Viernes

29

Agosto

clima · tránsito · mercados

     

Una verdad incómoda

16-3-2007

Pese a que el tema está entre los top ten de la agenda política internacional, la Argentina casi no presta atención al cambio climático. En el Congreso hay menos de 15 proyectos sobre esta problemática y la mayoría se refiere a temas energéticos.

Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Tamaño de letra Imprimir
El mundo está revolucionado. Todos los países están preocupados por ello, al punto tal que el tema se encuentra en la agenda de la mayoría de los políticos. De hecho, Al Gore, ex vicepresidente de los EE.UU., y quien perdió las elecciones a manos de George Bush por el Partido Demócrata, está llevando este tema como principal caballito de batalla, al punto de ganar un Oscar por su película “An inconvenient truth” (Una verdad incómoda), en la que habla sobre el asunto.

Sólo rastreando los diarios internacionales de la última semana se pueden leer declaraciones del príncipe Felipe de España, de los candidatos a la presidencia francesa Segolene Royal y del conservador Nicolas Sarkozy -quienes firmaron un pacto ecológico que los vincula en caso de ganar, líderes mundiales como Angela Merkel, José Luis Rodríguez Zapatero, Jacques Chirac o Carlos de Inglaterra. El tema mereció expresiones como que es “el reto más importante de la humanidad” o requiere una “revolución ecológica”.

En Latinoamérica muchos líderes también hablan del tema. Evo Morales es el más enfático, pero también Lula da Silva salió a hacer manifestaciones públicas pese a que se lo critica por la deforestación del Amazonas. El mandatario brasileño indicó que Brasil redujo esa deforestación en más del 50% en los últimos tres años, algo que “debería servir de lección para los países desarrollados”.

La Argentina -y en particular sus gobernantes- dice estar abiertamente preocupada por la ecología y el cuidado del medio ambiente. Ahora bien, basta con poner en el Google “Kirchner + ‘cambio climático’”, para que estalle en la cara la cruel realidad: la última declaración pública del Presidente sobre el tema fue -según el buscador- en el Corsódromo de Gualeguaychú, en mayo de 2006. Antes se pronunció en 2004 en la 10° Convención de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, de la cual la Argentina fue sede. Fuera de eso, un silencio abismal y el tema aún no se coló en la campaña, como sí sucede en los países desarrollados.

El mal que acecha. ¿Qué es el cambio climático? La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático lo define, en su segundo párrafo, como “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos comparables”. Básicamente, el clima del planeta está compuesto por distintos factores, uno de los cuales -muy importante- es la composición de la atmósfera que -entre otras cosas- cumple la función de aislar a la Tierra de los rayos del sol. La atmósfera va sufriendo, de manera lenta, un proceso natural de desgaste y, junto con otros factores naturales hace que el clima vaya cambiando paulatinamente.

Hasta aquí todo es natural. El problema es que la mano del hombre está acelerando ese proceso a pasos agigantados. Tanto la emisión masiva de gases contaminantes, como la quema indiscriminada de combustibles fósiles (es decir petróleo) y la destrucción de bosques (tanto para uso industrial como de supervivencia) hacen que el planeta esté en pleno cambio y que las temperaturas aumenten en forma constante.

¿Qué provocará esto? Para empezar conviene hablar de lo que ya genera. Desde 2000 hasta hoy fueron los años promedio más calurosos de la historia de la humanidad y se especula con que en los próximos años la temperatura promedio de la Tierra aumentará cinco grados. De seguir aumentando las temperaturas, se descongelarán los hielos y los glaciares de montaña, modificando el abastecimiento de agua. Si el deshielo es mayor, podría afectar a zonas como la Antártida, porque aumentaría demasiado el nivel del mar, que además sufriría un aumento de su temperatura. Esto último, que bien puede parecer interesante a los fines turísticos, implicará mayor potencia en huracanes tropicales y posible alteración de corrientes oceánicas. También podrían variar los denominados “ciclos vegetales”, haciendo que países cercanos a los trópicos se conviertan en desierto y se generen problemas con los cultivos. Por último, también desde la medicina se señalan dificultades. Se dice que muchas enfermedades, que hasta ahora son esencialmente tropicales como la malaria o el dengue, se extenderían a latitudes templadas, afectando a las personas, pero también a la flora y a la fauna del lugar: es decir, un completo cambio del ecosistema.

La pregunta obvia es cómo se revierte este flagelo. Se deben tomar una serie de medidas a nivel global: reducción de emisión de gases contaminantes, reemplazar combustibles fósiles por fuentes de energía renovables -como los biocombustibles- y detener la tala indiscriminada de árboles.

