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La otra elección

13-4-2007

Mientras todos hablan de la presidencial, este año también se renovará la mitad de Diputados y un tercio del Senado. ¿Cómo quedará el panorama después de octubre? ¿Qué se juega en el armado de las listas?

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Que pingüino, pingüina, radicales K, L, R, C… Coalición Cívica, Carrió, Lavagna, López Murphy, Sobisch… Mucho se habla de lo que se presenta como el plato principal de octubre, aunque aún poco se sabe de lo que también conlleva esa elección, sin que por ello sea un plato secundario.

Se trata de los comicios legislativos. En octubre se van a elegir 130 diputados y 24 senadores que, junto con el Presidente de la Nación, definirán los destinos del país durante al menos los próximos dos años, es decir hasta el 2009.

¿Qué se juega en octubre? Además de quién será el primer mandatario hasta el 2011, también se sabrá cuánto poder real tendrá ese mandatario los primeros dos años de su gestión. Esto estará definido por dos cuestiones. La primera es si tendrá o no mayoría en las cámaras; la segunda, es si contará o no con quórum propio.

Hoy Néstor Kirchner cuenta con ambas herramientas, con lo cual pudo sancionar a su antojo las leyes más polémicas de su gestión, como la reforma al Consejo de la Magistratura, la ley de superpoderes o la reglamentación de los DNU, entre otras.

El mapa de hoy

Hoy el Frente para la Victoria/PJ cuenta con 114 bancas en Diputados. Tenía 117 en octubre de 2005, pero se fueron María del Carmen Alarcón, Eduardo Pastoriza y Eduardo Arnold, por diferencias con el Ejecutivo. A esto se le deben sumar los 19 legisladores que le suma el bloque del Peronismo Federal, ex hombres y mujeres de Eduardo Duhalde que prestan sus votos al oficialismo. De estos últimos, 13 pondrán en juego sus escaños.

En la actualidad los 114+19 (133) dan un número importante para imponer el quórum ante cualquier votación. ¿Podrá el oficialismo sostenerlo luego de octubre? ¿Qué pasaría si no gana y el nuevo Presidente debiera gobernar en minoría?

El FPV/PJ pone en juego 51 diputaciones, más las 13 del Peronismo Federal; en total serían 64 votos a la hora de la verdad. La UCR pone en juego 20 bancas. Según cuál sea el reparto con el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, que seguramente querrá poner algunos hombres propios en las listas, podrá ver reducida su cantidad de escaños. Eso sin contar a aquellos radicales que migren a las filas del kirchnerismo.

El ARI (6 bancas en juego) y el PRO (4) parecen ser los que menos tienen para perder. Cabe recordar que quienes caducan su mandato este año fueron electos en 2003, año en que -producto de las alianzas con el ibarrismo y el peronismo porteño, respectivamente- ambas fuerzas casi no obtuvieron legisladores propios.

Por su parte, el Justicialismo Nacional (un conglomerado de peronistas no alineados al Presidente) pondrá en juego nueve diputaciones.

Las restantes 27 bancas en juego están repartidas entre partidos provinciales, otros peronistas disidentes, bloques unipersonales de centro izquierda (Bonasso y Lozano), juecistas y un socialista.

Sin turbulencias

En el Senado la cuestión está más calma para el oficialismo. Como la Cámara alta sólo se renueva de a tercios la cosa está más segura. Máxime teniendo en cuenta que buena parte de las provincias que renuevan están dominadas por la oposición. A saber, las provincias son: Ciudad de Buenos Aires (un radical, dos FpV ocupan actualmente la banca), Chaco (2 UCR, 1 FpV), Neuquén (2 MPN, 1 FpV), Río Negro (2 UCR, 1 FpV), Salta (2 FpV, 1 PRS), Santiago del Estero (2 FpV, 1 UCR), Tierra del Fuego (2 FpV, 1 UCR) y Entre Ríos (2 FpV, 1 UCR).

En la sumatoria, el oficialismo tiene más para ganar que para perder. El único distrito que eventualmente podría complicarle las cosas es -como siempre- Capital Federal. Allí habrá que ver los nombres que logran poner.

Sea como fuere los resultados no depararán demasiadas sorpresas. Hoy el FPV-PJ cuenta con 41 bancas (37 alcanzan para el quórum propio), 17 tiene el radicalismo (contando a los independientes), 5 el Interbloque Federal y dos el justicialismo puntano.
La UCR pone en juego siete (más un radical independiente) y el oficialismo 11. El problema es que al partido centenario le costará mucho retener algunos escaños, como el de Río Negro (dominado por un radical K) o el de la Ciudad de Buenos Aires, que siempre es un misterio.

Ni en el peor de los pronósticos se podría pensar que el oficialismo perdería esos cuatro legisladores que hacen que tenga el quórum propio. Todo lo contrario, tal vez recupera algunas posiciones.

El beso del adiós

Más allá de los fríos números, habrá varios legisladores de renombre que dejarán sus respectivas cámaras. Algunos con chances de volver, y otros ninguna. En el Senado están, entre otros, Rodolfo Terragno, Vilma Ibarra, Sonia Escudero, Marcelo López Arias (candidato a gobernador de Salta), Ricardo Gómez Diez, Pedro Salvatori o Mirian Curletti. También se irían dos importantes soldados del oficialismo en lo que hace a la agenda legislativa, como el titular del bloque justicialista Miguel Angel Pichetto (candidato a gobernador de Río Negro) y Jorge Capitanich, quien dirimirá el próxima fin de semana si es candidato a gobernador por el FpV.

En Diputados también se irían algunos históricos, como Graciela Camaño, Alfredo Atanasof, Carlos Ruckauf, Jorge Landau o José María Díaz Bancalari. Este último podría renovar en la lista unificada del PJ bonaerense y el FpV. Del Justicialismo Nacional renovarían Juan José Alvarez o Eduardo Camaño, quienes ya tendrían un lugar en el armado lavagnista.

Por parte de la UCR también se irían legisladores importantes como Federico Storani, Miguel Angel Giubergia, Mario Negri, Fortunato Cambareri y el jefe del bloque, Fernando Chironi.

Entre la nómina de quienes partirán (salvo que logren ser reelectos) también están Eduardo Macaluse, Marta Maffei y Adrián Pérez (ARI), Federico Pinedo y Jorge Vanossi (PRO) y Claudio Lozano.

El oficialismo también podría perder a hombres tal vez menos conocidos, pero que son centrales en la defensa de los proyectos oficiales en comisión, como Juan Manuel Urtubey, Osvaldo Nemirovsci o Jorge Argüello. Habrá que ver si alguno puede renovar.
Este 2007 no sólo es año de elección presidencial, sino que también se juega el futuro Parlamento. En función de su composición se sabrá cuánto poder tendrá el nuevo gobernante.

Además -será la primera vez desde 1999- en que la elección a legisladores nacionales que se jugará más en el plano nacional y no tanto en lo local. En 2003, distintas fuerzas políticas tomaron importancia por haber hecho un buen papel en las presidenciales, pero se licuaron por no poder armar buenas listas en las distintas localidades para las legislativas. Ahora ambos poderes se elegirán en simultáneo, lo cual representa una ventaja para las fuerzas minoritarias, porque el nombre principal (Carrió, López Murphy o Lavagna), podría hacer que traccionen legisladores para sus sectores.

Seguramente, entonces, el Congreso tendrá un mejor correlato de lo que es la política nacional. Pero para eso, todavía falta.

Pablo Winokur

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