Por la mañana y en el presagio de un hermoso sábado, Elisa Carrió desembarcó en la Plaza Dorrego con un séquito de colaboradores, camarógrafos y adeptos, lo cual atrajo toda la atención, más que de los transeúntes, de los propios artesanos que, de todos modos, saben que esas visitas son habituales en tiempos de campaña. La líder de la Coalición Cívica ocupó una mesa de uno de los bares sobre la calle Defensa, donde los primeros quince minutos estuvo rodeada de los consabidos mirones con rastas, hasta que más tarde el efecto fue apaciguándose. Momentos más tarde apareció la diputada nacional Patricia Bullrich, quien se sumó a la comitiva, pero se mostró más atenta a las artesanías. Se detuvo en un puesto de telar y cuchillería, tomando de sorpresa a la artesana dueña del mismo, que como no se había dado cuenta de la presencia fue advertida por sus compañeros: “Che, está Patricia Bullrich”, le dijeron, a lo que no tuvo mejor idea que preguntar “¿sobria?”, a propósito de su incidente reciente con un test de alcoholemia.
Momentos más tarde, Lilita, que estaba sentada frente a un atril en exposición para la venta con fotos coloridas y tangueras, le pidió a una asistente que le comprara una foto. Para su pesar, la misma artesana que había atendido a Bullrich con tamaña irreverencia, le acercó una pila de fotos para que eligiera. Carrió se decidió por una, con un argumento curioso: “Me gusta ésta, la voy a poner en el baño, porque mis azulejos son blancos y va a quedar bien”.
Bullrich, en tanto, prometió volver otro día para comprar un cuchillo artesanal, luego de repetir varias veces que cuando el test de alcoholemia “no había tomado nada”.
|