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La guerra de los números es por las comisiones del Senado
Mucho se juega Cambiemos en las próximas semanas hasta que se defina el nuevo mapa del Senado, fracturas y sumatorias mediante. Lo que verdaderamente está en juego en esa Cámara.
12 de noviembre de 2017
Por José Angel Di Mauro

Si bien se le asigna al peronismo una responsabilidad muy grande en la caída del gobierno de la Alianza que encabezaba Fernando de la Rúa, habrá que concederle a ese partido que en el Congreso no pusieron tantos palos en la rueda... hasta que el gobierno perdió las elecciones de 2001. En rigor, ahí sí podría decirse que dieron por concluida su experiencia en el llano y comenzaron a prepararse para cuando les llegara la hora de volver al poder. Y no pensaban en 2003, precisamente...

Por eso son tan importantes esas elecciones intermedias, fundamentalmente para un gobierno no peronista. Porque en el caso del kirchnerismo, perdió las dos que tuvieron lugar durante los gobiernos de Cristina Fernández, y no pasó nada. Tampoco con Carlos Menem cuando derrapó en 1997; tan solo fue el anticipo de la derrota venidera. Pero con los gobiernos radicales, perder resultó lapidario: con mandatos de 6 años por entonces, Raúl Alfonsín ganó la del 85, pero perdió con la renovación peronista en el 87 y todo se le hizo tan cuesta arriba que terminó adelantando las elecciones y yéndose seis meses antes. De la Rúa directamente tuvo que irse a los dos meses de haber perdido las elecciones.

En ese último caso, ante el recambio legislativo el peronismo dejó de lado las formas y fue directamente a tomar las cámaras: el duhaldista Eduardo Camaño se hizo cargo de la presidencia de Diputados en lugar del radical Rafael Pascual, y Ramón Puerta hizo lo propio con la presidencia provisional del Senado. Ya sin vicepresidente por la renuncia de Chacho Alvarez, los dos escalones de la línea sucesoria quedaban en manos de peronistas.

Por eso son tan importantes las elecciones intermedias, y por eso hay quienes sugieren cambiar el esquema electoral argentino para evitar vivir en estado de campaña permanente, y hacer de los comicios de medio término un examen tan dramático. En Uruguay, por ejemplo, no hay elecciones intermedias: todo se elige de una, presidente y legisladores, y así sigue todo ese mandato, que dura 5 años. Y el presidente no tiene reelección inmediata. Pero como un cambio de ese tipo implicaría reformar la Constitución, no es algo que esté en estudio siquiera.

Aquí Cambiemos se impuso en las elecciones intermedias y si bien se la pasó diciendo en toda la campaña que por más que ganara no cambiaría mayormente la situación en ambas cámaras, donde seguiría lejos de tener mayoría, pasados los comicios el oficialismo se prepara para hacer valer el triunfo. Por lo pronto, se da la situación de que tanto en Diputados, como en el Senado, un tercio responderá al gobierno. Lo cual no es un dato menor, ya que nunca podrá la oposición imponerle entonces nada que necesite los dos tercios. También se le hará casi imposible rechazar un DNU, situación que ningún gobierno democrático sufrió, pero que el de Mauricio Macri siempre estuvo cerca de experimentar, viviendo casi en la cornisa en ese sentido.

En la Cámara baja ya es primera minoría, con 86 miembros que surgen de la unión del Pro, la UCR, la Coalición Cívica, el Frente Cívico y Social de Catamarca y dos bloques unipersonales. A partir del 10 de diciembre arrancará con 108.


En el Senado se dará la novedad inédita desde la recuperación democrática de que un oficialismo no peronista podría llegar a ostentar la primera minoría. Esto se lo deberá Cambiemos a la llegada de Cristina Fernández de Kirchner, cuya presencia generará la segura fractura del bloque mayoritario que conduce Miguel Pichetto, que hoy suma 36 voluntades, pero que a partir del 10 de diciembre se reducirá a 28. Y como se supone que con la expresidenta se irán entre 8 y 9 senadores, el rionegrino quedaría con una bancada de poco menos de 20 miembros, a los que busca sumar a otros peronistas. Por ahora, la suma que podría alcanzar no pasa los 24, mientras que Cambiemos contaría con 25 legisladores, y de ser necesario podría sumar al menos un miembro más -la fueguina Miriam Boyadjian estaría apalabrada-.

Igual, Cambiemos seguiría estando bastante lejos del quórum propio -le faltaría una docena de senadores-, y la oposición puede ganarle votaciones con solo unirse, por lo que deberá negociar todo. Pero el número que alcance es clave para un tema principalísimo como es el reparto de comisiones.

En Diputados no tuvo problemas en 2015, porque ya era primera minoría, y Cambiemos se quedó con las comisiones clave. Pero en el Senado eso no sucedió. Muy afecto a las tradiciones, el peronismo -que es mayoría allí desde la época de Alfonsín- suele retener las comisiones de más importancia. En tiempos de la Alianza, el presidente de Presupuesto y Hacienda del Senado era el pampeano Carlos Verna. Con la llegada de Macri al gobierno, trataron de que el peronismo les dejara las comisiones “de gobernabilidad”: Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales, Relaciones Exteriores y Acuerdos. Pero no hubo caso; de entrada el Frente para la Victoria les aclaró a sus interlocutores que haría valer su número. Teniendo el 60% de los miembros de la Cámara, no hubo cómo convencerlos. “Se va a seguir negociando y ellos podrán tirar lo que quieran, pero en última instancia esto termina en el recinto. Y así como ellos hicieron con el Grupo A para quedarse con las comisiones, bueno, ahora la mayoría la tenemos nosotros”, señalaban por esos días en el bloque PJ-FpV, en referencia a lo que entre 2010 y 2011 impuso la oposición en la Cámara baja.

De las 27 comisiones que tiene el Senado, Cambiemos preside hoy apenas siete, y ninguna de las “de gobernabilidad”. En poder de oficialistas están Relaciones Exteriores (Julio Cobos), Agricultura (Alfredo De Angeli), Salud (Silvia Elías de Pérez), Defensa (Ernesto Martínez), Derechos y Garantías (Luis Naidenoff), Asuntos Municipales (Alfredo Martínez) y Economías Regionales (Roberto Basualdo). A partir del recambio y el crecimiento exponencial que tendrá Cambiemos, reclamará más comisiones. Y sobre todo dos que considera claves y hasta ahora inalcanzables: Presupuesto y Hacienda, cuyo presidente Juan Manuel Abal Medina deja su banca a fin de año, y Asuntos Constitucionales, que dirige el kirchnerista Marcelo Fuentes.

Presidir una comisión no es un dato menor, pues eso implica manejar la agenda de la misma -convocar a las reuniones o retacearlas-, y si bien con Abal Medina el oficialismo encontró un manejo razonable de esa comisión, en el caso de Fuentes le queda el sabor amargo de la manera como dilató el tratamiento de la reforma electoral, para finalmente frenarla.

En definitiva, el oficialismo se ilusiona con hacer valer la nueva relación de fuerzas en el Senado. Para eso busca convertirse en la primera minoría, posibilidad que adelantamos de manera exclusiva después de las PASO: para pisar fuerte en la discusión por las comisiones, pues bien se sabe que el peronismo solo se conmueve ante la contundencia de los números.