Así como hace cuatro años la cultura política adoptó el término “borocotización” para los casos de traspasos de dirigentes de un color partidario a otro, trasgrediendo el dictamen de las urnas, 2009 será recordado como el de la instauración de las “candidaturas testimoniales”.
Habrá que reconocerle al kirchnerismo la autoría en uno y otro caso, aunque también se debe tener en cuenta que esta última jugada no es en realidad novedosa. Sobre todo en el oficialismo gobernante, que a lo largo de sus seis años de gestión ha dado sobradas muestras de esta práctica. Eso sí, antes eso se hacía en forma dosificada y con protagonistas puntuales, nunca masivas como ahora. Y por supuesto, otra novedad de esta elección es que se anticipe que las figuras elegidas para “arrastrar” votos no asumirán en sus bancas.
Hay sobrados ejemplos de esta tendencia kirchnerista, consistente en ubicar en las grillas de candidatos a figuras que formaban parte de sus gabinetes ministeriales. En siete años, el kirchnerismo registra al menos seis ejemplos de candidatos postulados cuando de antemano se sabía perfectamente que no ocuparían las bancas. Aunque lupa en mano, uno podría encontrar otras muestras.
El caso fundacional corresponde al verborrágico Aníbal Fernández, quien se ocupó personalmente de ejemplificar con su caso personal a la hora de justificar las candidaturas “testimoniales” en marcha. En efecto, el hoy ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos es funcionario desde los tiempos de Eduardo Duhalde, de quien fue inicialmente secretario general de la Presidencia y luego ministro de la Producción. Fue además uno de los ministros que “heredó” Néstor Kirchner al asumir el 25 de mayo de 2003, en este caso al frente de la cartera de Interior.
Y pese a ocupar ese cargo, integró la lista que el Partido Justicialista (el Frente para la Victoria era todavía un nombre que apenas asomaba tímidamente y sólo se adoptaba en Santa Cruz) presentó el 14 de septiembre de ese año. Puntualmente, fue noveno de esa nómina encabezada por Hilda González de Duhalde, de la cual ingresaron al Congreso 19 miembros. Se sabía de antemano que nunca asumiría en el Congreso, y tan claro la tenía que renunció antes de la entrega de diplomas a los legisladores electos.
Fue el primer caso de un listado de nombres “fuertes” puestos a consideración en cada convocatoria electoral tan solo para mostrar nombres importantes y consustanciados con el proyecto K, que no pensaban ni por asomo mudar al Parlamento.
La elección de 2005 dio renovadas muestras de ello. En Buenos Aires se daría la que Carlos Kunkel presentó como “la madre de todas las batallas”, en la que el kirchnerismo expuso a su “dama”, confrontando con su par del duhaldismo. Cristina Fernández de Kirchner fue el mascarón de proa de una tropa que en la lista bonaerense para diputados encabezaba Alberto Balestrini, seguida por María Cristina Alvarez Rodríguez, y que tuvo a Jorge Taiana en el tercer lugar de la lista y a Sergio Massa en el cuarto.
Se sabía que estos dos últimos no asumirían. Corrección: el Gobierno sabía que no lo harían, la gente no. Taiana, vicecanciller de Rafael Bielsa por entonces, había sido elegido para colorear con su apellido la lista bonaerense; y estaba decidido que asumiera en lugar de Bielsa, a menos que el hermano del DT de la selección pidiera seguir al frente de las relaciones exteriores. Lo mismo pasaba con Sergio Massa, quien se hizo conocido como titular de la ANSeS, donde desarrolló una labor reconocida como eficiente y a la cual ni pensaba abandonar cuando aceptó que su nombre nutriera la lista oficialista.
