujuy que ocupaba un cargo desde 2001, o Ernesto Sanz. Sus pares se decidieron por este último, mientras que Morales se quedó con la presidencia de la Comisión de Seguimiento a las Facultades Delegadas.

¿Cómo llegó a la presidencia del bloque? Se trató de un acuerdo entre ambos, debido a que Morales quería ocuparse más de la provincia de Jujuy. Lo cierto es que Sanz logró en sus primeros dos años meterse en todos los temas importantes, además de concitar el afecto de todos sus pares. Pese a eso, con Morales hacen un trabajo en equipo, al parecer bastante efectivo.

En aquel 2003, cuando se acordó que Sanz presidiría el bloque, también se decidieron las autoridades del Comité Nacional y de la Cámara de Diputados. Estos dos últimos ámbitos son un conflicto andante, dado que en ambos el partido está al borde de la ruptura. En el Senado, en cambio, el kirchnerismo aún no logró tentar a ningún integrante radical.

¿Una virtud del conductor del bloque o diferencias estructurales? Es probable que sea más por lo segundo, sin embargo, algunos gestos hacen que Sanz consiga el afecto de sus pares, lo cual en la política real no deja de ser importante.

Su trabajo

Según la página web del Senado, Sanz tiene a su cargo 15 empleados: 11 están en planta transitoria y 4 en la permanente.

En la actualidad integra nueve comisiones. En dos de ellas -Presupuesto y Hacienda, y Revisora de Cuentas- es vicepresidente. Además, es secretario de la de Asuntos Constitucionales y en la de Economía Nacional e Inversión. En síntesis, es autoridad en tres de las comisiones más importantes de la Cámara.

También integra las de Justicia y Asuntos Penales, Agricultura, Ganadería y Pesca, Coparticipación Federal de Impuestos y “Control de Operatorias relacionadas con Lavado de Dinero del Narcotráfico”. Por último, es vicepresidente segundo de la Comisión Parlamentaria conjunta argentino-chilena.

Desde que comenzó su mandato, Sanz presentó 17 proyectos de ley (como firmante o cofirmante) y acompañó otros 57. Sólo tres veces suscribió proyectos justicialistas y, algunas otras, lo hizo con propuestas del socialista Rubén Giustiniani o el neuquino Pedro Salvatori.

Entre los más importantes se encuentra el de la Creación de la Comisión para el Seguimiento de los DNU, que luego sería modificado por Cristina Fernández de Kirchner; el cambio en la composición de la Corte, para que tenga sólo siete miembros; un proyecto de ley de Acceso a la Información Pública; y otro elaborado junto a Gerardo Morales sobre la publicidad de los fideicomisos. Como se ve, todos temas sensibles al Gobierno.

Sin embargo, su rol protagónico se enciende cuando, una vez en el recinto, le toca hacer el cierre y síntesis de la posición de su bloque ante los proyectos más polémicos que envía el Ejecutivo.

En estas instancias se lo suele elogiar por su capacidad de síntesis. Vale como ejemplo su discurso frente la regulación de los Decretos de Necesidad y Urgencia. “No se trata de determinar en la historia reciente qué decretos han sido bondadosos y cuáles han sido perjudiciales. No se trata de una discusión sobre la bondad o los efectos positivos o negativos que pueda haber tenido un acto como es el dictado de un decreto de necesidad y urgencia por parte del Poder Ejecutivo, sino determinar si han sido dictados en el marco de la necesidad y la urgencia”, dijo en aquella sesión.

El respeto

Cristina respeta a Ernesto Sanz. Así lo hacía saber cada vez que lo mencionaba. “También quiero leer declaraciones realmente poco felices que ha efectuado mi colega Ernesto Sanz, por quien tengo un inmenso respeto intelectual”.

Pocas semanas antes de los tres grandes debates que se vivieron en la Cámara de Senadores (informe del jefe de Gabinete, debate por los DNU y superpoderes), Cristina y Sanz se habían cruzado con dureza en algún intercambio de palabras. Luego de esto, Cristina se acercó a la banca lindante a la del jefe del bloque radical y se pusieron a charlar. El clima ameno entre ellos era sorprendente. Hablaban sobre el pago de la deuda y discutían si estuvo bien o no que el Gobierno lo sacara por decreto. Por momentos se reían y por momentos se los veía discutir acaloradamente. Es seguro que no se pusieron de acuerdo.

Luego de esto vinieron los tres grandes debates y la relación entre ellos se tensó. A Cristina le dolió -y mucho- cuando Sanz la acusó de “soberbia, intolerante, descalificadora y arbitraria”, y cuando su bloque se retiró del recinto.

Cristina, en el fondo, lo respeta. Esto hace que lo busque para desafiarlo en las sesiones.

Sanz cree que esto le juega en contra a la primera dama. “Los estrategas del Gobierno se equivocan si creen que con estas cosas resaltan la figura de Cristina. Ella pierde muchos puntos porque la gente la ve enojada, intolerante y agresiva. Descubre una faceta de ella que no conoce”, opina.

Por su parte, el hecho de que Cristina Kirchner nombre a Sanz en forma permanente en sus discursos lo hace a él posicionarse mucho mejor.

Ernesto Sanz no será el hombre que enfrente a los K en las próximas elecciones. Sin embargo, es la persona que supo enfrentar a Cristina en su ámbito natural, y que ella a su vez eligió como enemigo en el recinto. Sin embargo, él aclara: “Para mí no ha cambiado nada y espero que para ella tampoco, aunque es probable que por el carácter que tiene no sea lo mismo que antes. Veremos qué pasa en las próximas sesiones”. Sea como fuere, el nombre de este senador debe ser seguido de cerca.

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