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El domingo 24 de junio los porteños están convocados a recurrir al ejercicio de la soberanía popular a través del voto. En esta oportunidad para nominar al sucesor de Jorge Telerman, entre el diputado nacional, en uso de licencia, Mauricio Macri, y el ministro de Educación, Daniel Filmus.
Todas las encuestas de opinión anticipan que el electorado porteño confirmará nuevamente su apoyo al dirigente boquense, para que sea el nuevo jefe de Gobierno, en principio a partir del 10 de diciembre, aunque trascendió -de manera oficiosa- que Jorge Telerman estaría dispuesto a adelantar la entrega de mando antes de esa fecha, dado que tras la elaboración del duelo electoral le cuesta asumir que su accionar no caló en la ciudadanía, pese a todo el esfuerzo realizado.
La campaña electoral entró en su recta final y la intervención del presidente Néstor Kirchner será cada vez mayor y con más virulencia en defensa de su candidato. La principal razón de esta estrategia es, según algunos habitantes de los principales despachos de la Casa Rosada, atenuar la derrota y remontar el 24 por ciento al piso del 40 por ciento.
“Mauricio es Macri, amigo de Carlos que es Menem”, dijo el Presidente en la primera de sus intervenciones contra el postulante del PRO, que logró una aplastante victoria en los comicios porteños.
La decisión presidencial de involucrarse en la campaña generó críticas. La senadora justicialista bonaerense Hilda “Chiche” González de Duhalde estimó que “la impronta violenta de Kirchner pone en situación ventajosa” a Mauricio Macri. En tono similar, el ex senador nacional y fugaz presidente de la Nación, Ramón Puerta, le recomendó a Kirchner que “deje a los porteños resolver por sí mismos sus propios destinos si no quiere sufrir otro revés electoral”. Esto último en alusión a la derrota del oficialismo kirchnerista en Misiones, aunque en rigor la intervención de Puerta no es inocente, dado que está impulsando, junto a Eduardo Duhalde, Miguel Angel Toma y otros dirigentes justicialistas que no comulgan con el proyecto K, una reorganización de cara a las elecciones presidenciales de octubre.
Es que todos ellos especulan con que el triunfo de Macri abre un nuevo escenario electoral, siempre y cuando el dirigente xeneize decida asumir el rol de convocante de la fragmentada oposición. Hasta el momento ha sido más que cauto, ya que prioriza los resultados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires antes que bendecir a alguien como figura central de la oposición.
Rota su alianza con el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, tras el asesinato del docente Carlos Fuentealba, queda por el momento en mejores condiciones el líder de Recrear, Ricardo López Murphy. Un análisis no compartido por Ramón Puerta, quien entre los suyos desliza la posibilidad de un nuevo armado electoral que contenga al macrismo y a los sectores disidentes del peronismo. Sin olvidarse del ingeniero Juan Carlos Blumberg, con gran afinidad con el macrismo, y que desafiará a Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires.
Una opción que ya está en marcha y que ahora espera, al igual que todos, que el mensaje de las urnas del domingo 24 sea a favor de Macri, como descuentan casi todos los consultores de encuestas.
Hacer la plancha
Quien sería el beneficiario del ballottage, Mauricio Macri, reitera su conducta electoral de trabajar sobre que él representa la real opción para solucionar los problemas que los vecinos de la ciudad de Buenos Aires reclaman a los gritos.
No se sale un milímetro del libreto que lleva adelante con su compañera de fórmula, la actual legisladora Gabriela Michetti, y que ambos esperan confiados el resultado de las elecciones. No es para menos, todos los datos reflejan que Macri conserva la adhesión en la misma proporción que cuando fue derrotado por Aníbal Ibarra en la segunda vuelta. Con mayor rigor, se puede escribir que tiene un electorado cautivo al que hay que agregar a los nuevos votantes, que en la primera vuelta eligieron otras fórmulas.
Una combinación que en algunos casos lo hace trepar al 65 por ciento de intención de votos, como mínimo, en algunos sondeos de opinión, y en otros supera esa cifra.
Ese es el panorama que se presenta para la fórmula Macri-Michetti, quienes lógicamente están más que atentos para no dar un paso en falso, con lo que ello implicaría. En función de esa estrategia, los candidatos del PRO reiteran a quien los quiera oír que lo de ellos es presentarse como quienes tienen la solución a mano de todos los problemas de la ciudad. “Vamos a demostrar en la gestión que lo nuestro es factible y que vamos a crear un nuevo vínculo entre el Gobierno y los vecinos. Será un ida y vuelta, sin concesiones”, argumentan, al tiempo que deslizan las propuestas para encarar en seguridad, transporte, salud, educación, etcétera.
