El martes y miércoles los presidentes y secretarios de las comisiones de ambas cámaras, tuvieron que acudir a sus celulares y teléfonos fijos para comunicarse con los legisladores para garantizar su asistencia a la despedida del trabajo en comisiones, ya que este viernes es la fecha límite para emitir dictámenes favorables a los proyectos.
En rigor y de acuerdo con una recorrida de Parlamentario, pudimos comprobar que solamente algunas de ellas estaban funcionando reglamentariamente.
Obviamente al plenario para habilitar la reforma política, o electoral, no faltó nadie para exhibir sus definiciones y sus gestos histriónicos para ser tomados por las cámaras de TV, como fue el caso de la diputada María América González, que mereció de parte de Graciela Camaño una respuesta mas que tajante. Al lado de ese plenario estaba otra que se levantó, ya que sus integrantes formaban parte de algunas de las tres comisiones que estaban analizando el proyecto del Ejecutivo.
Ese fue el contexto en el que se cerró las reuniones de las comisiones de ambas cámaras, dejando en tendal de más 85 proyectos de ley que esperaban su abordaje y para desesperación de sus autores.
La ronda de consulta sobre este fracaso no obtuvo una respuesta oficial de ninguno de los jefes de los principales bloques, salvo algunas contestaciones más que livianas: “lo que pasa es lo que se van, están preparando sus bártulos”; “otros no vienen porque no tratan sus proyectos” y el de mayor peso “los de ésta comisión están en el plenario de la reforma política”, entre otras, fueron las respuestas.
Sin lugar a dudas que estos faltazos masivos afectan seriamente la construcción del andamiaje jurídico, dado que estaban a consideración una serie de iniciativas reclamadas por la sociedad.
Un escenario de falta de compromiso más que llamativo y que merece de parte de las autoridades de los bloques y de ambas cámaras un informe especial de quienes se borraron de las reuniones y fundamentalmente qué leyes quedaron habilitadas con dictámenes favorables, porque salvo un par de ellas, sobre las demás rondó el misterio, lo cual alimenta el relato que en la famosa sesión “ómnibus”, oportunidad en la que se vota a libro cerrado los proyectos sin disidencias ni observaciones, puede irrumpir alguna norma que no haya cumplido el periplo establecido reglamentariamente.
Entonces más que nunca, y para despejar los rumores es imprescindible que cuando sean puestas a consideración del pleno del Cuerpo no sea lea únicamente el número de expediente, sino de qué se trata la norma. Claro que es una conducta que siempre se usa como indica la tradición parlamentaria, pero ahora los secretarios parlamentarios de ambos cuerpos deben tomarse todo el tiempo necesario para explicitar cual es la temática de cada una de las leyes a votar.
Para despejar las dudas y lo rumores es imprescindible conocer antes de su ingreso a los recintos, de todos los proyectos en danza tanto en Diputados como en el Senado. Es decir, precisar que iniciativas cumplieron los pasos reglamentarios para su sanción.
|