Para el Senado se dieron casos similares, aunque correspondían a los suplentes. La lista bonaerense fue encabezada, como dijimos, por Cristina Fernández, a quien secundó José Pampuro, que todavía tenía dos años de mandato como diputado nacional. Y como suplentes figuraban la entonces titular del PAMI, Graciela Ocaña, y el embajador argentino en Francia, Eric Calcagno y Maillman. La primera, renunció inmediatamente tras ser electa, para seguir al frente del PAMI; el segundo, tuvo que dejar las luces de París recién cuando Cristina Kirchner dejó su banca para convertirse en Presidenta de la Nación. Sin embargo, no se quedó mucho tiempo en el Senado, ya que a menos de un mes de haber asumido pidió licencia para hacerse cargo de la Subsecretaría Pyme. Aunque el conflicto del campo y la pelea por los votos sobre las retenciones móviles lo obligaron a retornar a su escaño a mediados del año siguiente.
Citamos a Bielsa y al ex embajador en París, dos casos que pueden aparecer en cierta forma encadenados. Es que por entonces Bielsa había sido convocado para encabezar la lista en el siempre difícil distrito porteño, donde el kirchnerismo nunca pudo hacer pie. Y ni siquiera lo logró con la figura del entonces canciller, por entonces el ministro más conocido del gabinete junto a Roberto Lavagna. Fue entonces que Néstor Kirchner mostró la hilacha: asumiendo que una banca en el Congreso implicaba un retroceso para el canciller, le ofreció como alternativa la embajada argentina en París.
Bielsa aceptó de entrada, pero ante las reacciones muy adversas que esa decisión generó volvió sobre sus pasos y declinó esa alternativa, asumiendo a desgano en su banca. Los argumentos que dio entonces Bielsa fueron por lo menos curiosos, ya que adujo haber escuchado “la voz del pueblo”, para reconsiderar su aceptación inicial. “Es un esfuerzo personal muy grande -dijo respecto a convertirse en un diputado más-. Creo que mi deber estaba en ser embajador, pero también escuché a la ciudadanía, a la gente. La ciudadanía privilegia la palabra pública por sobre las necesidades de una gestión”, expresó luego de que su imagen quedara fuertemente comprometida tras ese paso en falso.
Las idas y vueltas de Bielsa se reiteraron, ya que más adelante volvió a convertirse en el elegido para representar los intereses kirchneristas en otro territorio hostil. Esta vez fue candidato a gobernador de Santa Fe por el Frente para la Victoria y tras perder por 8 puntos con Hermes Binner formalizó su renuncia a la banca de Diputados, permitiéndole finalmente asumir a Claudio Morgado, quien ya se había quedado con las ganas dos años antes.
Hubo otro caso emblemático en 2005, pero esta vez en Santa Cruz. Allí ya no iba a renovar la estrella fulgurante del universo K, Cristina Fernández de Kirchner, quien -como dijimos- pasaba a jugar en las grandes ligas, pasando a competir en la provincia de Buenos Aires. No se le ocurrió mejor idea a NK que postular a su hermana Alicia para ser senadora, aunque nadie podía imaginar que ella fuera a dejar una cartera como la de Desarrollo Social, un área fundamental para las estrategias K.
Empero, no hay nada que le dé mayor placer al kirchnerismo que contradecir los augurios periodísticos, de ahí que tras ganar la elección, Alicia Kirchner asumió en su banca. Eso sí, sin renunciar al ministerio, que siguió manejando desde su despacho del Senado, hasta que a los pocos meses consideró que ya había sido suficiente e hizo lo que se esperaba desde un primer momento: renunció a su banca y asumió la desaparecida Judit Forstmann.
Antes de dejar la elección de 2005, citemos algunos casos más dignos de mención. Entre las figuras que no concluyeron sus mandatos, tenemos nada menos que a quien encabezó la nómina de 2005, Alberto Balestrini, que dejó la presidencia de la Cámara baja a los dos años para ser vicegobernador de Daniel Scioli. Y de la misma lista, quien figuraba segunda, María Cristina Alvarez Rodríguez -sobrina de Evita para más datos- abandonó la banca también a los dos años para convertirse en ministra de la gobernación bonaerense.
