Por Luis A. Soria
Desde el regreso a la democracia, en aquel lejano 1983, las teorías sobre la irrupción de nuevos sujetos sociales o políticos con su incidencia institucional han deparado más de un alumbramiento y hasta pronósticos de que llegaban para cambiar la historia.
El primer ensayo corrió por cuenta de las fracciones trotskistas que incorporaron a sus listas de candidatos a familiares víctimas de la dictadura militar, con la precisión del grado de parentesco existentes. A ellos se agregaron los delegados fabriles cesanteados, como una muestra que ellos eran portadores de sus reivindicaciones históricas. En ese marco, también desde el extinguido Partido Intransigente se presentaron como los campeones de los derechos humanos.
No hubo caso. Las urnas siempre terminaron privilegiando a los tradicionales partidos, los cuales, con el correr de estos 25 años, demostraron estar sanos y salvos, más allá de los consiguientes magullones, en particular el centenario partido.
Precisamente, Raúl Alfonsín y sus principales teóricos ensayaron el Tercer Movimiento Histórico, un engendro ideológico que imaginaron como la etapa superadora de los partidos políticos. Fue apenas un mero ensayo que duró lo que un gallego callado. Nada, y para colmo Alfonsín tuvo que entregar las llaves de la Casa Rosada antes de tiempo, lo mismo que Arturo Illía en 1966 y Fernando de la Rúa en 2001.
Irrumpió en el escenario el caudillo riojano Carlos Menem, quien licuó a la oposición durante una década y en su ínterin se inventaron nuevos globos de ensayos en las regiones donde se arrasó con ferrocarriles y fábricas.
Un ejemplo de ello fue en el cordón industrial de San Nicolás. El justicialismo, al igual que en otras provincias que quedaron devastadas por su economía, salió ganador de la contienda electoral, pese a que los ejes de la campaña electoral eran abrir los ojos a los electores y castigar a los responsables.
Recién cuando su agonía era palpable se produjo el recambio. Una extraña alianza entre el radicalismo y el Frepaso desalojó al PJ de Balcarce 50.
Ese hecho fue presentado como el producto del nuevo sujeto social: el progresismo, una nueva variante de la izquierda no dogmática, en el caso de las huestes de Carlos “Chacho” Alvarez. Una alianza a la que le fue imposible resistir los embates de los grupos económicos que cabalgaban sobre sus debilidades y contradicciones.
Claro que el progresismo quedó flotando con una extraordinaria facilidad para acomodarse con quienes llegan al poder. Comodines de una historia que siempre los tiene presentes.
Tras el derrumbe del gobierno radical, devinieron flamantes sujetos sociales como los piqueteros, los trabajadores desocupados y hasta los movimientos feministas… Últimamente se agregaron los asambleístas y finalmente la nueva estrella del firmamento electoral: el sujeto agrario, el voto del campo, el voto campesino, el partido del campo en una de sus tantas denominaciones a gusto y paladar de quien la pronuncie o escriba.
La puta oligarquía. De entrada, y sin dobles discursos, apuntaron sus herramientas en un claro objetivo: eyectar de la Casa Rosada a Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, porque osaron tocar la renta agraria desde una concepción que se podría sintetizar, parafraseando en parte al librepensador Luis D’Elía, con un “vamos por la puta oligarquía”, despertando el entusiasmo del progresismo y de los intelectuales orgánicos.
En ese contexto, entidades como la Sociedad Rural Argentina, Confederación de Entidades Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y CONINAGRO, o mejor dicho sus dirigentes, se convirtieron en objeto de deseo de las huestes encabezadas por Elisa Carrió, Mauricio Macri, Francisco De Narváez, Hermes Binner, José Manuel de la Sota, Felipe Solá, Eduardo Duhalde, Luis Barrionuevo, Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, Oscar Aguad, Gerardo Morales, María del Carmen Alarcón, Miguel Saredi… y para completar los nombres y siglas están las inefables del Partido Comunista Revolucionario, presuntos herederos de la tesis de Mao y el Partido Socialista de los Trabajadores. A ellos dos habrá que agregar al personaje bonaerense Raúl Castells. Bingo.
Del lado de los dirigentes, sin lugar a dudas, el entrerriano Alfredo De Angeli es el que está al tope de la lista a conquistar, pero por ahora se hace rogar, o mejor dicho tiene decidido esperar hasta mediados de año para resolver si va a cotejar en las urnas su imagen mediática.
