Por Julio El Alí
Los sonidos estridentes de los clarines que se escuchan a lo lejos no es música para los oídos kirchneristas que esperan confiados en la trinchera para librar la primera batalla contra su “principal enemigo”, el Grupo Clarín. El bloque oficialista de la Cámara baja tiene la orden de aprobar la nueva ley de Medios, pero hasta ahora no cuenta con los números necesarios, tal cual lo adelantamos en la edición anterior de Parlamentario.
Ante esta realidad, el kirchnerismo no quiere repetir la experiencia de la 125 por lo que cambió de estrategia y dilató el tratamiento del proyecto que impulsa el Poder Ejecutivo para establecer una nueva norma que regule el sistema de medios de comunicación.
En principio, en la reunión entre el titular del Comfer, Gabriel Mariotto, con la mesa chica de conducción del Frente para la Victoria de la Cámara baja, integrado por Agustín Rossi, Patricia Fadel, Patricia Vaca Narvaja y los paladares negros K Carlos Kunkel y Carlos “Cuto” Moreno, la orden fue clara: “Se vota así”. A pesar de esta orden las principales espadas del oficialismo decían a los cuatro vientos que iban a aceptar modificaciones a la propuesta oficial y que estaban dispuestos a escuchar todas las inquietudes, sin embargo la orden de Olivos es otra: insistir con el proyecto original hasta las últimas consecuencias. Esto produjo la desesperación de Rossi, quien hasta ahora triunfó en todas las batallas que le pidió la Presidenta, pero esta vez sería imposible brindarle un triunfo, si no aceptan las modificaciones solicitadas por sus tradicionales aliados y los circunstanciales.
Así, con serios cuestionamientos al núcleo duro del proyecto y ante varios pedidos de propios y aliados para su apoyo, el kirchnerismo se vio obligado a estirar los plazos para llevar la polémica ley de Medios a votación en la Cámara de Diputados y a ser más generoso en los retoques del texto, a causa de las dificultades que encuentra para sumar voluntades que le permitan asegurarse la mayoría. Aunque para la conducción del bloque oficialista es más importante primero asegurar la tropa propia que desde el conflicto con el campo ya se fueron veinte soldados, por lo que el número de miembros se ha reducido y el valor de cada voto es cada vez más importante, razón por la cual Rossi deberá potenciar las negociaciones con los bloques de centroirzquierda para lograr su objetivo.
En este sentido, hay muchos legisladores, hoy dentro del bloque K, que por debajo protestan contra los altos mandos porque son continuamente ninguneados y muchas promesas incumplidas y hasta algunos fueron relegados a puestos impensados en la lista de las últimas elecciones.
Por lo que se puede apreciar, el cuadro de situación para las huestes del oficialismo está complicado, y más aún si sumamos otros ingredientes: el fuerte lobby del Grupo Clarín, la debilidad política de Néstor Kirchner tras perder las últimas elecciones, la intención de varios gobernadores de alejarse del kirhcnerismo y buscar una alternativa peronista para el 2011, sumado a las figuras claves que se han transformado los aliados, que cada vez exigen más, son elementos que han complicado la estrategia inicial de “aprobarla en un mes”, como había adelantado Kunkel. Ahora no será así.
Obligados a oír
Desde un comienzo la oposición se plantó contra el proyecto y pidió no debatirlo hasta el recambio, pero esa estrategia no tuvo éxito. Allí el oficialismo logró superar la primera valla y convocó a un plenario de comisiones donde tuvo su primera derrota al tener que ceder ante la presión para que incluya en la citación a la Comisión de Libertad de Expresión, la cual es presidida por la radical Silvana Giudici. Con esta primera modificación, el oficialismo enfrentaría a una voz opositora en la mesa de conducción del plenario que, sin dudas, provocó más de un dolor de cabeza que fue superado gracias a los miembros de la Dirección de Comisiones que desempolvaron un artículo del reglamento que finalmente salvó al kirchnerismo de un papelón y avanzaron con la citación de audiencias públicas con un cronograma manejado por la Comisión de Comunicaciones, a cargo del pampeano oficialista Manuel Baladrón.
Luego del apego al reglamento y citar a las audiencias, la sonrisa del presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, Gustavo Marconato, demostraba la intención del kirchnerismo: tras tres días de exposiciones, el dictamen sería “cocinado” con algunos sectores aliados y llevado al recinto en sesión especial sin respetar los días establecidos en un tratamiento parlamentario normal. En la cabeza de los K, el miércoles 16 de septiembre, cinco días antes que florezcan las margaritas, sería un día de fiesta.
