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Reforma universitaria: cien años de una gran transformación
Por Silvia Giacoppo. La senadora radical destaca la importancia de mantener vivos los ideales de la Reforma Universitaria para las futuras generaciones.
27 de marzo de 2018
Este año se cumple un siglo de la Reforma Universitaria, la cual no solo cambió la educación en la Argentina, sino en toda América latina, y cuyo legado transformador perdura y nos obliga a mantener vivo sus ideales para las generaciones futuras. No podemos permitir que se transforme en un simple eslogan, en un nombre sin contenido ni que sus postulados sean sepultados por el olvido.

Este sentimiento motivó la necesidad de presentar proyectos para conmemorar y recordar este evento fundamental. Así, presenté un proyecto de declaración para que el Senado dé su beneplácito al centenario de la Reforma Universitaria; otro para que el Poder Ejecutivo, a través del Ministerio de Educación de la Nación, “incorpore a la currícula de educación primaria y secundaria una jornada de evocación, análisis y reflexión de la Reforma Universitaria de 1918, al cumplirse un siglo de tal movimiento democrático y transformador de la educación” y un proyecto de ley para la “emisión de una estampilla postal a los fines de celebrar el centenario que incluya la leyenda: “100 años de la Reforma Universitaria ”.

Como señalé, al fundamentar mis proyectos, la Reforma Universitaria no puede comprenderse, sin recordar el contexto social y político de nuestro país hace un siglo. La Universidad nacida de la “Reforma de 1918” dio origen a la educación universitaria pública y gratuita, que fue y sigue siendo, un ejemplo para el mundo. Esa universidad fue la que nos brindó tres premios Nóbel y cientos de profesionales y académicos reconocidos globalmente. Por ello, es nuestro deber no sólo recordarla, sino también defender sus postulados de libertad de pensamientos y democracia para las futuras generaciones, y mantener vivo el debate y la participación democrática en sus claustros. La Reforma Universitaria permitió en la Argentina la movilidad social que enriqueció nuestra vida por décadas

La transformación de la Argentina en el llamado “granero del mundo” requirió mayor mano de obra para el desarrollo de la producción agro-exportadora por lo que a partir de 1870 los gobiernos impulsaron la inmigración. Así desde aquel año hasta 1914 ingresaron a nuestro país alrededor de cinco millones de extranjeros, de los cuales más de la mitad, se instalaron de forma definitiva en nuestros campos y ciudades. Este impacto inmigratorio modificó para siempre a la sociedad argentina y permitió la aparición política de nuevos sectores sociales excluidos hasta entonces. Es en este proceso, cuando irrumpen en la Argentina la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista, quienes representaban a las clases medias y proletarias en su lucha por participar en el manejo político de nuestro país.

La presión política y social llevó así a la élite gobernante, a sancionar la Ley General de Elecciones, conocida como ley “Sáenz Peña”, que estableció el voto secreto, individual y obligatorio para todos los ciudadanos varones de la República Argentina.

La sanción de esta ley permitió -por fin- la participación de los sectores sociales excluidos hasta entonces y abrió un proceso nuevo, inédito, de inclusión política, que amplió para siempre el ejercicio de la ciudadanía y la democracia en la Argentina, que condujo a la presidencia en 1916 de Hipólito Yrigoyen. Sin embargo, el viejo orden conservador retuvo la mayoría parlamentaria, el poder judicial y el manejo del aparato educativo.

Fue en ese contexto y como consecuencia lógica de ese proceso de inclusión política y social, donde nació a la Reforma Universitaria, la cual inevitablemente fue apoyada, no solo por las clases medias y los trabajadores, sino también por la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista. Fue el propio presidente Yrigoyen, que vio en ella un nuevo instrumento para ponerle fin al sectarismo oligárquico del viejo orden.

En 1918 existían en la Argentina, tres universidades nacionales: Córdoba, Buenos Aires y La Plata. La Universidad de Córdoba – la más antigua del país -, fue durante varios siglos el principal centro de selección de las élites gobernantes locales, encontrándose, influenciada por la Iglesia Católica y familias aristocráticas. Los estudiantes de dicha universidad iniciaron una huelga en reclamo de profundas reformas. Es ahí, cuando la Federación Universitaria de Córdoba dio a conocer el “Manifiesto Luminar” que posteriormente se convertiría en el documento básico de la Reforma Universitaria.

Ese movimiento estudiantil espontáneo impuso finalmente, y para siempre, la autonomía universitaria, el cogobierno estudiantil, la libertad de cátedra. La asistencia libre a clases y los concursos para cubrir cargos docentes. Esos logros no solo se extendieron luego a las Universidades de Buenos Aires, y La Plata, sino a toda América latina, y permitieron el acceso y participación en la vida universitaria a sectores que se encontraban hasta entonces excluidos de la vida universitaria.

Aquellos estudiantes de 1918 fueron claros con respecto al alcance de su movimiento. “La Juventud Argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica:

Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”, señalaron en su Manifiesto Luminar.

Para fines de 1918, la Reforma Universitaria ya no era sólo una bandera de Córdoba o de Argentina, era una bandera de todos los estudiantes de América latina. La batalla por las ideas había sido ganada. Hipólito Yrigoyen lo expresó con su particular lenguaje: “Asistimos a una hora de grandes reparaciones y renovación de todos los valores. Hemos satisfecho uno de los más palpitantes anhelos nacionales”.

Hoy, debemos recordar la Reforma de 1918 como lo que fue, un hecho transformador que nos inspira a mantener en alto y defender, de manera firme y con convicción, todos sus postulados.