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El oficialismo dejó sin quórum la sesión y estalló el escándalo
Fue cuando debía votarse la aceptación o rechazo del megadecreto al que los proyectos que acababan de ser aprobados vienen a reemplazar. El kirchnerismo, la izquierda y el massismo estallaron.
22 de marzo de 2018
Por José Angel Di Mauro

La primera sesión ordinaria del año en Diputados terminó en un verdadero escándalo, cuando el oficialismo dejó sin quórum el recinto a la hora de tratarse el dictamen de la Bicameral de DNU sobre el megadecreto. Si bien los diputados acababan de aprobar los tres proyectos de ley que reemplazarán a ese DNU ómnibus firmado por Mauricio Macri en enero, la oposición encabezada por el kirchnerismo y el massismo querían terminar la sesión celebrando haberle propinado una módica derrota al oficialismo rechazando ese decreto. De ahí que se presumiera de entrada que podría pasar lo que en definitiva ocurrió: que a la hora de ese tratamiento, los diputados de Cambiemos y otros se levantaran para irse.

De ahí que bien temprano, al comienzo de la sesión, las principales cabezas de la oposición reclamaran alterar el orden del día y tratar en primer término el rechazo o aprobación del DNU, cosa que fue rechazada en votación.

La maniobra del oficialismo comenzó a quedar expuesta cuando ya sobre el final, el presidente del interbloque, Mario Negri, pidió que se leyera por secretaría el pedido de informe a la Corte Suprema sobre las escuchas telefónicas entre la expresidenta Cristina Kirchner y Oscar Parrilli. Previamente se había alterado el orden del día para aprobar un proyecto de resolución referido a la liberación de represores. En ese contexto el oficialismo intentó hacer lo propio con ese texto, ante lo cual Agustín Rossi pidió tratar primero el DNU y luego el pedido de informe. “Si nosotros lo incorporamos sobre tablas, se antepone al proyecto del DNU -le aclaró Emilio Monzó-. Si lo incorporamos con los dos tercios sobre tablas, automáticamente tiene prelación sobre el otro tema”.

Previendo lo que iba a pasar, el jefe del bloque FpV-PJ le advirtió que “no quisieron votar el DNU como primer punto. Ahora estamos para tratar el DNU y después tratemos el pedido de informe”. Negri aclaró que lo suyo era una moción de orden, y terminó leyéndose finalmente el texto consensuado que pedía se votara.

Con el cuerpo muy curtido en todo tipo de estrategias parlamentarias, Graciela Camaño advirtió entonces: “Quisiera no estar frente a una maniobra, porque evidentemente cuando nos empezamos a enojar y pelear tanto por un tema, es porque nos queremos ir por el otro”. Y advirtió a sus pares que eran responsables por el contenido del decreto que, insistió, todavía tiene juridicidad. “Hasta que no se promulgue (la nueva ley), con el decreto se puede seguir tomando las cuentas sueldos. Se puede hacer todo lo que dijeron que no se puede hacer”, advirtió la jefa del bloque massista, que agregó que el presidente además podía promulgar parcialmente, o vetar lo que acababan de aprobar.

Y expuso su temor a que “se levanten los diputados del oficialismo, acá no haya quórum y no hagamos lo que constitucionalmente corresponde, que es rechazar o aceptar el DNU. Sean responsables, quedémonos hasta el final; comprometámonos con el número y pongamos a votación del decreto de necesidad y urgencia”, reclamó.


Rossi volvió a hablar para leer un artículo del reglamento, según el cual no podía hacerse a esa altura una incorporación de la moción como quería imponer el oficialismo, pero Monzó insistió en que se iba a votar la incorporación sobre tablas. “No, no voy a hacer lo que usted quiere, Kicillof; soy yo el presidente de la Cámara, no usted”, le advirtió el titular del Cuerpo ante los gritos del exministro de Economía.

La votación resultó con 131 votos afirmativos, 80 en contra y una abstención. O sea, no obtuvo los dos tercios necesarios. Pero la maniobra había sido consumada, pues los diputados del oficialismo empezaron a pararse e irse. La situación comenzó a desmadrarse y se temió por un instante que se reviviera el escándalo de diciembre pasado, pues Monzó reaccionó de manera destemplada ante los gritos de un diputado: “¡No te permito! ¿¿¿Qué te pasa???”, le gritó.

