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Las figuras que extrañará Cambiemos si gana las elecciones
La mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado es lo que se renovará del Congreso en las próximas elecciones. Pero más allá de los números que eso representa, hay personajes que han resultado clave para el oficialismo durante estos años, con los que ya no podrá contar si continúa gobernando a partir del 10 de diciembre.
1 de junio de 2019
Por José Angel Di Mauro

La tiene complicada el Gobierno de Mauricio Macri. No es lo que pensaba en 2017, cuando luego de ganar con amplitud las elecciones de medio término, comenzaron a imaginar los próximos seis años en el poder. Podrá decirse que pasaron por alto que la coyuntura no era para nada amable: prestamente los mercados comenzaron a complicarse; la vio venir el entonces ministro de Hacienda, Luis “Toto” Caputo, que por entonces seguía siendo “el Messi de las finanzas”, y en el mes de enero tomó la deuda que la Argentina necesitaba para completar el año, cuestión de adelantarse a las complicaciones que se vislumbraban. No se equivocó.

Pero tampoco alcanzó para poner al país a resguardo, y el 25 de abril arrancó una corrida cambiaria que se extendió durante meses, consumiéndose buena parte del crédito de la administración Cambiemos.

Podrá decirse también que las complicaciones empezaron antes, cuando el “reformismo permanente” anunciado por el presidente Macri -encaramado por la lógica confianza que había brindado una elección ganada con suficiencia- comenzó a tropezar con la reforma laboral obturada por las prevenciones de Pablo Moyano, que con la palabra “Banelco” inoculó dudas en los senadores peronistas, y luego se desdibujó bajo 14 toneladas de piedras durante las protestas contra la reforma previsional.

Lo que no podrá dejar de tenerse en cuenta es que el anuncio rimbombante del presidente Macri de alcanzar “consensos básicos” con todos los sectores quedó en eso: un anuncio. Porque eso que tanto se parecía al Pacto del Bicentenario propuesto en los albores de la gestión Cambiemos por Miguel AngelPichetto, que contaba con el aval enfático del radical Ernesto Sanz, y el aliento de corrientes internas como la de Emilio Monzó, se fue esfumando y esa gran oportunidad para tender puentes quedó para un futuro indeterminado.

Fue lo que acuciado por la realidad, encuestas adversas y mercados nerviosos, llevó al Gobierno a hablar en estos días de acordar con la oposición una declaración de diez puntos para lograr un consenso. Que parecieran ser los frustrados “consensos básicos” planteados con toda la pompa por Macri en el CCK, el lunes siguiente de la victoria electoral.

La tiene complicada el Gobierno, pero no está perdido. Sigue siendo competitivo, con la apuesta a un balotaje del presidente con su contrafigura y antecesora. Y la esperanza de una mejora tardía de la economía que le permita revertir la cuesta iniciada en las circunstancias descriptas.

Planteada la posibilidad concreta de que Cambiemos pueda seguir en el poder, habrá que considerar que la herencia recibida será aún peor que la de 2015. Sin considerar los errores propios o perjuicios provocados por los ajenos, sino por el contexto en el que deberá iniciar un eventual segundo mandato. Un mundo que viene cambiando de manera imprevisible casi desde los inicios de esta gestión, una economía golpeada por una recesión sin piso y una inflación que es la gran cuenta pendiente del ¿primer? Gobierno de Macri. Pero además las circunstancias serán más complicadas que cuando Cambiemos inició su gestión, con todo el crédito abierto. En un segundo mandato, a más tardar en dos años el presidente será “pato rengo”, y un buen número de los gobernadores que hasta ahora lo asistieron como un sostén indispensable tal vez no encuentren razones para seguir haciéndolo, refractarios a beneficiar una eventual continuidad de Cambiemos.

Pero además habrá un Congreso aún más adverso que el que encontró Macri al llegar, cuando tenía apenas 87 diputados y 15 senadores. Porque aunque pueda mejorar eventualmente la cantidad de legisladores -una posibilidad muy difícil de prever-, como sea seguirá siendo minoría en ambas cámaras. Ergo, tendrá que negociar todo. Como hizo estos años, pero con un detalle no menor: muchas de las espadas propias y ajenas que le permitieron avanzar con las leyes -sobre todo en los primeros años en los que mejor funcionó el Congreso- ya no estarán.

