Las elecciones porteñas que se realizarán el próximo 10 de julio han sembrado mucha incertidumbre y desconcierto en los diversos sectores políticos que actúan en la ciudad de Buenos Aires. Este clima principalmente ha afectado a las cúpulas partidarias que no han encontrado manera de conformar un arco opositor en el que prevalezcan las coincidencias por sobre los egos personales y las miserias humanas y que lo conduzca a convertirlo en una alternativa de poder al kirchnerismo.
Este clima de confusión y desasosiego se ha trasladado verticalmente hacia los cuadros partidarios y principalmente hacia los legisladores de la Ciudad.
En el Parlamento porteño pegó muy duro la deserción a sus respectivas candidaturas presidenciales tanto del actual jefe de Gobierno, Mauricio Macri, como del líder de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas. Los dirigentes de ambas alianzas aún no encuentran razones terminantes que expliquen semejantes retrocesos. Ello además se ve agravado porque las decisiones que hoy los afectan han sido tomadas -según afirman- en mesas chicas conformadas por no más de tres o cuatro personas.
Es innegable que esta situación también vive el kirchnerismo capitalino que, turbado por la indefinición de CFK respecto al nombre que el espacio K llevará como candidato a jefe comunal en la Ciudad, transita por un camino sinuoso y en el que cada día se le hace más cuesta arriba para instalarse en la intención de voto porteña.
Es propósito del oficialismo nacional que milita en la Capital Federal “enancarse” en la imagen de la Presidenta y realizar una muy buena elección que los conduzca a disputar en un posible ballotaje la Jefatura de Gobierno. Ello sólo parece producto de alguna alquimia política, si uno mira lo que hoy dicen los sondeos de opinión que difunden las diversas consultoras; pero también obedece a la aparición en escena de un actor impensado como es “Pino” Solanas, el que sin dudas disputará el mismo segmento electoral al que aspira conquistar la transversalidad K. Pero es necesario también tener en cuenta que, tras la elección del candidato -como en toda disputa política- quedarán varios heridos de los que no se puede vislumbrar el camino que recorrerán de allí en más.
La Coalición Cívica es otro espacio en el que los partidos que la integran se disputan las bancas que esa alianza pondrá en juego el próximo 10 de julio. En esta fuerza, tal como ocurre en el kirchnerismo, quien posee las facultades necesarias para vetar o consentir es su líder, Elisa Carrió. Los aspirantes a representar a la CC obligatoriamente deberán pasar por la lupa de la “chaqueña” que será finalmente quien llene los casilleros con los que el sector político intentará conquistar al votante capitalino.
Horizonte electoral
Este panorama refleja un mapa político por demás desconcertante para el común de los ciudadanos. Ninguno de los partidos o alianzas han podido iniciar el lanzamiento de sus propuestas: por un lado, porque la ley electoral no permite la enunciación de programas de campaña, sólo se pueden realizar actos proselitistas desde 60 días antes de la realización de los comicios; y por otro, la dura lucha que puertas adentro, mantienen las organizaciones partidarias para designar a sus candidatos, lo que establece serias dificultades para alinear a toda la militancia por detrás de candidatos que aún no se conoce cuales serán; y más aún si las candidaturas que finalmente sean nominadas no satisfacen las expectativas que cada corriente o línea interna tiene puestas en los dirigentes que proponen.
En ese contexto, se inicia el período electoral en la Ciudad de Buenos Aires y en el que el oficialismo gobernante pondrá en juego el 10 de julio catorce de las 24 bancas que posee y cuya retención podría correr algún riesgo, obligándolo a buscar alianzas para, al menos, renovar las que estarán en juego.
Desde esa perspectiva el escenario electoral no se presenta esperanzador para el PRO de Mauricio Macri, ya que si bien el jefe de Gobierno se pondrá al frente de la campaña por la reelección en la Ciudad, se verá obligado a hacer una muy buena elección para no perder apoyo en la Legislatura, donde podrían crecer fuertemente los bloques de Proyecto Sur y el kirchnerismo, siempre y cuando se verifique lo que indican hoy las encuestas.
Bancas en juego
Cabe recordar que la Legislatura renueva el 10 de julio, fecha en la que también se votará para jefe de Gobierno y vice, 30 de las 60 bancas que integran el Parlamento y que según establece el artículo 69º de la Constitución de la Ciudad: “Los diputados duran cuatro años en sus funciones. Se renuevan en forma parcial cada dos años. Si fueran reelectos no pueden ser elegidos para un nuevo período, sino con el intervalo de cuatro años”.
En ese marco, el bloque oficialista pondrá en juego catorce de las 24 bancas con que cuenta actualmente y las especulaciones más conservadoras estiman que retendrá al menos diez escaños. Desde otro lado del PRO creen que Mauricio Macri incrementará el caudal de votos alcanzados por Gabriela Michetti y que en consecuencia están persuadidos que conservarán el número de legisladores que ponen en juego y hasta de aumentarlo.