Eran las 2.35 de la madrugada y la situación ya estaba desmadrada. Más calmado, Monzó decidió seguir como si nada; ya no había quórum, le gritaron, pero él aclaró que no había que votar aún, y puso en consideración el dictamen de mayoría recaído en el proyecto sobre la validez del decreto en cuestión.

Volvió a tomar la palabra Rossi: “Le dije en el transcurso de la sesión que estábamos frente a un mamarracho parlamentario; está claro que esto es un papelón absoluto. ¡Es imposible construir un trabajo ordinario con este tipo de cuestiones!”, arrancó, para disparar a continuación: “Presidente, usted fue cómplice, claramente; lo llevaron hasta el final con un tratamiento. Usted incumplió con el reglamento, porque las mociones sobre tablas se tratan al final de la sesión”.

“Usted fue cómplice de esta maniobra, una maniobra artera”, continuó, para rematar: “Son una porquería, como bloque oficialista… Tengan coraje en plantear las cosas como las tiene que plantear. Porque la verdad que no tienen límite... ¿Ustedes dicen que van a defender las instituciones? ¡Mentira! ¿Ustedes dicen que van a defender la democracia? ¡Mentira! ¿Ustedes quieren defender a este Congreso? ¡Mentira!”.

“La verdad que están haciendo pelota el Congreso de la Nación, están haciendo pelota la Cámara de Diputados porque no se bancan llevar adelante una discusión. No se bancaron sostener los decretos de necesidad y urgencia”, insistió.

Rossi continuó señalando que “nos hicieron trabajar, nos hicieron votar, y se levantaron y se fueron al momento de la votación”. Más caliente, agregó: “Sabe del respeto que le tenía; usted fue cómplice de una decisión que dejó al recinto en esta situación. y armaron todo para que este último punto en el orden del día no se tratara”. Y para concluir, le advirtió: “Estas cosas después se pagan, se lo quiero decir claramente, en cualquier momento y cualquier lugar… No pretenda juego limpio de ninguna fuerza política después de lo que hicieron”.

Tras el santafesino, volvió a hablar Graciela Camaño, que no fue más leve, y calificó de “bochorno” lo hecho por Cambiemos. “Me extraña del presidente del interbloque; de quien integra el bloque de la Coalición Cívica y pregona republicanismo. Me extraña de algunos diputados del Pro que en el pasado solían quejarse del kirchnerismo…”

“¿Sabe una cosa presidente? El kirchnerismo siempre nos ganó y nosotros siempre pataleábamos, pero ellos tenían el número. La prepotencia del kirchnerismo era la prepotencia del número que habían sacado en las elecciones -agregó Camaño-. Yo no me quiero imaginar este Congreso con una mayoría de Cambiemos… Si esto logran hacer siendo nada más que la primera minoría, no me quiero imaginar de qué manera van a atropellar y llevarse por delante las instituciones”.

Fuera de sí, Camaño insistió en que “lo que ustedes hicieron es bochornoso, no tienen nada para envidiarle (al kirchnerismo). Ya están iguales y peor, porque ellos tenían el número para los abusos que cometían”.


Tras aclarar que “no nos caímos del catre”, Camaño admitió que “la veíamos venir”. Habló de “latrocinio jurídico” e insistió con el riesgo de que “todo lo que se debatió quede sin efecto, con el agravante de que como estamos con un DNU vivo, hasta que no se promulgue esta ley, este DNU vivo tiene plena vigencia y los actos que se hagan con las leyes y decretos que contiene este DNU tienen juridicidad”.

Hoy oficialista, Alfredo Olmedo era el único de ese interbloque presente, y como tal quiso hacerlo notar, y salió a contestar: “Yo los escucho a todos con mucha atención, pero lo mismo que pasó hoy, pasó muchas veces cuando eran Gobierno”, recordó. Y ante los gritos del kirchnerismo, retrucó: “Yo soy un laburante y no me robé absolutamente nada… ¡Prueben trabajando y no roben!”.

A continuación, siguió una serie interminable de intervenciones. Nicolás del Caño dijo que no le extrañaba que esa hubiera sido “una maniobra planificada desde el comienzo”, y advirtió que “esta coacción se puede hacer gracias al bloque del PJ, que es cómplice”.

