Viernes

5

Septiembre

clima · tránsito · mercados

     

El peronismo, tal como lo conocemos hoy, nos sobrevivirá a todos

2-2-2007

Por Lorenzo Pepe

Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Imprimir
Las últimas investigaciones acerca de la Triple A y su cobarde accionar en los tiempos previos al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y la imputación a la ex presidente María Estela Martínez de Perón, han desatado una serie de opiniones que parecieran tener por objetivo un ataque artero al peronismo en su conjunto. Pensar que la eventual, y a mi entender imposible, disolución de un movimiento de las características del peronismo no traerá consecuencias institucionales, es equivocado. Creemos que con estas maniobras se corre un riesgo muy grande, pues la base cierta de sustentación del actual gobierno, sin duda, la aportó con su voto el peronismo, base de su propio sostén.
El peronismo es, hoy por hoy, el movimiento político de mayor trascendencia y vigencia que tiene la República Argentina y guardián de las instituciones democráticas.

Sólo basta recordar que en la elección del año 2003, en la que salió electo Néstor Kirchner, los tres candidatos peronistas sumaron el 63% de los votos emitidos. Esa es una representación de la permanencia ideológica -con sus naturales diferencias- que en el seno de la sociedad argentina tiene el peronismo como movimiento. Casualmente, esa misma cifra fue la que elevó al general Perón a la presidencia de la República por tercera vez, en 1973. Sólo que en esa oportunidad ese porcentaje fue para un solo candidato, el más prestigioso que tuvo la política en los últimos sesenta años, el propio general Perón.

Cualquier intento que se haga por enlodar la figura de quien fuera tres veces presidente de los argentinos se volverá en contra, porque nadie pudo -ni siquiera la euforia más reaccionaria del golpe de septiembre de 1955- empañar a figuras tan emblemáticas de nuestra sociedad, como Juan Domingo y Eva Perón.

Durante el gobierno de la Libertadora (denominada “Fusiladora”, entre los peronistas), de todo se dijo acerca de la vida privada y pública de Perón y de Evita. Sin embargo, el pueblo argentino, con esa memoria colectiva, producto de la historia oral que se ha ido traspasando de abuelos a padres, y de padres a hijos, fue absolutamente inamovible. Cuando hubo que volver a votar, lo hizo por el peronismo, salvo el traspié electoral de 1983.

Señalarlo, en el fondo, al propio Perón como responsable de la Triple A -cosa que algunos medios de información han sugerido- y de la ignominiosa actividad que ésta desarrolló, no sólo es un error histórico sino también una verdadera imprudencia política, pues quienes lo hacen no recuerdan a Perón en sus grandes gestos de pacificación de los espíritus en la Argentina.

Hagamos un rápido balance. Después de los bombardeos de la Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955, y ante la intimidación del almirante Isaac Rojas, que el 16 de septiembre de ese mismo año, al frente de la Flota de Mar, amenazaba bombardear nuevamente a la ciudad que había sido castigada hacía sólo noventa días, Perón dijo claramente: “Entre el tiempo y la sangre, yo opto por el tiempo”, y presentó la renuncia. Fue una clara actitud de desprendimiento del poder y de sacrificio por la paz interna, que por aquel entonces ya se veía tan vapuleada.

Si algo faltaba para ratificar el compromiso del general Perón, a su regreso definitivo a la Argentina, donde venía a afrontar un nuevo desafío histórico que el pueblo le había otorgado, lugar en que lo alcanzara la muerte, dijo: “Regreso como un león herbívoro y seré prenda de paz entre los argentinos”.

Si a esto le agregamos el abrazo en que se estrecharon con Ricardo Balbín, en un gesto realmente histórico de reconciliación entre los argentinos, vemos qué tipo de estadista era Juan Domingo Perón, quien a través de hechos concretos buscaba la paz interna de su pueblo.

El propio Ricardo Balbín despidió los restos de Perón con aquella famosa frase que aún conmueve a los argentinos: “Este viejo adversario viene a despedir a un amigo”.

En fin, la enorme cantidad de demostraciones que hablan del espíritu conciliador del general Perón, de su compromiso con la convivencia pacífica entre los argentinos, porque aun siendo un eximio profesor de la Escuela Superior de Guerra de nuestras Fuerzas Armadas conocía las consecuencias que la guerra y la muerte traen sobre los pueblos.

Nadie podrá endilgarle a este hombre, pacifista por naturaleza, ninguna actitud contraria a la dignidad humana y mucho menos con crímenes de lesa humanidad, de los que sí fuimos víctimas los peronistas a lo largo de estos últimos 60 años.

diseño web :: FIRENOX