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El imperio del verde
Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional advierte sobre los riesgos que supone la alta dependencia de la economía frente a los vaivenes de la divisa norteamericana.
7 de mayo de 2018
Así como detrás de cada gran hombre, siempre hay una gran mujer, detrás del reinado del dólar hay una gran potencia imperial. Por eso el dólar y EE.UU. son sinónimos. En el sistema capitalista globalizado la moneda estadounidense cumple las funciones de reserva mundial, sirve de respaldo para la mayoría de las monedas, interviene en la casi totalidad de las transacciones comerciales y operaciones financieras, y hace de medio internacional de pago. EE.UU. y sus finanzas hoy en alerta roja y al borde de un default (cesación de pagos) existen algunas teorías que hablan del "fin de la era del dólar" y por ende de la hegemonía imperial norteamericana, pero hay varias razones por las cuales ninguna potencia central o emergente, podría desencajarse del actual modelo funcional del sistema capitalista estructurado alrededor del dólar como moneda patrón y menos de la hegemonía de EE.UU. como primera potencia imperial.

El dólar es la moneda de cambio y de reserva internacional, y los países de todos los continentes la utilizan en sus transacciones comerciales y tienen la mayoría de sus reservas en dólares. Está involucrado en el 86% de las transacciones diarias de divisas en el mundo. Casi dos terceras partes de las reservas de los bancos centrales del mundo están denominadas en dólares. La casi totalidad del comercio petrolero se realizan en dólares. El sistema financiero especulativo internacional está “dolarizado”, y las bolsas y los mercados internacionales del dinero operan mayoritariamente con esta divisa. Los países emergentes y las potencias económicas desarrolladas generan más del 75% del PBI mundial en dólares.

En esta era del “capitalismo sin fronteras”, el imperialismo ya no es el imperialismo de los monopolios estatales, que se repartían el mundo a través de las guerras, sino grupos súper-concentrados de bancos y trasnacionales que controlan países, economías y gobiernos. Los bancos y grupos financieros así como las transnacionales que operan en Europa y EE.UU., son las mismas que operan en Asia, África y América Latina, y han convertido al mundo en un sistema de economía de enclave cuya gerencia central funciona en Nueva York, protegidos por el paraguas nuclear-militar del Estado imperial norteamericano (su gendarme mundial) de las trasnacionales capitalistas que extraen (roban) las riquezas y recursos naturales de los países dependientes, (como en Argentina). Estos bancos y corporaciones transfieren sus ganancias y activos, del mundo dependiente, y los convierten en bonos y acciones en la capital imperial: Wall Street, la “casa matriz” del sistema financiero internacional.

En definitiva, para deshacer esta trama del “reinado del dólar”, no solamente habría que reformular y rediseñar un nuevo orden económico y financiero internacional, sino que también habría que convencer a EE.UU. que se olvide de su arsenal militar-nuclear, de sus siete flotas atómicas y de sus casi mil bases militares distribuidas por todo el planeta, y renuncie pacíficamente a su rol de potencia hegemónica del sistema capitalista. Hoy se sabe que EE.UU. no domina el mundo, ni que se constituyó en primera potencia imperial capitalista con los discursos, sino con su aparato nuclear-militar más poderoso del mundo.

Entretanto en nuestro país, el dólar salto nuevamente al centro del debate económico, con el peso argentino que quedó al frente de un listado de monedas emergentes que más se depreciaron frente a la moneda norteamericana. Pienso que seguir como estamos y no hacer nada acarrea el riesgo de que sigan siendo los hechos, los que decidan frente a la actual realidad. Las medidas de ajuste han demostrado su incapacidad para resolver el problema argentino. No es el ajuste, es el desarrollo, con los cambios de estructura y de concepción que supone, lo que engendra crecimiento, y además independencia nacional, justicia, elevación de las condiciones de vida, paz social y fortalecimiento de la democracia.