Es que la traducción ideológica, en términos electorales, es presentar una opción para contar con una batería de soluciones a mediano y largo plazo. Y, de manera fundamental, no caer en la trampa de las campañas negativas.
Una acción que se vio facilitada en la primera vuelta, cuando el kirchnerismo eligió como principal adversario a Jorge Telerman, con el objeto de tener como contrincante en el ballottage a Mauricio Macri. Lo que nadie de ellos se imaginó fue que la distancia de votos sería tan contundente, porque parten de la tesis de que los cursos de acción de la política son lineales y se acomodan de acuerdo con sus tácticas. Nada más alejado de la realidad, como lo demostró el mensaje de las urnas y que dejó a Filmus en la épica tarea de remontar o morigerar el traspié que todos los encuestadores anticipan.
Qué hacer
Precisamente, el ministro Daniel Filmus y toda la dirigencia del Frente para la Victoria están abocados a imaginar cómo seducir a los vecinos que no lo votaron en la primera vuelta y lo hicieron por las diferentes fórmulas de centroizquierda. La idea-fuerza está puesta para que estos electores depositen -en esta oportunidad- en las urnas las boletas del FpV.
Los corren con el planteo de que el voto en blanco es favorecer a “la derecha” que encarna Macri y que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no debe ser aislada del proyecto nacional que lleva adelante el presidente Néstor Kirchner.
Decenas de siglas de ignotas o minoritarias fuerzas políticas de escasísimo caudal de votos, como el Partido Socialista Auténtico, Proyecto Popular, el Frente Grande y la Democracia Cristiana, por sólo citar algunas, se sumaron a esta movida impulsada de forma frenética para elevar la intención de votos, que se presenta más que adversa.
Del lado de los ex candidatos de la llamada centroizquierda, el diputado nacional Claudio Lozano, expresión de la Central de Trabajadores Argentinos en la Cámara baja, afirmó que es un planteo falso esgrimir que el domingo 24 la opción es: “Progresismo vs. derecha”.
Claro que los números de la primera vuelta son más que gráficos a la hora de demostrar cuáles son las posibilidades de arrastrar a esos votantes para Filmus-Carlos Heller. Por ejemplo, el ARI, un potencial aliado, entró en una diáspora que potenció Elisa Carrió, al anticipar que irá a votar, pero en blanco.
Las reacciones públicas de la dirigencia del ARI y de la CTA, donde la división en relación a qué postura tomar el domingo 24, reflejan que la uniformidad de pensamiento y, fundamentalmente, de argumentos políticos los deja en el borde de la ruptura. Aunque suene a tremendismo para más de un oído.
Conductas que se repiten en la mayoría de la dirigencia de centroizquierda, pero que no necesariamente signifique que quienes se sienten expresados por ellos eso se vaya a traducir en seguidismo, más bien todo lo contrario.
Un caudal de votos que busca con desesperación el Frente para la Victoria para su boleta, lo mismo que el caudal de ciudadanos que se borraron de la primera vuelta, y tal vez ahora decidan participar de la contienda electoral. Esos carriles transita el kirchnerismo, lo que los obliga a permanentes llamados a luchar por las utopías y que nada está perdido. Gestos necesarios para insuflar ánimo a la tropa porque, de lo contrario, se allanaría el camino a las huestes de Macri y compañía.
La última palabra
El domingo 24 se va a develar la incógnita. El mensaje de las urnas seguramente va a confirmar que el oficio de los encuestadores conserva su poder de anticipar la conducta ciudadana, lógicamente con los márgenes de error tolerados.
Claro que más allá de esos pronósticos lo que está en juego es cómo se conciben las prácticas políticas en las fuerzas partidarias que llegaron al ballottage para nominar a Mauricio Macri o Daniel Filmus.
Resta esperar, entonces, el resultado de las urnas. Ahora nadie puede negar que esta elección es el parto de un nuevo escenario político de cara a las elecciones presidenciales de octubre. Es que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es la vidriera del país y todo lo que acontece en ella repercute en todos los niveles institucionales de la República.
El Obelisco como el máximo símbolo de los porteños seguramente será el ámbito de festejos del macrismo, quienes marcharán -una vez conocidos los resultados electorales- desde su bunker ubicado en el barrio de la Boca hacia el emblemático monumento.
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