Propios y extraños

Faltarán muchos de los legisladores de Cambiemos que cuentan con cuatro años de valiosa experiencia, más allá del consiguiente desgaste sufrido todo este tiempo. Algunos puede que vayan a seguir, pero hay por lo menos tres legisladores de los más valiosos de Cambiemos que ya es seguro que no estarán. Y tal vez sean los más importantes del oficialismo.

Los tres están en la Cámara baja, que es donde más debió trabajar Cambiemos para hacer avanzar las leyes. Es donde la desproporción respecto de la oposición no era extrema, como fue en el Senado los dos primeros años, pero las principales espadas oficialistas debieron extremar medidas para aceitar relaciones con una oposición por momentos indómita.

Es innegable la importancia que tuvo el presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó, tal vez el mayor acierto de Macri en materia legislativa: haberlo elegido para ese cargo. En efecto, cuando muchos lo imaginaban como ministro del Interior, el histórico armador del Pro recaló en las listas para diputados y una vez se impuso Mauricio Macri en el balotaje, fue encumbrado al frente del cuerpo.

Clave en la estrategia legislativa implementada por el oficialismo primero para emparejar los números, y más tarde para sacar las principales leyes que necesitó Cambiemos para gobernar, Emilio Monzó sorprendió cuando pasados los comicios, en abril de 2018 dejó trascender su decisión de no seguir presidiendo la Cámara en el caso de que Cambiemos se imponga para gobernar un segundo período. Pesó en su decisión haber sido apartado de su rol histórico como armador, pero fundamentalmente no ser tenido en cuenta siquiera para hacer campaña.

Muy crítico de Jaime Durán Barba, el hombre de Carlos Tejedor tiene diferencias irremontables con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, con el que lo distancia la manera de hacer política, pero sobre todo la de expandirse territorialmente. Las discrepancias principales surgen a la hora de pensar en relacionarse con el peronismo, como Monzó sugiere, despertando reparos en el ala de Cambiemos que prevalece en la Casa Rosada.

Así las cosas, Monzó dejó claro ya que dará las hurras para no seguir en las funciones que hoy ocupa, previéndose que probablemente el futuro lo encuentre al frente de la embajada argentina en Madrid, si Macri continúa al frente del Gobierno más allá del 10 de diciembre.

“Yo preferiría que Monzó siguiera a cargo de la Cámara de Diputados, porque creo que es en Cambiemos la persona más apta, la que tiene el mejor ejercicio del diálogo y que sabe construir consensos; tiene una enorme capacidad de construir consensos, que es lo que Cambiemos va a seguir necesitando durante muchos años”, señaló a Parlamentario la diputada Silvia Lospennato, secretaria parlamentaria del interbloque oficialista y una de las alineadas con el presidente del cuerpo. Agrega que a ella le “encantaría” que Monzó siguiera al frente de Diputados, “pero por supuesto que respeto su decisión personal”, dice, e insiste en que “va a ser una pérdida para Cambiemos no tener esa calidad humana y política al frente de la Cámara de Diputados. Ojalá haya otra persona que tenga esas virtudes”.

Esa persona será, según ha trascendido, el actual ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, quien ya en su paso por la Legislatura porteña dio acabadas muestras de eficiencia en la búsqueda de consensos y pareciera una figura adecuada para cumplir la tarea que desarrolló hasta ahora Monzó.

Consultado oportunamente por este medio respecto de las características que debería tener el presidente de la Cámara baja que reemplace a Monzó, Marcos Peña sugirió remontarse a la experiencia del Pro en la gestión a la que suele remitirse a la hora de buscar antecedentes. “Hemos tenido perfiles muy distintos a cargo de la Legislatura de la Ciudad, y siempre ha salido bien. Perfiles como Santiago de Estrada primero, después el Colo Santilli, después Cristian Ritondo, Carmen Polledo y ahora Fran Quintana… Podés encontrar perfiles muy distintos, no hay un perfil determinado. Es lo mismo con el Congreso, y pasa para todos los cargos en todos lados. Creemos que lo grupal está por encima de lo individual”.

Linkeado directamente con Monzó, un hombre de su riñón que también anticipó que dejará el cargo a fin de año junto con su referente, es el titular del bloque Pro de la Cámara baja, Nicolás Massot. Este joven legislador muy valorado en la Casa Rosada se reveló como un eximio negociador con la oposición y fue clave también para la gestión de cada una de las leyes conseguidas por Cambiemos, como así también en la tarea “defensiva”, como él mismo reconoce a la hora de hablar de la experiencia de gobernar “en minoría”.

