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Siempre sostenemos, en las discusiones sobre economía, economía real y economía monetaria, que estamos viviendo situaciones similares a los 90. La base de nuestro pensamiento está primero en que si algo es bastante menos ortodoxo que
el resto en economía o en política económica, es lo monetario. Segundo que si algo se visualiza claramente son las discrepancias, que hasta podrían llamarse incoherencias, entre los distintos miembros del Gobierno vinculados con el tema, lo que demuestra que aquí más que gabinete hay un grupo de amigos conviviendo con algunos “enemigos íntimos”.
Ahora aparece la pelea Felisa Micelli vs. Martín Redrado por el manejo monetario, como que cada uno toma el rumbo que más le gusta o le conviene y demuestra hasta qué punto tiene vulnerabilidades aquello de la “independencia” -que con carácter de absoluta- algunos plantean para el Banco Central. Redrado, que es Martín, al decir del Presidente Kirchner y que fue un claro operador de los ´90 tiene, obviamente, el síndrome de la ortodoxia de esa década que además es la de la mayoría del mundo.
Y realmente este Presidente del Banco Central lo que hace son negocios para ese Banco sin importar mucho qué sucede con la economía del país y además promoviendo la bicicleta financiera, como bien dice el economista y periodista
Marcelo Zlotogwiazda. Garantiza un dólar fijo, una convertibilidad sin ley del Congreso pero sí con la categoría de Ley Económica, una entrada importante de capitales que presionan la inflación y un rendimiento para las deudas que emite el Central con el fin de absorber circulante, que es el 5% superior al rendimiento en los EE.UU. y sus bonos estatales.
Lo posible a suceder es que luego -si es que hay una revaluación del peso, es decir que por ejemplo el dólar valga $2,50- los mismos que entraron dólares y les dieron $3,00 puedan recomprar al nuevo valor, repito $2,50 y en ese caso el negocio es brillante para los que especulan de nuevo con nuestra moneda.
Claro, lo peor de todo para la ministro Micelli es que si el peso se revalúa y el dólar llegara a valer menos, se caería toda la ecuación financiera y presupuestaria actual, pues no podría practicar las mismas retenciones. Es decir, el presupuesto no sería superavitario en la medida de las necesidades del Gobierno, no se podría pagar la deuda pública , se pondría en riesgo la credibilidad, financiera y económicamente hablando -sin entrar en lo político- se podría comenzar un proceso altamente complejo y repetido en la Argentina.
No podemos olvidar que el 40 por ciento de la deuda pública está ajustada por CER y otro tanto por el crecimiento del PBI y que implica que el crecimiento de la Deuda Externa es, -por el ajuste de estos índices- mayor que el superávit fiscal, por lo que la deuda ha empezado a crecer a pesar de la “política de desendeudamiento” que tiene el PEN.
A esto hay que agregarle que el Banco Central, para mantener el tipo de cambio compra todos los días dólares en el mercado y lo hace con pesos que emite (la maquinita famosa funciona más que nunca) y luego, para que no haya inflación por exceso de dinero en la calle, emite Deuda que se llaman Nobac o Lebac y eso ya representa el 43 por ciento del total de las reservas de este banco madre de la Argentina.
Es decir no sólo es mentira aquello de que las reservas se constituyeron sin Deuda -mentira de funcionarios y periodistas que ya cayó por su propio peso- sino que además, debemos aclarar, que estas deudas por títulos que emite el Central están ajustadas por CER (inflación) y eso potencia más aun el endeudamiento para el futuro casi inmediato.
Sabrá a esta altura interpretar el lector porqué se “toquetean”, de una manera infamante para el intelecto y mucho mas para la credibilidad, los índices de precios en el INDEC, constituyendo este elemento uno de los que más nos desacredita no sólo en el país, sino ante el mundo. Es decir, con índices “mentirosos” de inflación no sólo engañamos al pueblo sino también a los acreedores que ven mermados sus activos por esta causa. Pero, ¿saben cuál es la consecuencia? Ahora el gobierno se endeuda en pesos y a tasas fijas y las mismas son superiores al 11 % y por ello mayores a la inflación “oficial”, lo que hace sospechar que para nada ha servido semejante aberración porque se terminan pagando según el mercado, que da por sentado que lo del INDEC es una mentira.
Por todo esto es que decimos que estamos como en los 90. Ortodoxia. Bicicleta financiera. ¿Su causa? Esencialmente estamos ante una nueva convertibilidad, aquella decía que el dólar y el peso valían iguales y se hizo por medio de una ley. Esta dice que cada dólar vales 3 pesos y no lo dice una ley del Congreso sino una regla de funcionamiento económico que suple a cualquier ley.
Además las leyes en la Argentina sufren de un proceso de devaluación que es mayor que la que ya tuvo el peso y una prueba de ello es haber dicho “el que puso dólares cobra dólares” y eso se incumplió. O antes, cuando se escribió una ley que habló de intangibilidad de los depósitos y más de un argentino todavía no los recuperó después del default.
En definitiva creemos que está llegando la hora que se tome con mas seriedad lo Monetario. Aunque lo real esté fantástico, al decir de muchos Gobernadores y oficialistas, si la bicicleta se instala y la idea es que el dólar no se modifique y la maquinita no para, ¿quien sabe cuál es el final de esto? Todos los expertos dicen que se está bien siempre que las condiciones no cambien. Y la pregunta es entonces qué o quién hace cambiar las condiciones.
O las cambia el Gobierno, tomando otro camino, o las cambiara el mercado y es de esperar que sea con suavidad. Pero lo peor sería que cambiaran las condiciones por sucesivas derrotas electorales que demostrarían que una cosa es votar en verano, en vacaciones, como en Entre Ríos y otra votar cuando hay que comprar y vender todos los días para sobrevivir y eso siempre sucede a partir de abril en la Argentina.
El deseo, mi deseo, el de los argentinos, cada vez más volátiles y más dinámicos, es que la movida sea suave. Si así no lo fuera, pobre de nosotros, una vez más.
Juan Carlos Lucio Godoy es diputado nacional por la Concertación Entrerriana
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