Sin embargo, luego de los dos primeros días de audiencia se dieron cuenta que no sería tan fácil y decidieron agregar más jornadas, a pesar de que a los exponentes nadie los escucha, convirtiéndose en voces que legalizan el tratamiento del proyecto en el Parlamento pero no suman ni restan al texto ya redacto. Es decir, las audiencias públicas son altamente necesarias para una verdadera participación popular en temas de gran complejidad e incumbencia social, pero en estos tiempos de política de barricada se transforman en meras excusas de formalidad democrática, porque mientras los distintos sectores sociales se expresan, los dirigentes políticos negocian un articulado que quizás fueron cuestionados por la mayoría.
Pero más allá de la eficacia de las audiencias públicas y su utilización política, lo cierto es que el oficialismo tuvo que trasladar la firma del despacho una semana más (el plenario de comisiones se volverá a reunir el martes 15) y, si las negociaciones prosperan, bajar a votar el proyecto el miércoles 23, siete días más tarde de lo imaginado.
Ese es el nuevo cronograma que puso en marcha el bloque oficialista, aunque el sector de los duros alienta la llegada de una contraorden desde Casa de Gobierno para forzar la marcha y convocar a una sesión especial, al día siguiente de haberse aprobado el dictamen de comisión, para lo que sí tienen la cantidad de firmas necesarias. Pero el recuerdo de la victoria pírrica de la 125 en Diputados provoca que el ala más racional de la bancada K quiera “hacer todo prolijo y cumplir con la semana que exige el reglamento”. Si triunfa este razonamiento, no usarían las sesiones especiales, las cuales fueron el atajo que encontró el oficialismo para apurar leyes sensibles al interés de los Kirchner sin cumplir los plazos reglamentarios.
Sin reconocer los problemas para encontrar consensos dentro del bloque y los aliados, la excusa que puso el oficialismo para postergar el plenario de comisiones es que la cantidad de anotados para las audiencias requiere que se extiendan un día más de lo previsto en el plan A para el tratamiento express de la ley.
Una queja en el teléfono
Los primeros tanteos con sus aliados de la centroizquierda y el radicalismo K les hizo ver a los popes del kirchnerismo que no contarían con el quórum de 129 diputados necesarios para garantizar la sesión, si no se avienen a aplicar modificaciones más amplias de las que venían ofreciendo. A esa situación se suman las posturas críticas de los cinco chubutenses que integran sus filas y también piden reformas al texto. Otros dos votos ya los dan por perdido: el del salteño Marcelo López Arias, que dejó el bloque K y Graciela Camaño, que no desertó por ahora, pero adelantó su rechazo a la ley. Mientras que el mayor temor son las ausencias de muchos diputados que se produciría a la hora de votar. Según pudo constatar Parlamentario serían alrededor de siete legisladores.
Ante este cuadro de realidad, los jefes del FpV dedicados a la negociación mostraron una estrategia de “flexibilidad” en la reunión con los diputados de Encuentro Popular y Social Ariel Basteiro, Vilma Ibarra y Victoria Donda, quienes a pesar de ser el sector más afín al Gobierno, plantearon críticas a un punto que para el Ejecutivo era inamovible: el ingreso al mapa de los medios de las telefónicas. Sin embargo, antes tantas críticas y la posibilidad de que los aliados no den quórum –como ya adelantó Claudio Lozano- y luego apoyen la votación de la ley en general y en el análisis de cada artículo se plieguen a la oposición para hacer caer artículos que integran el núcleo duro del proyecto, se analizan introducir varios cambios no previstos.
En el repaso de las posibles reformas se barajó prorrogar el plazo para que los multimedios se desprendan de sus frecuencias. El año que prescribe la ley sería para formular la propuesta de venta. Y a las compañías telefónicas no se les permitiría entrar de inmediato, sino en un período de dos a cuatro años. Lo que no quedó claro es si se las habilitará a contar con TV abierta, además de cables, como se deslizó sigilosamente en el texto. También se abrió la posibilidad de darle al Congreso la potestad de avalar el resultado de la revisión bianual de las licencias.
Más allá de las complicadas negociaciones, en la Cámara de Diputados se aprobaría el proyecto de ley antes del 10 de diciembre, pero si los Kirchner deciden forzar la votación y apurar los tiempos, en el Senado no tendría mejor suerte y la madre de todas la batalla se perdería.
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