Hay además un par de casos dignos de destacar, correspondientes a dos intendentes actuales que tanta fe se tenían para competir en sus municipios, que se anotaron en esa misma lista para diputados. Son los casos de Francisco “Barba” Gutiérrez y Graciela Rosso, 12° y 17° de la lista, respectivamente, que no asumieron en sus bancas para hacerlo en Quilmes, Gutiérrez, y Luján, Rosso.
El caso más reciente es obviamente la última elección, la de 2007, donde varios diputados electos no asumieron nunca para seguir al frente de los ministerios. Fue el caso del ministro de Trabajo de NK, Carlos Tomada, primero en la lista del FpV en Capital Federal, quien siguió en el cargo con CFK. Y Florencio Randazzo, quinto de la lista de diputados bonaerenses. El hombre venía de ser ministro de Gobierno de Felipe Solá y fue elegido por Cristina para ser una de las pocas caras nuevas que mostró su gabinete, en este caso la cartera de Interior.
Noveno en esa lista figuraba Jorge Rivas, quien jamás asumió en su banca, pero en este caso por razones de fuerza mayor. Y vaya si lo fueron, ya que fue como consecuencia de la brutal agresión que sufrió en un hecho delictivo sucedido en el conurbano, por el que aún se encuentra convaleciente. Amén de ello, era muy probable que tampoco asumiera en su banca y siguiera siendo vicejefe de Gabinete, cargo que ocupaba cuando fue la elección.
En esa misma elección figuró en Capital Federal Ginés González García, quien concluía su gestión al frente del Ministerio de Salud, que ya venía de tiempos de Duhalde. Pero en este caso Ginés no era candidato a diputado o senador, sino cabeza de la lista para legisladores porteños. Cargo que nadie pensó que fuera a ocupar y más bien era “testimonial”.
Así fue, y en lugar de asumir en la Legislatura porteña, se instaló en Santiago de Chile como embajador.
La costumbre kirchnerista de echar mano a figuras emblemáticas no es nueva. Viene de la lejana Santa Cruz, donde la propia Cristina fue innumerables veces candidata a diputada provincial, diputada nacional, convencional constituyente y senadora nacional. Y en 1993 fue también una suerte de candidata testimonial. Con elecciones provinciales desdobladas, fue primero reelecta diputada provincial y luego nacional. Pero tras encabezar esa lista, renunció a ir al Congreso de la Nación para seguir en la Legislatura provincial, donde como esposa del gobernador era quien manejaba ese Cuerpo. Cuatro años después volvió a encabezar la lista de diputados nacionales y tras ganar la elección renunció a su cargo como senadora nacional para asumir esta vez sí en la Cámara baja.
No fue la única figura provincial a la que NK postuló para cargos que no ocuparía. Julio De Vido, ministro de Economía de la gobernación santacruceña, encabezó en 1997 la lista para diputados provinciales: ganaron, pero no asumió. Carlos Zannini fue otra de las figuras aptas para todo servicio en tiempos kirchneristas en el sur.
A esta altura debiéramos conocer perfectamente las características más salientes de la pareja presidencial. Y para este caso, deben ser resaltadas dos. Una, que la poca predisposición de los Kirchner a confiar en las personas reduce mucho el círculo a pocas figuras, casi siempre las mismas. Y la segunda, no menor por cierto, que a pesar de los años que pasó Cristina como legisladora -18, entre diputada provincial, nacional y senadora-, Néstor Kirchner no le asigna a la actividad parlamentaria un valor especial. Sirve, en función de que no le estorbe al Ejecutivo si él o su esposa lo ejercen. Pero en todo caso la considera una tarea de menor jerarquía al punto tal de ofrecer “compensaciones” a quienes han hecho el “sacrificio” de aceptar ser candidatos, como sucedió hace cuatro años con Bielsa.
|