Y por casa, cómo andamos

El mundo está preocupado, pero en la Argentina se mira para el costado. El Congreso no es la excepción. Salvo algunos casos, poco se dedicó al tema en cuestión. El mayor avance se dio con la aprobación de la Ley de Biocombustibles, cuyo fin primordial es económico y no de cuidado del medio ambiente… Pero vamos por partes.
En la Cámara de Diputados sólo hay seis proyectos de ley que intentan, al menos, paliar las dificultades ocasionadas por el cambio climático. De ellos, cuatro refieren al uso de energías renovables, tema que tiene preponderancia económica y no ecológica. De los otros dos, uno -encabezado por Miguel Bonasso- es sobre presupuestos mínimos de protección ambiental de los recursos no renovables, lo cual también toma al calentamiento global tangencialmente. La única propuesta que plantea un acercamiento general al tema pertenece al diputado Jorge Giorgetti (FpV-Santa Fe), quien propuso crear un Consejo Argentino Asesor sobre el Cambio Global.
En el Senado la cosa no varía en mucho. Hay seis proyectos de ley que apuntan a pensar este flagelo del cambio climático, aunque también tocan el tema de rebote: uno de presupuestos mínimos, tres de temas energéticos, uno de declaración de emergencia forestal y uno para disminuir la emisión de gases contaminantes en los autos.
A todo esto -por supuesto- hay que agregarle una batería de proyectos de resolución o declaración que se presentan en ambas cámaras: declarar es fácil, lo difícil es hacer y modificar la realidad. En especial cuando estos temas tocan muchos intereses y muy diversos.

Lo hecho hasta ahora

Nobleza obliga decir que el Senado trabajó adecuadamente al menos una parte del tema, aún contra la censura presidencial. En poco tiempo se sancionaron dos proyectos centrales en lo que hace a la generación de energías alternativas: proyectos que luego fueron refrendados por Diputados, incluso con algunas modificaciones que les restan valor.

El primero fue de autoría del radical rionegrino Luis Falcó (hoy de licencia), quien no recibió los laureles merecidos por la puesta en marcha de su idea (Kirchner la promulgó como propia). Se trata de la Ley de Biocombustibles, una normativa que promociona la generación de combustibles biológicos, basados en aceites vegetales. Estos reemplazan total o parcialmente a las naftas tradicionales -que usan recursos no renovables como el gas o petróleo- y están puramente fabricados con recursos renovables como el girasol, azúcar, soja, maíz, etc... No sólo no se gastan sino que además los gases que emiten no son contaminantes: el dióxido de carbono que liberan se consume en un tiempo muy corto y no llega a deteriorar el medio ambiente.

Falcó generó el proyecto y logró que más de 40 senadores firmen su propuesta y así llegar a la media sanción. Pero el tema se frenó en Diputados por la negativa del entonces ministro de Economía y hoy candidato presidencial, Roberto Lavagna, que no estaba dispuesto a dar exenciones. Muchos vincularon esta negativa a las estrechas relaciones del ex ministro con una empresa petrolera. Luego de muchas presiones cruzadas y de la salida de Lavagna del Ministerio, Diputados aprobó con modificaciones la propuesta. Esta volvió al Senado, donde se le dio sanción definitiva. En aquel momento Parlamentario dialogó con Falcó, quien no se mostró muy satisfecho por la aprobación. “Tantas modificaciones hicieron que al final no tiene nada que ver con el proyecto original”, dijo en su momento.

El segundo buen intento del Senado estuvo encabezado por el senador neuquino Pedro Salvatori, quien logró la sanción de un Régimen de Fomento Nacional para el Uso de Fuentes Renovables de Energía Destinada a la Producción de Energía Eléctrica. Se trata de una propuesta que establece un régimen de inversiones por diez años, con beneficios similares a la Ley de Biocombustibles. En oportunidad de la sanción, Salvatori también se quejó de los “fiscalistas” que trabaron innumerables veces su iniciativa. “Los respeto mucho, pero cuando el árbol no les deja ver el bosque, en lugar de ser profesionales de la Economía, que vislumbran un horizonte promisorio se transforman en cuenta porotos. Digo esto porque, con el argumento del costo fiscal, pierden la perspectiva y no tienen en cuenta una regla mínima: si no existen inversiones no hay recaudación ni tampoco empleo, que es lo que tenemos la obligación de fomentar en esta República Argentina que sufre tantos problemas”.

A pesar de los esfuerzos de Salvatori y Falcó, en los objetivos de estas propuestas prevalece lo económico por sobre lo ambiental. Esto no lo desmerece, pero al menos merece un llamado de atención que en los únicos asuntos que el Congreso efectivamente intervino lo hizo por un asunto de planificación energética; y aun así ambos recibieron frenos muy grandes por parte del Ejecutivo.

Por ahora el Congreso está en mora. Si bien desde los distintos sectores políticos se comenzó a enarbolar la bandera de la ecología, a la hora de pensar una legislación acorde a los nuevos tiempos se priorizan otras temáticas u otros intereses…

En la Argentina siempre parece haber cosas más urgentes; más urgentes, incluso, que el futuro de la humanidad.

Pablo Winokur

diseño web :: FIRENOX