Una misma postura mantiene el titular de la FAA, Eduardo Buzzi, sin lugar a dudas alguien que tiene un discurso más meduloso que el agitador de De Angeli. Un listado que contabiliza también a Luciano Miguens, Fernando Gioino, Néstor Roulet, Ulises Forte y Hugo Biolcatti, entre otros de los más conocidos, ya sea por estar en los palcos o por la televisión.
Una primera visión es que salvo esos nombres no hay otros con repercusión mediática, o sea que no tienen mucho más para ofrecer, lo cual constituye el primer problema. Aunque como dijo a Parlamentario uno de los operadores de la Coalición Cívica: “Lo importante es que esté uno de ellos, después agregamos a los de segunda línea”.
Una confesión que revela que en rigor lo que les interesa es seducir por lo menos a alguna de las figuras más mediáticas y después llenar los casilleros, lo que seguramente será la pelea de fondo a la hora de nominar los candidatos. Además, están en primera línea los propios legisladores de cada partido que quieren renovar sus mandatos; entonces deviene la obligada pregunta: ¿En qué lugar aceptarán estar los hombres que representan el sujeto agrario? ¿Aceptarán ubicarse en el segundo o tercer lugar”. Hum...
Un dato no menor, ya que la historia demuestra que hasta ahora nunca les ofrecieron el primer lugar a extrapartidarios. Es un secreto a voces que la famosa apertura de listas de los candidatos a legisladores tiene su cepo.
Este es en principio el principal de los obstáculos cuando ellos se decidan a incursionar en el terreno electoral. ¿Hasta dónde llega la generosidad de los partidos políticos para erigirse en la representación del campo? Hum...
Una respuesta que por ahora no salió de ninguna boca, ya que todos se limitan a enfatizar que entre sus varones y mujeres que apuestan a llevar al Congreso de la Nación estarán si o si los hombres del campo.
Minga
En un reciente acto a la vera de la ruta 2, a la altura de Coronel Vidal, la dirigencia agraria se presentó como el gran elector de los comicios de octubre, lo que arrancó los aplausos de los presentes, entre ellos Elisa Carrió, Felipe Solá, Jorge Macri, Daniel Katz y las adhesiones de Eduardo Duhalde, Margarita Stolbizer, Ricardo López Murphy, Luis Barrionuevo, Gerardo Morales y Alberto Rodríguez Saá, entre otros.
¿Qué dijo Alfredo De Angeli? “El Gobierno se está comportando como en las peores épocas de la tiranía. Son como una monarquía. Sólo les falta las armas, nomás. Los Kirchner van a saber lo que es enfrentar al campo. No se van olvidar de habernos enfrentado. Son resentidos, pero les vamos a ganar porque resistiremos. ¡Minga que nos van a doblegar o a poner de rodillas”, dijo el hombre de la FAA de Entre Ríos en la concentración que se desarrolló en el predio ferial de la Sociedad Rural de Mar Chiquita, en lo que fue el primer acto de este año electoral.
Además de esas definiciones, anticipó que volverán los cortes de rutas para demandar los tradicionales reclamos, a los que agregan ahora los daños de la sequía.
Un desafío a la pareja presidencial a ocho meses de que se abran las urnas nacionales, más precisamente el domingo 25 de octubre en una Argentina con un paisaje de representaciones partidarias fragmentadas. El variado arco de la oposición que se ubica cómodamente el centro y en la derecha en todas sus gamas basa centralmente su estrategia de acumulación política en el mero rechazo a las iniciativas del Gobierno, incluso antes de conocerse su diseño definitivo, lo cual esteriliza cualquier capacidad de constituirse en alternativa.
Precisamente, una de las razones que los lleva a coquetear con De Angeli, Bussi, Miguens, Biolcatti, Forti, Roulet, para demostrar que en las elecciones legislativas del 2009 se definen las presidenciales, oportunidad en que el mensaje de las urnas cantará hasta dónde llega el poder del famoso voto agrario o los del partido del campo.
Un desafío que por ahora no tiene preocupación visible en las huestes del oficialismo, ya que confían en que el aparato del Partido Justicialista más los gobernadores y caudillos regionales que todavía no los abandonaron, es un cerco para consolidar el proyecto iniciado en mayo del 2003.
La opción entre los partidos de la oposición y sus alianzas con la dirigencia del campo no implica que automáticamente el voto de las ciudades y pueblos del interior con fuertes vinculaciones a la producción agraria se traslade a su boletas como ellos sueñan, y el kirchnerismo está planteado en términos de la disputa del poder.
El ejercicio de la soberanía popular, el domingo 25 de octubre develará el misterio, hasta entonces quedan las conjeturas, las especulaciones.
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