¿Cuál es la diferencia entre una campaña negativa y una campaña sucia? La primera es una forma de hacer política, la segunda es una etapa en la recolección de residuos.
Ejemplos: decir que un candidato no debe gobernar porque es “pudiente” o de derecha es parte de una campaña negativa. Expresar, en cambio, que una ciudad está “mugrienta” porque uno de los candidatos no la limpia, cuando desde hace diez años no tiene ninguna responsabilidad en el tema, es parte del tacho de basura.
Las palabras “pudiente” o derecha implican juicios de valor con los que se puede o no estar de acuerdo. La referencia a la ciudad “mugrienta” pertenece en este caso, primero, a la categoría de la desinformación y, después, al de la psiquiatría.
Sin embargo, la ministro de Economía no se equivocó cuando, para desacreditar al candidato Macri, usó el ejemplo de la basura. No advirtió que más que un ejemplo era, casi, una metáfora. Estaba empujando para que la campaña por la segunda vuelta entrara en el reino de la campaña sucia. En beneficio de la honestidad de la ministro su expresión indica algo más grave: la calidad de la información que recibe cuando toma decisiones económicas.
Las únicas dos preguntas que importan son: (a) ¿debe o no el candidato Macri meterse adentro del tacho de basura que le están ofreciendo para demostrar que, también en ese lugar, puede ganar? y (b) ¿cuánto le importa a la gente este tipo de campaña?
La respuesta a la primer pregunta es otra pregunta: ¿por qué cambiar para la segunda batalla una estrategia ganadora en la primera, cuando se celebrará tres semanas después en el mismo territorio, consultando al mismo electorado y sobre los mismos temas?
La respuesta a la segunda pregunta es que la inmensa mayoría de la gente esta saturada, harta y decepcionada de todo lo que se vincule con la política y con los políticos.
Macri ganó en la primera vuelta, entre otras cosas, porque aparece como el candidato que no pertenece a la “rosca” política.
Kirchner-Filmus y Carrió-Telerman perdieron en esa primera vuelta porque pelearon, discutieron y se agredieron con un discurso que la gente que camina por la calle no quiere oír más.
Es curioso la forma como algunos dirigentes y sus asesores leen a veces la realidad: el gobierno y el Presidente han insistido, desde el domingo de 3 de junio a la noche, con el mismo discurso que la gente acababa de rechazar. No solo eso, dijeron que se habían equivocado. Son como autómatas con una programación única: dicen los mismos discursos, atacan de la misma manera, duplican la misma apuesta y mandan medir de nuevo por los encuestadores la calidad de los mismos mensajes que los llevaron a la derrota.
Es muy grande la tentación de no recordar una idea muy vieja, divulgada en el mundo contemporáneo por Einstein: “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
Mirado de esta manera, Macri debería hacer para la segunda vuelta lo mismo que hizo hasta ahora.
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