“Si sos mayoría, en años electorales no perdés la iniciativa. Pero si estás en minoría, los años electorales hacen que el acompañamiento que vos tenés por parte de sectores de la oposición se vuelva más reticente por el rendimiento electoral”, admite Massot.

Como dijimos, Massot se irá con Monzó cuando concluya su mandato. “Para nosotros es casi una cuestión de honestidad intelectual dar un paso al costado, lo que no significa que nos vayamos de Cambiemos ni que dejemos la política. Junto con Emilio fuimos constructores de Cambiemos, estamos convencidos de la herramienta, acompañamos sin miramientos al presidente Macri, pero si uno plantea su visión dentro del equipo, la explica, la reitera, y no es la visión adoptada por quien toma las decisiones, es una cuestión de honestidad intelectual no insistir, ni casarse con un lugar ni con un cargo, y ponerse a disposición para cumplir otro rol”, aclara el diputado.

Massot es un convencido de que la senda a seguir es “el camino de los acuerdos de largo plazo, del consenso, y de bajar los prejuicios sobre algunos sectores del justicialismo que no son golpistas ni corruptos. No es todo lo mismo en el mundo del justicialismo. Hay dirigentes muy valiosos que quieren un país parecido al que queremos nosotros, y con ellos se puede construir. Si no es el camino adoptado, a nosotros nos pareció que lo mejor era ponernos a disposición en otro lugar, que es lo que estamos haciendo”.

Ni qué decir de Mario Negri, presidente de la bancada radial y del interbloque Cambiemos en la Cámara baja. Recientemente derrotado en Córdoba, donde compitió sin éxito por la gobernación, a Negri se le vence su mandato y no tiene chances de seguir. Porque así lo establecen los reglamentos partidarios, que sugieren no más de dos mandatos consecutivos, pero fundamentalmente porque Cambiemos estableció oportunamente que quienes fueran candidatos provinciales no integraran después las listas nacionales para otros cargos. Esto es, más allá de la gran valoración que tiene el presidente Macri del diputado Negri. Es de esperar entonces que un eventual segundo mandato de Cambiemos lo encuentre en algún lugar del Poder Ejecutivo, pero ya no al frente del bloque oficialista.

Tendrán que encontrar en Cambiemos la persona adecuada para ocupar el cargo de quien ganó dos veces el principal Premio Parlamentario durante su presidencia del interbloque. Sin dudas no será fácil.

Si seguimos con diputados oficialistas a los que se les vencen sus mandatos, habrá que mencionar a Eduardo Amadeo, Daniel Lipovetzky, Álvaro González, Cornelia Schmidt Liermann, Pablo Tonelli y Silvia Lospennato, entre otros. Esta última es, como dijimos, también del riñón de Monzó, y consultada sobre su futuro por Parlamentario, adelantó que estará “en el lugar que el partido considere que es mejor que esté. Si el partido considera que es bueno que yo continúe en la Cámara de Diputados, continuaré ahí; si se entiende que es mejor que acompañe desde otro lugar, voy a hacerlo, porque creo que nosotros somos un equipo de trabajo donde cada uno aporta algo y no necesariamente lo tenés que aportar siempre desde el mismo lugar”.

Pero amén de los propios, cuyo destino se despejará el próximo 22 de junio, cuando se conozcan los nombres de quienes buscarán renovar sus mandatos, también están los legisladores de la oposición que fueron claves a la hora de la negociación de las leyes con Cambiemos. Aquellos destacados por los principales referentes del oficialismo como los que desde la oposición permitieron que avanzaran los proyectos importantes para gobernar, más allá de que no pocas veces también se pusieron al frente de iniciativas muy resistidas por el Poder Ejecutivo, que hasta tuvo que apelar al veto.

Es el caso de Diego Bossio, extitular de la ANSeS durante el kirchnerismo. El legislador de la provincia de Buenos Aires es hoy muy crítico de la gestión Cambiemos y un enconado adversario en la Cámara, pero en su momento fue clave al decidir junto a un grupo de legisladores peronistas abrirse del Frente para la Victoria y crear el bloque Justicialista. Una bancada originalmente de 17 miembros que tenía a Oscar Romero como presidente y a Bossio como cabeza visible, y que fue junto al Frente Renovador la elegida por las autoridades de Cambiemos para negociar las leyes que necesitaba.