En el armado de la lista macrista es donde aparecieron las primeras escaramuzas. Según las versiones que recorren lo diversos ámbitos de la Legislatura, el líder del PRO es reacio a conceder la reelección a los legisladores, sin embargo quienes finalizan su mandato el próximo 10 de diciembre sienten que han acumulado experiencia y que el trabajo de alianzas que establecieron hizo que el jefe de Gobierno y sus funcionarios no tuvieran que pasar sobresaltos cada vez que concurrieron al recinto legislativo.
Sin embargo, si se produjera esa reducción de cuatro sillones en el recinto derivará, seguramente, en la obligación para el PRO de entablar alianzas de cara a futuras votaciones dado que se requieren al menos 31 manos alzadas para la sanción de leyes. Ya en el período que finaliza se le presentaron numerosas dificultades para alcanzar el número de voluntades necesario que apoyen los proyectos que faciliten la gestión PRO.
Entre los legisladores que finalizan sus mandados figuran Cristian Ritondo, Oscar Moscariello y Martín Ocampo, quienes ya tendrían asegurado un nuevo período en la Legislatura -2011-2015-, ya que se da por descontado que volverán a estar entre los primeros puestos de la lista del PRO. En tanto, los once restantes esperan ansiosos integrar la nómina ya que -según fundamentan- tienen méritos en demasía para renovar sus bancas. “No se resignarán a quedar fuera del armado”, aseguran y al respecto recuerdan las palabras dichas por Macri el sábado último “debemos terminar lo que empezamos”.
Además, el bloque sentirá la salida de los diputados Martín Borrelli, titular de la Comisión de Seguridad un tema que fue centro de atención en este año para la gestión macrista, y de Alvaro González, quien estuvo al frente en estos últimos años de las negociaciones con las fuerzas de la oposición por el Presupuesto de la Ciudad. Ambos no tienen chances de seguir ocupando una banca, dado que cumplirán en diciembre con dos mandatos y están impedidos de buscar una nueva reelección; aunque se especula que ambos legisladores tendrían destinos fijos asegurados: Borrelli en el Consejo de la Magistratura y González, en el Congreso nacional, para ocupar un escaño en la Cámara de Diputados.
Van por más
En el bloque de Proyecto en Sur, que conduce Fabio Basteiro, en cambio, sólo dejará su lugar el legislador Marcelo Parrilli, que en realidad es parte desde marzo último de un interbloque con el espacio de Fernando “Pino” Solanas.
En consecuencia, los siete legisladores de Proyecto Sur continuarán hasta 2013 y, de acuerdo con los votos que coseche la fuerza en los comicios de julio -hoy sumarían nuevas bancas- lo consolidará como espacio opositor.
En tanto, en el kirchnerismo Juan Cabandié y Gabriela Alegre concluyen sus mandatos y quedarán Francisco “Tito” Nenna y María José Lubertino, con lo cual también tienen posibilidades concretas de incrementar la cantidad de escaños con los que contaba. En esa línea se especula que, una vez efectuada la renovación legislativa el 10 de diciembre, el bloque K pueda sumar a los legisladores del bloque Peronista Mateo Romeo y Claudio Palmeyro. Los destinos de Silvina Pedreira y Diego Kravetz aún resultan una incógnita, aunque sí queda claro es que representantes del peronismo no habrá en el próximo periodo legislativo. Sólo quedarían quienes participan en el PRO como “pata” peronista del mismo.
En las huestes kirhneristas también aspiran sumar a los legisladores que responden a Martín Sabbatella, la diputada Delia Busutti, recientemente alejada del Proyecto Sur e incorporada al espacio Nuevo Encuentro representado en la Legislatura por Gabriela Cerruti y Gonzalo Ruaonova.
El escenario de la Coalición Cívica es poco menos alentador, ya que en diciembre perderá dos de las cinco bancas, ocupadas por Diana Maffía y Sergio Abrevaya, no obstante se estima que será el único que renovará su mandato dado que liderará la lista de candidatos a legisladores de su propio espacio: PODES. La boleta de la CC la encabezará el dirigente Maximiliano Ferraro y tal vez integre la misma Diana Maffia, quien ha desarrollado una buena tarea en el Parlamento porteño.
En Diálogo por Buenos Aires, en tanto, el panorama indica que pondrá en juego tres de las cuatro bancas con las que cuenta en la actualidad: las de Aníbal Ibarra, Raúl Puy y Eduardo Epszteyn; al tiempo que continuará María Elena Naddeo. En este bloque esperan el avance de la designación del candidato a jefe comunal por el kirchnerismo para iniciar conversaciones con el objeto de acompañar al mismo en forma de “colectora”.
Por último, tres legisladores que comandaban monobloques finalizarán su mandato en diciembre: Raúl Fernández por Encuentro Progresista; Julián D’Angelo por el socialismo y Martín Hourest por Igualdad Social.
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