Desde el massismo, Cecilia Moreau le endilgó al Gobierno hacer uso de “la chequera y los latigazos”, con lo que “se llevaron de las narices a los diputados de la UCR, el partido que habla de las instituciones; se llevaron de las narices a la República (en referencia irónica a Elisa Carrió), que poco viene al recinto; a diputados como (Pablo) Tonelli, que después vienen a hablarnos de la Constitución… Son lo peor de la política… Y se llevaron de las narices a muchos justicialistas que se olvidaron de Perón, de Evita y de la defensa de los interess de los trabajadores y la justicia social”.

“Asistimos a la consumación completa de la estafa”, afirmó la trotskista Romina Del Pla, quien advirtió a los periodistas: “Cuidado con los titulares que publiquen mañana”, aclarando que no podía decirse que se hubiera eliminado la inembargabilidad de las cuentas sueldo, o que el FGS estuviera resguardado, “porque está vigente todo eso y va a seguir vigente, porque esta maniobra nos anticipa lo que van a hacer”. Y aseguró que “van a dejar en pie todo lo que habían retirado”.

El puntano Alumé Sbodio habló de “torpeza parlamentaria” del oficialismo, en tanto que el massista José Ignacio de Mendiguren se manifestó “asombrado de cómo un gobierno que se ve en dificultades hace estos papelones… ¿Este es el cambio? No pueden mantener un debate… ¿por qué se escapan? Están muy mal encaminados”. Al terminar, se preguntó “qué hubiera pasado si tuvieran mayoría”, y dijo esperar “que la ciudadanía lo comprenda. Espero que la gente sepa lo que tiene que hacer dándole los votos a ustedes”.

También muy duro se mostró el socialista Luis Contigiani, que advirtió que para el oficialismo “diciembre fue un quiebre, porque de la (Reforma) Previsional no se vuelve. ¡Ustedes representan la antipolítica!”, endilgó.

El diputado Guillermo Carmona se manifestó “indignado” y manifestó su “enormísima (SIC) preocupación”, al mencionar la renuncia del presidente peruano, que consideró “por causas que son significativamente menores que las que recaen en el presidente de la Argentina”, y habló del “condicionamiento de los votos” que a su juicio se aplica en nuestro país. “Considero que estamos ante una situación en la que en este acto el oficialismo ha cometido un autoatentado contra la gobernabilidad terrible, de consecuencias imprevisibles. Se van a tener que hacer cargo de lo que han hecho”, advirtió, anunciándole al titular del cuerpo que no merecía ser llamado “presidente”, por lo que optó por llamarlo “diputado Monzó”.

A continuación, Araceli Ferreyra le pidió avisarle a la diputada Carrió que “después de este esperpento que hicieron, la ‘republiquita’ que tenía se transformó en la novia de Chuky”. Tras la ironía, puso en duda que el oficialismo vaya a cumplir con los compromisos por ejemplo en el tema del aborto. “¿Como vamos a seguir funcionando después de esto?”, le preguntó al presidente de la Cámara. A su turno, el kirchnerista salteño Sergio Leavy dijo que “la democracia se está cayendo a pedazos”, y llamó al resto de la oposición a unirse para “ver cómo manejamos la Cámara”, más allá de que eso pueda poner en riesgo la gobernabilidad.

Axel Kicillof calificó de “repugnante” a la sesión, y cargó contra el presidente Mauricio Macri alertando que “estamos en presencia del tercer gobierno neoliberal de la historia argentina”. “Ni siquiera está gobernando Macri, están gobernando los poderes que están detrás suyo”, sostuvo, alertando luego que “están derrapando en todo, también en el funcionamiento de esta Cámara”.

A continuación Mirta Tundis pidió, como otros legisladores, que se tomara lista de quienes se quedaron en la Cámara, y atribuyó al oficialismo hacer “lo mismo” que le enrostraban al kirchnerismo, aunque aclaró que “son peores”.

Alejandra Rodenas fue la última oradora, que habló directamente de un quiebre del Estado de Derecho.

Eran las 3.25 y el presidente de la Cámara dio por levantada la sesión por falta de quórum, tras 15 horas de sesión.