Hoy convertido en una suerte de jefe de campaña de Sergio Massa, no se sabe si el extitular de la ANSeS seguirá en el futuro como legislador, pues es otro de los que concluyen su mandato a fin de año.

Es lo mismo que sucede con Marco Lavagna, el referente económico del massismo en la Cámara baja, y muy reconocido por el oficialismo como uno de aquellos diputados con los que mejor pudieron trabajar en las leyes económicas alumbradas durante la gestión Cambiemos. Para el hijo de Roberto Lavagna, “el Gobierno que asumió en 2015 debió ser de transición. Tenía que asumir con la lógica de que era un Gobierno de transición y que debía hacer acuerdos políticos. Eso no significa cogobernar, sino generar acuerdos políticos sólidos sin la necesidad de tener en el Gobierno ministros que no eran suyos. Si les salía bien, eso podía garantizarles la reelección directa”.

Según Lavagna, “esto mismo es lo que tiene que pasar con el próximo Gobierno. Tiene que entrar con la lógica del ‘me estoy yendo’”, por cuanto “los próximos cuatro años no van a ser fáciles, al contrario: en materia económica van a ser muy complejos. Vamos a estar discutiendo la nueva herencia, que quizá sea auto-heredada -dependiendo del resultado electoral-. Vivimos de herencia en herencia”.

Otra figura clave a la que se le vence su mandato es el salteño Pablo Kosiner, que de todas formas anticipó que renovará su banca para seguir ocupando el rol que en la actualidad ejerce, encabezando el bloque referenciado en los gobernadores.

El Senado

En la previa, Cambiemos tenía en la Cámara alta sus mayores problemas, habida cuenta de la inferioridad numérica que presentaba al iniciarse la gestión de Mauricio Macri. Recordemos que por entonces tenían apenas 15 legisladores sobre 72. Sin embargo no fue donde sufrieron sus principales traspiés, más bien lo contrario.

Allí el oficialismo contó con el papel de un hombre como Federico Pinedo, presidente provisional del Senado. Respetado por propios y extraños, este legislador del Pro fue durante la mayor parte del tiempo el principal interlocutor de la oposición dialoguista, referenciada en Miguel Pichetto, presidente de lo que en principio era el bloque mayoritario de la Cámara.

A Pinedo se le vence el mandato a fin de año y el 22 de junio se develará la incógnita respecto de si es elegido para continuar ejerciendo ese papel clave.

Otro de los oficialistas que concluye su mandato es el presidente del bloque radical, Angel Rozas. El chaqueño era en principio el titular del interbloque, cargo al que renunció molesto por lo que consideraba un “ninguneo” de parte de la Casa Rosada hacia su persona.

Pero la persona realmente clave para el Gobierno y quien seguramente más extrañará en el futuro, en caso de seguir siendo Macri presidente, es sin dudas Miguel Angel Pichetto. El rionegrino que fue presidente del bloque oficialista durante los doce años del kirchnerismo en el poder sabía como nadie las necesidades que un oficialismo tiene a la hora de gobernar y por eso puso a disposición del mismo las herramientas necesarias para hacerlo.

Desde aquel discurso durante el debate sobre el pago a los holdouts en el que dijo haber recuperado “la capacidad de pensar”, Pichetto siempre se caracterizó por expresar sus opiniones concretas, pero fundamentalmente tuvo la decisión de atender la situación que se planteaba con un Gobierno que asumió en una situación “muy excepcional y muy compleja” -tales sus palabras-, como representa hacerlo con minoría en ambas cámaras durante todo su mandato. “Si todo el peronismo hubiera optado por ese camino”, señala Pichetto en referencia a la actitud adoptada por el kirchnerismo frente a Cambiemos, “hubiéramos conformado un Gobierno de bloqueo, una política al borde del sistema”.

Claramente no fue la decisión que adoptó a la hora de desarrollar su tarea, y que dice haberla llevado adelante “por la Patria”. “Me interesa el país”, enfatiza a la hora de justificar el destino de sus decisiones, más allá de los intereses partidarios.

Pichetto, quien es reconocido por varias de las principales figuras del Gobierno como un “imprescindible” en el Senado, no estará en el próximo Congreso. Sin dudas será, por las características de la Cámara alta, el legislador que más extrañará Cambiemos si tiene la chance de seguir un período más rigiendo los destinos del país.