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La parodia del escrache/El oportunismo de los cómicos

10-5-2007

Por Carlos A. García

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Está claro que la marginalidad en política habilita a cualquiera a plantear cualquier cosa. Nadie te pide explicaciones, nadie te exige coherencia, nadie te pregunta los motivos de tus decisiones. Nadie te toma en serio.

Aprovechar la impunidad que brinda la irresponsabilidad, es para ciertos sectores, una forma habitual de conseguir el protagonismo que la propia inteligencia no alcanza a brindarles.

A partir de estas premisas, vale la pena señalar que el escrache propuesto a Roberto Lavagna por un grupo de afiliados radicales se enmarca dentro del sensacionalismo y la superficialidad propia de estos tiempos y en un profundo desconocimiento de los significados políticos y simbólicos que entraña esta metodología.

Tal vez a ellos se les escapa que “el escrache” es utilizado por los hijos de los detenidos - desaparecidos de la última dictadura militar, con la intención de obtener una condena social hacia los torturadores de sus padres, quienes desde el anonimato desarrollan sus vidas normalmente y en total impunidad de sus crímenes

Dicha metodología (similar a la justicia por mano propia) contiene una considerable carga de agresividad que solo es tolerada socialmente por la naturaleza de los crímenes cometidos, la falta de castigo por parte del Estado y el dolor filial de quienes la promueven.

Hechas estas consideraciones, cabe preguntarse si resulta legitimo la utilización de este tipo de manifestaciones de repudio a un hombre de la democracia que siempre actuó dentro de las normas y valores republicanos y de la mas absoluta transparencia.

A diferencia de muchos de sus colegas (algunos economistas y otros/as aspirantes a la presidencia de la Nación) Roberto Lavagna nunca formó parte de gobiernos militares, renunciando a su cargo en el ministerio de economía luego del golpe del 76 y retomando sus funciones en la administración pública durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

A diferencia de algunos afiliados radicales, Roberto Lavagna no estima que sus consideraciones personales lo habiliten a trasladarse a la casa de sus oponentes armado de carteles ofensivos para manifestar su desacuerdo. No los considera como enemigos a los que hay que destruir sino como adversarios con los que se debe debatir.

Que quede bien claro:

1) la Unión Cívica Radical desechó siempre las manifestaciones violentas, autoritarias, descalificadoras y arbitrarias como método de acción política.

2) el impulso de la candidatura de Roberto Lavagna es el resultado de la decisión orgánica y mayoritaria de la Convención Nacional.

3) el debate partidario sobre la estrategia político - electoral de la U.C.R se debe desarrollar dentro de un marco de tolerancia y respeto que obligue a los participantes a aceptar las decisiones de la mayoría.

4) En todo momento se deben tener presentes las líneas de acción políticas definidas en la Convención de Rosario orientadas a la conformación de un frente político electoral capaz de convertirse en alternativa al neopopulismo kirchnerista y al neoliberalismo de Macri y López Murphy.

Acudir al recurso del escrache para sobreactuar fortaleza y decisión deja en evidencia la debilidad de sus argumentos políticos y la obsesión por alcanzar notoriedad pública a través de la provocación. Es fácil militar desde el oportunismo y sumar adhesiones generando confusión. Nuestro desafío en cambio, es construir una herramienta potente para transformar radicalmente la Argentina.

* Carlos A. García está a cargo de la Presidencia de la UCR Pcia. Buenos Aires

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