No fue el único ausente al asado convocado por la Presidenta en Olivos, pero fue el faltazo que ese sábado hizo más ruido. Hablamos del senador Luis Viana, y las palabras que hicieron rechinar los dientes a más de uno en Olivos fueron las siguientes: “Sólo se trata de una reunión social donde únicamente hablará la Presidenta. Los demás van a escuchar, no estoy dispuesto a eso”.
Eso dijo el misionero Viana, con la convicción de que al concluir el almuerzo varios de los comensales se quedarían pensando lo mismo. No le erró.
Según confesaron en privado muchos legisladores, si bien esperaban en ese encuentro realizado en Olivos una bajada de línea por parte de la Presidenta, también aspiraban encontrar estrategias y argumentos para sostener, en los medios y en el propio Parlamento, las líneas directrices de la estrategia oficial. Y para varios, eso no existió. Los más críticos dijeron en privado que habían escuchado un discurso presidencial destinado más hacia fuera, los medios, que para lo que realmente necesitan en las trincheras parlamentarias.
Como contrapartida, otros aclararon ante Parlamentario que no podían esperarse otras argumentaciones, y que tampoco debió aguardar nadie en ese ámbito una socialización del diálogo. “Si alguien esperaba una horizontalización de las decisiones, más vale se hubiera ido al quincho de Viana”, sugirió un diputado kirchnerista para el que aguardar algo diferente es no haber llegado a conocer a los Kirchner en estos siete años de gestión.
Acostumbrados a decidir todos en el seno de una mesa chica que a lo sumo tiene tres sillas, Néstor y Cristina no iban a abrir las puertas de su morada para escuchar consejos…
Aquellos que prefieren ver el vaso medio lleno, sugirieron que lo mejor de la reunión kirchnerista había sido esa convocatoria inédita y las señales de cohesión dadas hacia el exterior, en un momento en el que a la oposición tanto le cuesta mantenerse aglutinada. Por eso no les hizo mella la chicana de Oscar Aguad, que como respuesta a las críticas lanzadas ese mediodía por Cristina Kirchner, endilgó al oficialismo que se habían reunido por primera vez en siete años. En rigor de verdad, ya hubo una reunión multitudinaria en Olivos con los legisladores, también convocada por esta Presidenta, luego de la debacle de la 125. Aunque eso fue un día de semana, con arenga y sin asado ni achuras.
Lo cierto es que bien podría el oficialismo haber aprovechado esa reunión en Olivos para brindar por el éxito de la primera etapa de la estrategia K para este año parlamentario. En efecto, cumplida la primera de las tres partes en las que han dividido 2010, la estimación de daños es bastante acotada.
Nos vemos en abril
Pasó casi desapercibido y hasta más de uno pudo interpretar en la actitud del senador Gerardo Morales cierta dosis de picardía. Fue en la sesión preparatoria del 24 de febrero pasado, cuando el titular de la bancada radical pidió algo que -admitió- no había sido comentado en la reunión de Labor Parlamentaria: que se incluyera a los días martes como día eventual para sesionar.
Su par kirchnerista, Miguel Angel Pichetto, rechazó la sugerencia, argumentando que no se había hablado previamente y que eso debía conversarse fuera del recinto. Fue lo mismo que decir que ni se le ocurriera a la oposición pensar que el oficialismo estaba dispuesto a conceder la posibilidad de sesionar un día más, aparte de los miércoles y/o jueves. Precisamente en un año en el que la mayor obsesión K pasa por lograr que ambas cámaras permanezcan cerradas el mayor tiempo posible.
Cosa que hasta ahora se está logrando con creces: la Cámara de Diputados sesionó este año sólo una vez, y si bien el Senado arrancó con todo el 24 de febrero con una sesión preparatoria, sólo alcanzó ese día a designar autoridades, pues la reunión quedó trunca por falta de quórum. Recién una semana más tarde, ya con Carlos Menem sentado en su banca, la oposición logró su objetivo de asignarse la mayoría de las comisiones del Cuerpo y no volvió a conseguir número para reunirse. Ningún proyecto pudo ser tratado aún por el Senado.
Las perspectivas no son prometedoras en cuanto a la apertura de los recintos, más bien todo lo contrario: estarán cerrados al menos hasta abril. En el ínterin hubo un amago de jornada hiperactiva este jueves 25, que quedó por la mitad, al cancelar a último momento Amado Boudou su asistencia al Senado.
Así las cosas, recién el miércoles 7 diputados y senadores volverán a sentarse en sus bancas… Aunque en estas circunstancias nada es seguro.
Se cumplió así la primera parte de la estrategia kirchnerista delineada para el Parlamento en esta coyuntura. La misma ha dividido el presente período ordinario, como decíamos, en tres etapas: la primera, desde el 1° de marzo hasta Semana Santa; la segunda, hasta las vacaciones de invierno; la tercera se extiende hasta el final del período ordinario, el último día de noviembre.
Establecida la meta de sesionar la menor cantidad de tiempo posible, el oficialismo logró llegar a las Pascuas con una cantidad mínima de reuniones sesiones. El Congreso llegará a su sexta semana del período ordinario habiendo sesionado sólo una vez en cada cámara.
El oficialismo, a pesar de un acuerdo inicial, ya blanqueó que no se presentará a menos que la oposición no acepte rever la distribución de las comisiones establecida el 3 de marzo pasado. Esto es, la estrategia delineada en Olivos impone que si el arco antikirchnerista desea sesionar, deberá arreglárselas en principio para lograr el quórum.
El acuerdo dejado a un lado establecía que para el mes de abril quedaran el tratamiento del pliego de Mercedes Marcó del Pont y la coparticipación del Impuesto al Cheque, temas demasiado controvertidos para ambas partes, y tratar el último jueves temas no conflictivos, cuestión al menos de darle a la sociedad la sensación de que el Senado sale de la inacción. Pero ese no es problema para el oficialismo, sino para la oposición, que ante la imposibilidad de generar por sí misma las condiciones para sesionar, sabe que es la que sufre el desgaste ante la sociedad.
Durante los meses que mediaron entre las elecciones y el 10 de diciembre, la dirigencia anti K se la pasó vociferando que nada podía hacer mientras las mayorías en ambas cámaras siguieran correspondiendo al kirchnerismo. Entre diciembre y marzo, protestó vanamente porque el Ejecutivo no convocaba a Extraordinarias; ahora, la oposición siente que se quedó sin argumentos para sostener su queja y que la responsabilidad de generar el quórum es suya. El desgaste por la falta de sesiones o de resultados tangibles en los recintos alcanzará estrictamente a la oposición.
El oficialismo, mientras tanto, apuesta a que sigan creciendo las diferencias en el seno del arco opositor, sobre todo luego del receso de las vacaciones de invierno, que estará matizado por el Mundial de Fútbol, que siempre conspira contra la actividad parlamentaria, vaya a saber uno por qué. Y para el año que viene, con las candidaturas presidenciales ya definidas, sueña conque la endeble cohesión que hoy existe en la oposición desaparezca por completo.
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